Archive for the ‘Responsabilidad Social’ Category

Google vs. China, lecciones y escenarios

Tuesday, February 16th, 2010

Por Mauricio González Lara

La decisión de Google de abandonar la autocensura y liberar por completo las búsquedas en China podría ser el inicio de una revolución empresarial contra el gigante asiático.

Todas las empresas, en principio, deben de cumplir con dos requisitos básicos: perdurar y respetar la ley, es decir, generar el suficiente dinero para sobrevivir sin cometer ningún delito. No a todas se les puede exigir solamente eso: hay compañías cuya importancia es demasiado alta y resonante como para conformarse con requerimientos mínimos propios de una Pyme o un emprendimiento. Es una cuestión de congruencia histórica: en los siglos XVIII y XIX, el epicentro de los movimientos socioculturales era la iglesia; en el siglo XX, el eje fue el Estado-Nación; en el XXI, para bien o para mal, resulta imposible concebir cualquier cambio significativo sin la corporación: ese gigante omnímodo con presencia en todo el orbe y cuyo rango de influencia no respeta fronteras.

El mundo ya no está dividido territorialmente. Lo lejano es lo cercano y lo próximo es extraño: hoy un adolescente de clase media alta de Bogotá o el Distrito Federal posee más ideas e inquietudes comunes con un muchacho de Nueva York o Barcelona que con personas de su misma edad y nacionalidad, pero de diferente estrato económico. Los valores, como derivación de esta lógica, son cada vez más similares; la exigencia para adoptarlos, cada vez más intensa. Las brechas que dividen a los que tienen de los que no tienen nada se agrandan y los problemas  adquieren carácter de urgencia planetaria. Los desafíos, en sintonía, se asumen gradualmente como responsabilidades generales.

Como tomadores de decisiones, los dirigentes empresariales, así como la comunidad ejecutiva que comandan, poseen el poder y la influencia para activar diversos cambios, sobre todo en áreas como los derechos humanos, estándares laborales y prácticas ambientales. No sorprende, por tanto, que Google, la marca líder de Internet y una  las compañías emblemáticas de” la era del conocimiento”,  cuente desde 2001 con un código de conducta que gire  en torno al eslogan de “no hacer el mal” (el famoso “don’t be evil”).

La idea de “no hacer el mal”, presente en prácticamente todos los rubros de filosofía organizacional de Google, se sustenta en la firme creencia de que una empresa de clase mundial no puede circunscribir su visión a ganar dinero y no cometer delitos. Hay que  ir más allá y fijarse objetivos congruentes con la idea de cambiar positivamente el orbe, amén de las ganancias o la mera expansión económica. De la letra a la praxis, sin embargo, hay una enorme distancia, en especial en los negocios. En 2006, a contracorriente de lo establecido en su código de conducta, Google optó por hacer el mal: a cambio de poder ingresar a un mercado potencial de 1,500 millones de personas,  la compañía aceptó autocensurar la versión china de su buscador y suprimir todos aquellos resultados que le resultaran incómodos al gobierno del gigante asiático (información sobre abusos de derechos humanos, protestas contra la ocupación en Tíbet, imágenes que atentaran contra la moral, etcétera).

En ese entonces, Eric Schmidt, CEO de Google, defendió así lo indefendible:“Concluimos que si bien no estábamos entusiasmados por las restricciones, iba a ser peor no poder servirles de ninguna manera a todos esos potenciales usuarios. Hicimos una escala de males y decidimos que no entrar a China, así fuera de manera restringida, era lo más pernicioso. Optamos por el menor de los males.” 

En los 90, como producto de la caída del muro de Berlín, analistas como Francis Fukuyama especularon con la idea del “fin de la historia”: el capitalismo se había impuesto al comunismo como único modelo viable para el planeta. La opción de “libre mercado”, se nos decía entonces, llevaba implícita la libertad política: la liberalización económica repercutiría, tarde o temprano, en la adopción de la democracia y valores universales. Hoy, China, la gran potencia económica del mundo, demuestra lo equivocados que estaban: el modelo político represor del viejo comunismo chino ha encontrado en el capitalismo un oasis de eternidad. El libre mercado no sólo no ha derivado en mayores libertades en China, sino que ha permitido el endurecimiento y la regeneración autoritaria.

Al aceptar la autocensura, Google, cuyo estandarte es la libertad, legitimó ese modelo autoritario. Hizo el mal, pues.

Cambio de rumbo      

A principios de este año, Google abandonó el camino de la autocensura y anunció su decisión de liberar por completo las búsquedas de su versión china. La razón: sospechas de que el gobierno chino haya operado una serie de ciberataques contra la compañía con el objetivo de acceder a cuentas de correo de activistas de derechos humanos opuestos al régimen.

“Estos ataques, junto con los intentos por aumentar las limitaciones a la libre expresión en la Web, nos han hecho repensar seriamente nuestra política y operaciones en China”, anunció Google en un comunicado de prensa difundido el 12 de enero.  Vista de manera cortoplacista, la decisión de Google representa un potencial revés económico: si el gobierno opta por ejercer las leyes restrictivas que prohíben el libre flujo de información, el  cierre definitivo de las oficinas en China de la compañía fundada por Larry Page y Sergey Brin se antoja como una mera cuestión de tiempo.

Visto con una mente más abierta, por el contrario, es la clase de jugada que podría colocar al líder de Internet como un jugador de peso completo en la historia de este naciente siglo.  No sólo porque demuestra que los códigos de conducta y Responsabilidad Social son algo más que simples armas mercadotécnicas y de relaciones públicas, sino porque sienta un precedente susceptible de ser imitado por otras compañías hartas de ser cómplices del gobierno chino y legitimar su talante autoritario. La hora de alzar la voz contra los excesos en China ha llegado. Ojalá las corporaciones escuchen el llamado.  (F)

+Este artículo fue escrito originalmente para la revista Deep 

++Twitter: twitter.com/mauroforever

¿Salir o no del clóset?, dilema profesional

Wednesday, March 18th, 2009

Por Mauricio González Lara

La división mexicana de Monster.com, uno de los portales líderes en búsqueda de empleo, me solicitó hace unos meses una serie de colaboraciones que abordaran algunos de los puntos más controversiales e interesantes de la cultura organizacional de México. A continuación, reproduzco un texto sobre la homosexualidad y el dilema de ventilarla en la oficina, un tema muy poco abordado en la literatura de RH en nuestro país.

Empecemos con una obviedad: salir del clóset en el ámbito laboral –o sea, declararse abiertamente homosexual ante los colegas de la oficina-, no es una decisión cien por ciento ligada a la esfera de la aceptación individual del propio ser, sino más bien de una disyuntiva consistente entre participar o no en la doble moral que aún predomina en un buen número de empresas de Latinoamérica.

No es una decisión fácil, pero supongo que tampoco implica revivir los temores internos con los que una persona debe lidiar cuando reconoce en su adolescencia que le gustan las personas de su mismo sexo. Si un individuo no se acepta en su adolescencia como homosexual, y decide perpetuar el autoengaño en la edad adulta, pues siempre vivirá inserto en una mentira que va a marcar todos los aspectos de su vida social, por lo que no tiene sentido particularizar el caso al hábitat laboral. Si, en cambio, la persona se ha aceptado como homosexual y adopta un estilo de vida congruente con esa preferencia, entonces el tema de revelar su preferencia sexual en el trabajo adquiere tintes netamente pragmáticos: ¿qué clase de reacciones va a conllevar la revelación ante sus colegas? ¿Puede ser contraproducente para sus ambiciones? ¿Será un obstáculo en su desarrollo profesional?

El asunto es un juego de hipocresías: si una persona homosexual, por discreta que sea, se asume como tal con su familia, amigos y parejas, va a ser muy difícil que algún colega de su empresa no se percate de ello: siempre existe un compañero o compañera en la oficina con la que se comparte información sensible que rara vez queda en secreto; tampoco faltará el desafortunado encuentro azaroso con el chismoso que capta a su colega homosexual con las manos en la masa en el cine o el supermercado. El punto sensible radica en mantener o no las apariencias de lo que la compañía considera moralmente correcto. Así que salir del clóset en la empresa no consiste en sorprender a la oficina con una increíble revelación (¡Godínez es gay!), sino en ratificar sin complejos lo que todos en ella ya sabían, o por lo menos sospechaban.

Bajo este contexto, el principal factor que debe influir en la decisión es el grado de conservadurismo de la empresa para la que se labora, el cual generalmente está asociado con sus esquemas de gobernanza. Es un asunto de sentido común: Si una empresa es vertical y el peso de la toma de decisiones está en manos de una familia tradicional, como es el caso de la aplastante mayoría de los consorcios regiomontanos, pues quizá lo mejor sea mantener un bajo perfil; si, por otro lado, se trata de una empresa donde la movilidad jerárquica se da bajo un esquema más institucionalizado y heterogéneo, es probable que las consecuencias de salir del clóset sean mucho más reducidas.

No sólo hay que preocuparse por los de adentro

El juego de espejos de la interacción social se complica aún más frente a una variable pocas veces considerada, pero en extremo relevante: las actitudes que puedan asumir ante el destape algunos actores periféricos de vital importancia para la empresa, como lo pueden ser clientes, proveedores o aliados. Si un cliente particularmente conservador se entera de que su cuenta es llevada por un homosexual, ¿se corre el riesgo de que la retire?

No se trata de escenarios poco probables. David Carballo, quien fuera hasta hace unos meses director de Grado 7, la división antropológica de la agencia publicitaria JWT, señala que en su experiencia se ha topado con clientes que le han pedido remover a miembros abiertamente homosexuales del manejo de determinadas cuentas, a lo que siempre se ha negado con contundencia. Por otro lado, MTV Latinoamérica también ha enfrentado problemas similares respecto a su programación, ya que algunos de sus anunciantes no desean aparecer junto a contenidos donde se abordan temáticas homosexuales. Mario Cader-Frech, vicepresidente de Responsabilidad Social de MTV Latinoamérica, explica:

“Mientras otros canales se negaban a tocar el tema, nosotros fuimos los primeros en hablar abiertamente sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad, como la discriminación antigay. Estamos conscientes que muchos anunciantes no comulgan con esta filosofía. Por eso, desde nuestros comienzos en Latinoamérica, la difusión de estos programas de conciencia social nunca ha estado condicionada a un patrocinio, lo que nos ha permitido hablar con libertad y desarrollar una personalidad abierta. La audiencia reconoce esto y percibe al canal como algo integro y real.”

Lamentablemente, JWT y MTV, empresas cuya identidad de marca está asociada con un espíritu libertario e iconoclasta, son casos excepcionales. La verdad sea dicha, la mayoría de las compañías no está dispuesta a sacrificar cuentas o ingresos por mantener un espíritu políticamente correcto.

Es una cuestión de Responsabilidad Social

Aunque el hecho de manifestar una homosexualidad sin tapujos siga siendo un acto contraproducente para el desarrollo laboral de varios ejecutivos latinoamericanos, no todo es de color negro. Uno de los ejes en los que descansa la Responsabilidad Social Empresarial es, precisamente, la abolición de prácticas discriminatorias en el empleo y la ocupación.

Conforme la idea de ser socialmente responsable cobra más fuerza, sea por convicción propia, sea por presión de la sociedad, cada vez más empresas asumen en sus esquemas directivos lineamientos trazados por organismos como el Pacto Mundial, de la ONU, donde se establecen recomendaciones abocadas a construir un esquema de respeto y justicia (como crear una política transparente aplicable a toda actividad de la compañía).

A final de cuentas, la globalización no se reduce al libre mercado y el avance tecnológico; aunque a veces tienda a obviarse, también implica el respeto irrestricto al derecho de no ser discriminado por tener una preferencia sexual distinta a la del jefe.(F)

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Una charla con Douglas Anderson, CEO de Carlson Wagonlit Travel

Thursday, March 5th, 2009

Por Mauricio González Lara

Con presencia en más de 150 países, 22,000 empleados alrededor del mundo y un volumen de ventas de 27,800 millones de dólares en 2008, Carlson Wagonlit Travel (CWT) se ha posicionado como la agencia de viajes de negocios líder de Europa, Asia Pacífico y Latinoamérica.

En entrevista, Douglas Anderson, CEO de CWT, nos cuenta los planes de su compañía para el 2009. Una buena noticia: pese a que la imagen de México se ha visto erosionada en el exterior a causa de la violencia generada por el narcotráfico, nuestro país será un activo estratégico para el crecimiento de CWT y la industria del turismo de negocios en los próximos meses.

¿Cuáles son los activos y las desventajas de México como destino de viajes de negocios?

El primer activo es su locación, su proximidad a Estados Unidos. Otros puntos a favor son sus playas, sus precios, que son muy razonables en comparación con otros destinos, y su prestigio: México cuenta con una experiencia probada como destino ejecutivo, tanto por su infraestructura como por su servicio. Uno de los pasivos, por lo menos en estos momentos, es la inseguridad en la frontera norte. Eso debilita la imagen del país. No sólo necesitan resolver el problema de la inseguridad, sino realizar una labor mercadotécnica que le dé la vuelta a la mala prensa que han recibido en el exterior.

¿Les han pedido a sus clientes que reconsideren al país como destino para sus reuniones o convenciones a causa de la violencia?

Hay que dimensionar bien las cosas. Estos problemas de inseguridad de ninguna manera implican que México no sea un buen lugar turístico, sea para negocios o placer. Yo he vacacionado cuatro veces en México y mi experiencia siempre ha sido increíble. En el ámbito de los viajes por negocios, una prueba de que consideramos al país como un excelente destino para convenciones y juntas es que nosotros mismos en Carlson Wagonlit Travel acabamos de realizar nuestra reunión corporativa en la ciudad de México. Probablemente no recomendaría a Ciudad Juárez como el lugar apropiado para una reunión, pero no dudaría en recomendar Monterrey, Guadalajara o incluso alguna playa, si la intención del encuentro es más relajada.

Consideramos que el problema de la inseguridad está focalizado y que ustedes cuentan con muchos atractivos. Prueba de ello es que el 2008 fue un año excepcional para nuestra compañía en el país: la empresa promovió más de 180,000 viajes con un impacto en la economía mexicana de casi 800 millones de pesos (1). De hecho, no sólo es México: Latinoamérica es la región que más rápido está creciendo en el ramo de los viajes de negocios.

¿Cómo garantizar la seguridad de los ejecutivos en destinos peligrosos? ¿Cuentan con planes de emergencia?

No podemos garantizar eso. No contamos con un staff de seguridad, ni damos ese servicio. Somos una agencia de viajes de negocios. Lo que si podemos hacer, sin embargo, es proveer de información pormenorizada a nuestros clientes sobre la locación y las actividades de sus ejecutivos. Si sucede una crisis en, digamos, Bombay, como fue el caso hace unos meses, nosotros podemos decirle a nuestros clientes el hotel y agenda de traslados de sus ejecutivos. Es, en términos generales, un sistema de rastreo que monitorear a los individuos con el fin de generar certeza en torno a su locación. Otro ejemplo: en el avión que acuatizó hace unas semanas sobre el Río Hudson iban varios ejecutivos de nuestras empresas clientes. Este sistema de monitoreo nos permitió dar una información exacta del estado en que se encontraban. También tenemos planes de contingencia; es decir, ante una emergencia o un imponderable grave, contamos con mecanismos colaterales de reservaciones y transporte para asegurar en la medida de lo posible que esos ejecutivos puedan salir del lugar. Repito: no podemos garantizar su seguridad, pero sí les brindamos mayores certezas e información. De eso se encarga nuestro centro de emergencia en Londres, el cual opera las 24 horas, los 365 días del año.

¿Cómo le ha afectado la crisis a CWT? Lo primero que recortan las empresas casi siempre son los viajes.

Antes de esta crisis, la industria de los viajes de negocios en el mundo venía creciendo a un ritmo de seis por ciento anual. La gente estaba viajando más. La crisis comenzó a visualizarse en Estados Unidos en el primer cuarto del 2008, cuando comenzamos a registrar decrementos en las reservaciones. En EU, el mercado se cayó desde el año pasado. En Europa, el mercado de hecho creció durante la primera mitad del 2008, y luego ha experimentado un decrecimiento gradual en los meses subsecuentes. Ante esto, en términos de transacciones globales, estamos un 15 por ciento abajo de lo proyectado en años anteriores. Ahora bien, Latinoamérica está creciendo a un ritmo muy acelerado, y México en especial, fue el país que más creció en términos de ventas. Para enfrentar el problema de esta crisis hay que entender una diferenciación: no es que las compañías no quieran viajar, sino que no quieren gastar. Al principio, obvio, las empresas sobrereaccionan y recortan los viajes. No obstante, ya pasado el shock inicial, la misma realidad las ubica y toman conciencia de que no pueden eliminar los viajes totalmente. Nosotros vemos ahí una oportunidad de negocio única, pues podemos ayudarles a encontrar una fórmula que minimice al máximo todos los gastos innecesarios, a la vez que les oriente con el fin de conseguir mejores precios. Siempre habrá viajes, porque siempre habrá negocios.

¿Hay algún factor cultural que juegue en esto? Por ejemplo, menos de 10 por ciento de los estadounidenses cuenta con pasaporte. ¿Esto significa que los ejecutivos norteamericanos prefieren evitar los viajes si cuentan con la oportunidad de hacerlo?

Nunca me habían hecho esa pregunta. En Europa, por la misma proximidad entre los países es más fácil viajar. En Estados Unidos, en cambio, el país es tan grande, que viajar entre estados puede equivaler a una travesía larga. Eso quizá ha ayudado a que en Estados Unidos sean un poco más renuentes al viaje. Sin embargo, esa actitud está cambiando y la globalización ha empujado a que quieran involucrarse más con el mundo. No lo sé, es interesante. Ya tampoco es una opción: una compañía estadounidense que alcanza un cierto tamaño casi está obligada de facto a globalizarse y buscar mercados más allá de sus fronteras. La renuencia cultural pasa a un segundo o tercer plano. Si quieres crecer, tienes que viajar.

Háblame sobre tus programas de Responsabilidad Social. La industria de los viajes siempre es criticada, no sé si justa o injustamente, por contribuir a un mayor uso de combustibles contaminantes.

Tenemos un programa que le permite calcular a nuestros clientes la “huella de carbono” que dejan sus viajes, para que de esta manera puedan, primero, seleccionar las opciones de gastos menos contaminantes, y dos, resarcir el daño. Esa calculadora está en nuestra website. No es demagogia ni una mera cuestión de imagen, ni para nosotros ni para nuestros clientes. Es más, yo te diría que alrededor de 75 por ciento de nuestros clientes de corporativos multinacionales preguntan por nuestros programas de sustentabilidad. Es un factor en su toma de decisiones.

Imagino que las empresas se orientan por el costo, pero los ejecutivos que de hecho usan los servicios contratados por sus compañías deben evaluarlos más en función de la comodidad del viaje. ¿Están peleados el costo y el confort?

Es una pregunta muy interesante, porque el costo y el confort no forzosamente son antagónicos, pero con frecuencia pueden estar en conflicto. Nuestro objetivo es entender las necesidades y prioridades de negocios del cliente, y a partir de ahí configurar un programa que les permita mantener siempre la certeza de que esas prioridades están siendo atendidas. El programa es lo importante. No concentramos nuestros esfuerzos en la experiencia de una persona en específico, sino en que el programa general sea el que nos solicitó el cliente, que es la empresa. Si el ejecutivo que se encuentra viajando recibe lo que establece el programa, entonces nos damos por bien servidos. Asimismo, si un ejecutivo solicita un servicio que no se encuentra dentro de los parámetros establecidos en el programa, alertamos a nuestro cliente.

Eso no significa que el bajo costo va a ser siempre el parámetro. También contamos con servicios VIP si así lo establece el programa que formulamos junto con el cliente. Algunas compañías, por ejemplo, desean que algunos de sus ejecutivos o su director vuelen en primera clase. No es mi caso, pero hay compañías en que así sucede. Obviamente, uno de los atractivos para contratarnos es la reducción de costos en los viajes. Tenemos una media de 20 por ciento en reducción de esos gastos, aunque con algunos clientes reducimos un porcentaje aún mayor. Eso nos convierte en una opción inteligente en tiempos de crisis. Contamos con una gran capacidad para negociar precios y tarifas bajas. Otra parte muy importante de nuestro negocio es ofrecer información detallada en torno a los viajes contratados por las empresas, para que éstas puedan también evaluar y dar un seguimiento de sus actividades. Este aspecto es de gran utilidad para los corporativos, pues contribuye a la transparencia y una mejor gobernanza.

¿No viajas en primera clase? ¿Un CEO de tu estatura?

No, si es por negocios, siempre viajo en clase turista.

Cuando buscas inspiración, ¿qué película ves?

Salvando al Soldado Ryan.

¿Qué debo leer de esa respuesta? ¿No se deja a nadie atrás en CWT?

¡A nadie! (F)

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1) El director de CWT México es Mauricio Baranda. Su reto para el 2009: consolidar el crecimiento obtenido durante su exitosa gestión en un contexto complejo para la industria. Según datos ofrecidos por CWT, la crisis obligará a alrededor de 300 agencias mexicanas a cerrar sus puertas (esta cifra representa un 10% de las agencias existentes en suelo azteca). No la tiene fácil.

Los monopolios muerden, una charla con Jorge Castañeda

Thursday, January 8th, 2009

Por Mauricio González Lara  

Si tomamos como parangón el pensamiento wildeano de que el tamaño de un hombre se mide en función de las dimensiones de sus enemigos, Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores y uno de los más destacados analistas de Latinoamérica, debe sentirse libre de todo complejo: sin duda es uno de los personajes claves del México contemporáneo.

La inteligencia provocadora de Castañeda es su principal virtud: a diferencia de la medianía especuladora con la que se conduce el grueso de la clase intelectual mexicana, Jorge nunca renuncia a la audacia ni a la propuesta iconoclasta. Su libro más reciente, ¿Y México por qué no? (FCE, 2008), coescrito con Manuel Rodríguez W, no es la excepción: la obra es un ensayo orientado a sacudir la complacencia con la que México ha permitido la concentración excesiva de poder en casi todas las esferas de la vida nacional. Esta es parte de la charla que sostuvimos con él a propósito de la publicación del libro.

La movilidad en México es reducida, sea en el sector empresarial o el político. Los “mexican dreams” son excepcionales.

Por desgracia, eso es bastante cierto. No quiere decir que no haya ejemplos de “mexican dreams” en los ámbitos político, empresarial, intelectual o artístico, pero en términos generales, mi impresión es que México es una sociedad con menos movilidad que otras. No sólo me refiero a los países ricos, sino incluso a naciones como Brasil. Esto no siempre fue así. De hecho, es un fenómeno que se ha venido dando en los últimos 40 años. Antes había más movilidad tanto al interior de las élites como de abajo hacia arriba. Es complicado entrar al mercado en México. Montar una start up es muy difícil. El círculo de los grandes empresarios es muy cerrado; el de los grandes intelectuales está todavía más cerrado, y en ciertos sentidos, la clase política está más cerrada que nunca. En el ámbito político se dio una apertura PAN/ PRD hace 20 años, pero en primer lugar, los del PRD eran del PRI, y los del PAN ya estaban. Esto explica el carácter perenne de algunos políticos como Porfirio Muñoz Ledo, quien ha estado presente 40 años en la arena política. Manuel Camacho es otro ejemplo. Más allá de las personas, lo que importa es que son los mismos. En ese sentido, México es un país un poco congelado.

En el libro abordas la idea de desincorporar a Telmex. Tus argumentos me recordaron a los que daba la administración Clinton cuando intentó desincorporar a Microsoft. Gates le dio la vuelta a eso orientándose a la Responsabilidad Social. Siento que Slim está tomando el mismo camino, sobre todo desde que lo nombraron el hombre más rico del mundo.

Pero Gates se entregó por completo a eso. Le pasó prácticamente toda su fortuna a la fundación que lleva con su esposa Melinda, a la vez que se desentendió del día a día de Microsoft. No estoy diciendo que el ingeniero Slim, que es muy generoso en muchos sentidos, deba hacerlo. Pero eso no lo ha hecho. El que lo hayan nombrado como el hombre más rico del mundo no le hizo ningún bien. Hasta él mismo ha dicho que esa creencia es producto de una fórmula de cálculo equivocada. Y quizá tenga razón. Pero lo cierto es que hay un sentir antimonopólico en el país, quizá más presente en los medios que en la opinión pública amplia. Existe y permea cada vez más. Así sea de manera muy lenta, el reclamo comienza a forjar su propio camino, y ese camino pasa forzosamente por Telmex. Es probable que a estas alturas, como afirma el mismo Slim con sólidos argumentos económicos y técnicos, ya exista más competencia en el sector de telecomunicaciones que en otros rubros. Puede que esté en lo cierto, pero el tema ya es otro: por su naturaleza emblemática, no habría una acción antimonopólica creíble en el país que no incluyera a Telmex.

No quisiera limitarme estrictamente a los monopolios empresariales; tenemos monopolios mediáticos, políticos, sindicales, intelectuales, en fin, la concentración de poder en México es excesiva en todos los sentidos de la palabra. Los hombres que detentan ese poder, como sucede con Slim, empiezan a reaccionar, lo que es bueno. Ahora, a mí lo que me gustaría más es que todas estas dinámicas no se quedaran en un mero asunto de opinión o percepción pública, y que redundaran en el establecimiento de un marco regulatorio más severo, ágil y contundente. Pero bueno, no ha sucedido así.

Para que eso suceda se requiere de un apoyo más visible de la sociedad civil.

Desde luego. Yo le tengo un gran respeto y afecto a Eduardo Pérez Mota, el director de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), pero lo cierto es que su organización carece de constituency, es decir, de base social. La Cofeco podrá hacer muy bien su trabajo dentro de los límites que le fija el marco regulatorio, pero el gran problema es que no existe una sociedad civil que luche por esos temas. Simplemente no está. Y al no estar, pues todo depende de la coyuntura y la habilidad con los personajes involucrados defiendan sus intereses.

En el texto mencionas el incidente de Santiago Creel con Televisa. Si Fox News hubiera borrado la imagen de un legislador estadounidense, al otro día se hubieran suscitado protestas y renuncias forzadas. Aquí, en cambio, las reacciones fueron reducidas.

No pasó totalmente inadvertido porque Reforma lo cachó, tarde, pero lo cachó, y eso motivó a que luego se suscitara un miniescándalo y Televisa invitara a Creel. Ahora, lo cierto es que los vetos a Creel, Javier Corral y hacia mí se mantienen. ¿Por qué? ¡Pues porque sí! Ellos no entienden que no pueden utilizar ese espacio público así. Al contrario, creen que para eso es: para ganar dinero y para dirimir sus pleitos personales. Y en efecto, parece que nadie hace nada.

¿Por miedo?

Yo no creo que sea por miedo. Bueno, los partidos sí tienen miedo de meterse con los empresarios y los medios porque saben que van a necesitarlos. Pero la gente no tiene miedo, lo que pasa es que está desorganizada y no considera pertinentes esos temas. Entonces, si a la concentración excesiva de poder le sumas la desorganización de la sociedad civil, más la ausencia de un adecuado marco regulatorio interno, más la ausencia de un marco regulatorio internacional que se aplique a México satisfactoriamente, con la salvedad de algunos aspectos del TLCAN, pues todo el conjunto produce una gran inmovilidad. Microsoft quizá no fue obligado a la desincorporación en Estados Unidos, pero se creó un marco regulatorio supranacional que frenó la tentación monopólica a propósito del Windows en la Unión Europea. Eso no ha pasado aquí.

La crisis económica podría provocar un descontento generalizado que movilizara a la sociedad. Pienso en los bancos, por ejemplo.

Quizá. El mismo Pérez Mota y Santiago Levy también comparten la opinión de que la crisis económica podría provocar esa catarsis. En el sector bancario podría suceder algo interesante. Hasta ahora, salvo las protestas contra las tasas de interés en las tarjetas de crédito, no ha habido una reacción de la sociedad ante la banca porque no se ha dado un descalabro mayor. En México no hemos visto casos como el de Madoff, Lehman Brothers o Bear Stearns. Espero que no los haya.

Pero la cartera vencida se va a disparar.

Eso sin duda. Y quizá suceda algo en el sector hipotecario. No estoy seguro, pero tengo la impresión de que hay más hipotecas de tasa variable de lo que se quiere aceptar. Y aún sin tasa variable: simplemente la gente que pierda su empleo va a experimentar serias dificultades para mantenerse al día en los pagos de la hipoteca. Hubo mucha gente que tuvo acceso a créditos hipotecarios en los últimos años. Quizá eso genere una reacción contra la banca que promueva una vigilancia más cercana para reducir las tasas de intermediación, o incluso el enorme spread que vemos entre la compra y venta en el tipo de cambio, y que no tiene el menor sentido para el consumidor. Quizá la crisis ayude a que la sociedad se movilice contra la concentración de poder. Aunque podría ser al revés: el PRD y la izquierda son perfectamente capaces de buscar un acomodo con los monopolios al inventar que todo es culpa del neoliberalismo, y como al neoliberalismo se le vence con una revolución que nunca se hace, pues dejar las cosas exactamente como están.

El PRD, con toda su estridencia, jamás propondría una acción antimonopolio contra Telmex.

Jamás. No se atreverían nunca. ¿Para qué? Van a necesitar esa lana para sus próximas campañas.

¿Se trata de rescatar al capitalismo de los capitalistas? ¿De preservar el libre mercado actuando contra los monopolios que lo ahogan?

Creo que casi toda la gente sensata en el mundo parte de la asunción de que, por lo menos en el futuro cercano, va a ser muy difícil que surja una alternativa a la economía de libre mercado y la democracia representativa. Lo preferible entonces es que lo que tenemos funcione lo mejor posible. A lo largo de los últimos 100 años el capitalismo ha mostrado una notable capacidad de reforma y reinvención. El capitalismo ha experimentado varias reestructuraciones de fondo. No sólo ha sido, como ahora se cree, el keynesianismo de la gran depresión y el estado de bienestar, sino que se han dado varios cambios de fondo en distintas etapas y diferentes países. Hoy estamos viendo el principio de una nueva readaptación del capitalismo, y en el caso particular de México, uno de los temas de esa readaptación son los monopolios.

¿Habrá renegociación del TLCAN una vez que asuma Obama?

Si Obama insiste en renegociarlo, la postura más acertada del gobierno sería la de tomar la delantera y promover nuestra agenda: migración, energía, fondos de compensación, la existencia de estructuras supranacionales permanentes. Mi impresión es que Obama puede verse presionado a renegociarlo en función del malestar social, del rescate de la industria automotriz y de los acuerdos que haya realizado con los sindicatos a cambio del apoyo en la campaña. ¿Hasta qué punto llegaría esa renegociación? No lo sé. Incluso todo esto podría diluirse y convertirse en algo similar al agregado que Clinton le hizo al TLCAN en el 93. Lo que sí veo difícil es que no haya nada. El mundo ha cambiado tanto desde el 4 de noviembre, ya ni hablemos desde el inicio de la campaña, que es muy difícil predecir qué va a hacer. Pobre, probablemente él tampoco lo sabe.

¿Y México por qué no? finaliza con una reflexión en torno a cómo la inteligentsia mexicana ha devenido en una especie de comentocracia, donde las acreditaciones intelectuales son más bien cuestionables.

A lo que me refiero es a una ausencia de meritocracia. En México todo mundo opina sobre todo, lo que ha generado un fenómeno muy extraño que no existe en otras partes: el del intelectual sin obra. Personas que no han escrito libros o realizado investigaciones que los acrediten formalmente ocupan espacios importantes de opinión en los medios. Yo no digo que eso sea bueno o malo, simplemente constato que así es. Si tú tomas El Universal, Milenio y Reforma, existe un diferencial de 10 a uno entre la remuneración que perciben los distintos editorialistas. Sin embargo, te reto a que me digas, ateniéndote a un criterio estrictamente visual, quiénes son los más valorados por los periódicos, los que ganan más. A todos se les presenta de la misma forma. ¿Por qué no se refleja su valor visualmente? Porque no hay meritocracia. Es algo muy extraño, porque si bien los periódicos saben las razones por las que les pagan más a unos que otros, la presentación termina siendo plana. Eso es la comentocracia: personas que comparten sin cesar sus opiniones con radioescuchas, televidentes y lectores, pero que rara vez sustentan dichas opiniones en una obra o pericia reconocida merocráticamente. Todas las opiniones terminan valiendo lo mismo. (F)

*El resto de esta charla será publicado en el próximo número de la revista Deep. Las fotos son de Carlos García. Te invito a que conozcas su notable trabajo en GuacamoleProject.com

Bancos, imagen en crisis

Wednesday, December 17th, 2008

Por Mauricio González Lara 

Las encuestas, reza un lugar común, son como los bikinis: muestran casi todo, pero esconden lo más importante.

Hay diversos sondeos que miden el grado de credibilidad  y respeto que guardan las instituciones, tanto públicas como privadas, dentro de la sociedad; asimismo, existen estudios que ponderan el grado de admiración que detenta una marca frente a los consumidores, y bueno, hay infinidad de rankings que miden la importancia de las múltiples compañías que conforman a la comunidad empresarial mexicana. Sin embargo, nunca he visto un estudio público que pondere el grado de empatía (el amor u odio) que el consumidor siente hacia un gremio empresarial  específico, y más aún, que lo muestre en una clasificación comparativa. Sería muy interesante, sobre todo porque así el consumidor contaría con herramientas más concretas para presionar a las cámaras u órganos representativos a repensar el comportamiento de su sector específico, a la vez que las empresas contarían con datos duros sobre los cuales basar sus planes mercadotécnicos. 

Todo esto sale a colación porque, en caso de que alguien realizara esa clase de sondeo en estos momentos, estoy seguro que el sector bancario ocuparía uno de los peores lugares de la lista, sino es que el último. A raíz de que algunos legisladores presentaron en semanas recientes una serie de iniciativas para discutir posibles modificaciones a diversos servicios bancarios -donde se incluyen medidas que van del incremento de restricciones para ofrecer plásticos, hasta una muy controvertida posibilidad de establecer nuevos topes en tasas de interés y pagos mínimos en tarjetas de crédito–, el descontento en torno a los bancos ha adquirido una intensa resonancia en los medios de comunicación. Y no me refiero a Proceso o La Jornada. Van algunos botones muestra:

*A lo largo de estos últimos dos meses, Denise Maerker, la periodista de medios electrónicos más equilibrada del país, le ha dedicado un amplio espacio a los abusos de los bancos. En radio, Maerker compara comisiones, señala a los que cobran más, se maravilla de que nunca alcemos la voz, etcétera; en TV, Denise pasa al aire un reportaje con grabaciones que exponen las crueldades con las que los ejecutivos de cobranza intimidan a los deudores, las cuales van desde el insulto grosero a la pega de carteles fuera de la casa del cliente moroso. Un hecho inédito: por primera vez los bancos son presentados en un reportaje como vándalos verbales y agresores de familias  en el prime time del canal de las estrellas. 

*El periodista de negocios Carlos Mota, quien no precisamente califica como un defensor del progresismo izquierdoso, publica el 20 de noviembre una irónica columna en la que “felicita” a Luis Peña, presidente de HSBC México, por subir las comisiones por revisar el saldo en cajeros de otros bancos. En un país de ignorantes, argumenta Carlos,  ésa es la lógica más redituable. 

*El 8 de diciembre, el magnate Carlos Slim Helú declara su malestar ante las altas tasas que cobra el grueso de la banca mexicana. Toda la prensa se da vuelo en editoriales y columnas con la idea: si lo dijo Slim, debe ser cierto. 

*La segunda semana de diciembre, la revista Eme Equis, que ya había publicado tiempo atrás un reportaje sobre los abusos en la cobranza de las tarjetas, le dedica su reportaje principal a las altísimas tasas que cobran algunos bancos de microcréditos. El más golpeado: Compartamos, de Carlos Danel. 

Y así podríamos nombrar  numerosos ejemplos. Para muchos mexicanos, los bancos son, a falta de un mejor término para describir la intensidad del resentimiento, sinónimo de “ojetez”. Se podría debatir que la percepción dista de ser nueva: amén de que el simple hecho de ser banquero ya lleva consigo el estereotipo social de ser rico y cobrador, lo cierto es que, por lo menos  desde que se revendieron a mediados de la década pasada, los bancos han hecho muy poco por establecer una relación más amable con sus clientes.

No me voy a detener a analizar, como ya se ha hecho hasta la saciedad en otros medios, las tasas o los onerosos costos de comisiones que los bancos mexicanos cargan en comparación con otros países, ni tampoco creo que tenga caso analizar a detalle las propuestas de reforma a los servicios bancarios  (ya habrá tiempo de comentarlas cuando sean retomadas por el Congreso en el primer trimestre del 2009); no obstante, sí considero pertinente comentar la absurda estrategia que el gremio bancario, representado por la Asociación de Bancos de México (ABM), ha desdoblado para mitigar la creciente animadversión de la sociedad. Su manejo de crisis no sólo ha sido pobre y errático, sino que evidencia deficiencias estructurales que bien podrán generarles pérdidas considerables en el futuro mediato. 

Castillo, entrenado pero indolente

En 1960, cuando Richard  Nixon fue derrotado de manera apretada por John F. Kennedy en las elecciones presidenciales de EU, algunos miembros de su círculo interno se quejaban de que la derrota obedecía a que la estrategia había sido ideada por un equipo de relaciones públicas, y no por publicistas o profesionales de la imagen y la  comunicación.  El resultado: los argumentos de Nixon eran correctos, incluso mejores que los de JFK, pero ante la ausencia de una estrategia de imagen que reconociera las inquietudes y el estado anímico de la sociedad (y no sólo se concentrara en evadir los puntos difíciles), simplemente no conectaban con el elector promedio. El carisma de JFK, en cambio, capturaba a la perfección el espíritu de la época.

Esta anécdota viene a mi mente cada vez que veo declarar a Enrique Castillo Sánchez Mejorada, presidente de la ABM. Ejemplo: en una entrevista realizada el pasado 15 de diciembre en el programa Alebrijes: Aguila o Sol, de Televisa, Castillo respondió a algunos cuestionamientos que se le han hecho a la banca mexicana. No lo hizo mal, y de hecho su posición frente a los topes a las tasas de interés fue iluminadora. No obstante, cuando se le presentaron testimonios tomados aleatoriamente de la calle de ciudadanos molestos con los bancos, no sólo no reconoció el enojo, sino que básicamente fijó la postura de que no van a cambiar  (los que deben cambiar, sugirió Castillo, son los ciudadanos, cuyo incumplimiento explica las altas tasas y comisiones). ¿Suena ilógico? No. ¿Parcialmente cierto, incluso? Sí, vaya, ¿quién podría dudar de la mala educación financiera de los mexicanos? Ahora, ¿suena empático y convincente? Desde luego que no.

Quizá en términos de mero entrenamiento de medios, Castillo, el rostro visible de la banca,  salga bien librado de esta clase de entrevistas (a fin de cuentas, como Nixon, fue capacitado para evadir o darle la vuelta a las preguntas difíciles), pero muestra un entendimiento muy pobre respecto a cómo comunicarse con sus clientes, consumidores y sociedad en su conjunto.

Falta responsabilidad social

En estos momentos de crisis, cuando varias empresas están siendo rescatadas por la sociedad (vía intervenciones gubernamentales), se comienza a dibujar un ambiente de mayor exigencia hacia las empresas en materia de responsabilidad social. Esto implica, forzosamente, una comunicación más transparente y cercana con el consumidor y sus inquietudes. No importa si ganan premios por sus programas sociales, poseen fundaciones, donan millones al Teletón o destinan más recursos al programa Bécalos, si los bancos no se ponen las pilas para establecer una nueva clase de relación con su stakeholder principal, sus clientes, no pueden denominarse socialmente responsables.

Peor aún: el 2009 se caracterizará por ser un año electoral donde la cartera vencida experimentará un peligroso incremento.  La consecuencia natural de este coctel será la inclusión del descontento hacia los bancos en la agenda política nacional. ¿No sería una buena idea mercadotécnica establecer una seria y profunda estrategia de imagen que, además de acercar más al gremio con sus consumidores, desactive la posible tentación populista de regular autoritariamente a la banca? (F)

**Por motivo de las fiestas decembrinas, Altaempresa estará de regreso la primera semana de enero. ¡Felicidades! 

Obama y Mouriño: sueño y pesadilla

Wednesday, November 12th, 2008

Por Mauricio González Lara

Hace ya algún tiempo, Esteban Moctezuma, secretario de Gobernación en el sexenio de Ernesto Zedillo y presidente de Fundación Azteca, me exponía en una entrevista su firme creencia de que el avance de una nación estaba atado intrínsecamente a lo que él denominaba como la “reproducción de la ideología”; es decir, a la capacidad de reciclar con frescura e innovación los elementos centrales que componían al proyecto de la sociedad en cuestión. Por ello, argumentaba Moctezuma, el éxito de Estados Unidos obedecía precisamente a la manera en la que reproducía su ideología y generaba consensos internos respecto a ésta. México, por el contrario, no sólo carecía de mecanismos para generar acuerdos en función de una ideología triunfadora, sino que reproducía mensajes que reforzaban la inmovilidad y el pesimismo.

A manera de ejemplo ilustrativo, va una dinámica que siempre me ha llamado la atención: mientras que en las series y películas estadounidenses el trabajo es lo que define y valida al protagonista (sea éste forense, abogado, policía o barman), en el entretenimiento mexicano el comportamiento de los personajes no se dibuja en torno a su profesión (en las telenovelas, de hecho, nunca nadie trabaja), sino a su clase social (uno es rico o pobre, punto), la cual casi siempre está predeterminada desde el nacimiento. En una telenovela mexicana, la única forma en que un pobre puede convertirse en rico es descubriendo que en realidad es la hija o hijo abandonado de una familia rica, o ya en casos excepcionales, ganando la lotería, como le sucede a Huicho Domínguez en “El premio mayor”. El esfuerzo y el trabajo no son valorados, ya que en un país tan desigual como el nuestro, no representan mecanismos de progreso tan eficaces como la transa o la prosapia.

La cultura popular mexicana refleja ese estado de las cosas y, en un círculo vicioso, lo alienta al darlo por hecho en sus narrativas telenoveleras.

Obama, the american dream

¿Quién podría argumentar que el triunfo de Barack Obama no es, por sí solo, una demostración de la capacidad gringa de reinventar y reproducir su ideología? A menos de 50 años de la existencia de estados segregados, el sueño se ha materializado: un negro de clase media es hoy el hombre más poderoso de la Unión Americana.

Obama recibe un país desgastado por los numerosos excesos conservadores cometidos durante ocho años por la administración de George W. Bush, y que incluyen, entre otras joyas, una aguda crisis económica, varios intentos de imponer la teoría creacionista como historia oficial en el sistema educativo público, la irracional ocupación de Iraq y numerosas violaciones a las garantías individuales perpetradas en nombre de la lucha antiterrorista.

El panorama luce desfavorable. Sin embargo, a diferencia de hace unos cuantos meses, el pueblo estadounidense es hoy un pueblo esperanzado; no porque alguna celebridad al estilo de Galilea Montijo o Gloria Trevi se lo indiquen en algún promocional televisivo, sino porque su optimismo parte de una base verificable: la viabilidad de obtener triunfos concretos que supongan una mejor calidad de vida -o sea, la movilidad social-, es posible y se refleja luminosamente en la figura de su actual presidente electo.

Mouriño, the mexican nightmare

El mismo día que Estados Unidos regeneró su esperanza, México reafirmó su pesimismo. El pasado 4 de noviembre, en sincronía con el ascenso de Obama, los medios mexicanos reportaban al anochecer la muerte de Juan Camilo Mouriño, así como las de otras ocho personas que lo acompañaban, incluido José Luis Santiago Vasconcelos, extitular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

La avioneta donde viajaba el secretario de Gobernación se desplomó en la zona de Periférico y Montes Urales, provocando caos y desconcierto en la ya de por sí conflictiva capital mexicana. Además de ser una tragedia que ha cimbrado a la nación, la muerte de Mouriño se ha prestado a múltiples conjeturas, las cuales se pueden resumir en dos hipótesis: ¿accidente o atentado?

No sé cuál vaya a ser el saldo de las investigaciones encabezadas por Luís Téllez, Secretario de Comunicaciones de súbito transformado en Sherlock Holmes. Tampoco creo que en verdad importe, pues la psique colectiva mexicana ya emitió su veredicto: atentado. Porque parece mentira, nos dice el novelista Daniel Sada, la verdad nunca se sabe. ¿Qué mejor acreditación para tal pensamiento que un siniestro como el de Mouriño (quien como secretario de Gobernación era el responsable simbólico de la lucha contra el crimen organizado)? ¿Quién podría creer, bajo esas circunstancias, que su muerte fue un mero accidente, más allá de que haya sido así? ¿Acaso el narcotráfico no puede disponer de quien sea en el momento que sea, incluido el secretario de Gobernación?

Repito: no se trata de afirmar o negar hipótesis, sino de señalar lo que piensa la población, lo que no necesariamente significa que el vox populi esté o no en lo correcto. Ahora bien, es menester decirlo: el principal responsable en reproducir la noción de que la muerte de Mouriño es consecuencia de un atentado ha sido el mismo Felipe Calderón, quien además de rendirle a su amigo funerales de Estado propios de un mártir de la patria, ha desdoblado un duelo agresivo y reivindicatorio que se antojaría totalmente fuera de lugar si el Presidente estuviera genuinamente convencido de la hipótesis del accidente. El ritual mismo manda el mensaje de que fue un atentado. ¿O es que acaso el perfil jurídico del nuevo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, no opera como una reafirmación de que, pese a las bajas, la guerra sigue?

En otro contexto, la vida de Juan Camilo Mouriño sería considerada como un encomiable caso de éxito: pese a poder haberse dedicado a una labor empresarial mucho más redituable que el servicio público, “Iván”, como lo apodaba cariñosamente su familia, decidió abandonarlo todo en pos de un sueño: llevar a Felipe Calderón a la presidencia y, ya como secretario de Gobernación, servir a su patria. En el contexto mexicano, empero, su muerte, por más que se quiera pretender lo contrario, se da bajo una lógica distinta. Cuestionado desde diversos frentes por su pobre interlocución política y supuestos conflictos de interés entre su función pública y las empresas de su familia, Mouriño distaba de ser un Secretario de Gobernación popular. Es más, durante los días que precedieron su muerte, varios columnistas especulaban con intensidad sobre su futuro reemplazo.

¿Qué es verdad y qué es mentira? De nueva cuenta, no importa: el mensaje que se da en los hechos, la ideología que se propaga, es que el servicio público es sinónimo de sospecha y ruindad; que las tragedias, cuando no quedan impunes, se transforman en “accidentes” que no son creíbles para nadie, ni siquiera para el presidente; que servir a México sale muy caro, y que los costos finales para aquellos valientes que quieran cambiar las cosas son la ignominia, el descrédito y la muerte. Esa es la verdadera tragedia detrás del deceso de Juan Camilo.

México, no cabe duda, está urgido de victorias. Ojalá las encuentre pronto; mientras tanto, no queda otra opción más que envidiar a los gringos. (F)

Futuras entregas:

*Los Intocables: una charla con Jorge Zepeda Patterson, periodista y director editorial entrante de El Universal

*Entretenimiento y crisis, una charla con Mark Shapiro, CEO de Six Flags

*El turismo del futuro

*Conferencias y promoción de RSE

Octubre delirante

Thursday, October 23rd, 2008

Por Mauricio González Lara

Calificar a este mes de octubre como “negro” o “difícil” resulta insuficiente, por no decir ridículo, ante el delirio con el que se ha desdoblado la crisis financiera en los mercados mundiales. Intentar un retrato del vértigo de octubre con una entrega convencional sería un error. Por ello, van una serie de apuntes estrictamente personales y muy prejuiciados sobre este octubre que acaba.

1. Como “marketinero” y fiel convencido de que la vida organizacional privada siempre va a ofrecer mayores posibilidades de crecimiento, innovación y expresión personal que el ámbito público controlado por las diversas estancias gubernamentales que conforman al Estado, soy un creyente en el capitalismo y el libre mercado. En verdad lo soy. Sin embargo, la crisis por la que atraviesa el planeta a causa de un complejísimo desastre especulatorio iniciado por grandes actores hipotecarios y financieros que, sin escrúpulos ni supervisión, jugaron con deudas basura, me lleva a repensar que quizá mi entendimiento de esos conceptos no está en sintonía con el de la “crema y nata” de los tomadores de decisiones de México y el mundo.

Me explico. A mediados de la década pasada, tras la debacle del “error de diciembre” de 1994 que redundó en la virtual quiebra de la banca mexicana y su posterior rescate por parte del gobierno, recuerdo que, palabras más, palabras menos, las entrevistas que los ejecutivos bancarios y funcionarios públicos sostenían con algunos periodistas relativamente escépticos como yo consistían en intercambios como el siguiente:

- Bueno, poner aquí el nombre del funcionario o ejecutivo en cuestión, queda claro que esta crisis no se fabricó sola. Muchos banqueros metieron deuda basura en la cartera vencida y ahora esperan que se les pague con el dinero de los contribuyentes. El reclamo es que se debe de definir quiénes son los responsables y actuar en consecuencia.

- No Mauricio. ¡Lo que importa ahora es salvar a la banca! Buscar culpables en estos momentos no ayuda a nadie. Lo que está en juego es rescatar el patrimonio del profesionista o la maestra que puede perderlo todo si no actuamos de inmediato.

- Entiendo, ¡pero debe de haber responsables!.

- Claro, claro. Una vez que hayamos efectuado el rescate, se les castigará con todo el peso de la ley. De eso los mexicanos pueden estar seguros.

Tras un par de años en el que por órdenes de nuestro surrealista Congreso se realizó un sinfín de auditorías (en las que se encuentra de todo, a la vez que no se encuentra nada) y el rescate concentrado en el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) sumaba alrededor de 100,000 millones de dólares, me vuelvo a encontrar a los mismos funcionarios y ejecutivos (muchos de ellos siguen trabajando en el sector, pese a que la banca hoy es mayoritariamente extranjera). Les insisto.

- Ahora sí habría que deslindar responsabilidades.

- ¿Para qué? La venganza no tiene sentido. La ley del ojo por ojo al final deja a todo mundo ciego. Lo importante ahora es cicatrizar heridas y mirar para adelante. El país así lo demanda.

- Por lo menos habría que introducir un marco regulatorio que impidiera que esto vuelva a ocurrir.

- Mira, lo que sucede es que es muy complicado explicarle esto a gente común y corriente como tú, pero créeme que un Estado regulador sólo entorpece al libre mercado y es un obstáculo para el desarrollo. El Estado debe abstenerse de intervenir en la economía y dejar que sea la libre competencia la que establezca quién progresa y quién no.

- ¡Pero si el Estado acaba de rescatarlos con más de 100,000 millones de dólares!

- No Mauricio. Ay, no entiendes. Eso era para salvar los ahorros de la clase media. Muchos banqueros perdieron hasta la camiseta.

- ¿Quiénes?

- Muchos.

- ¿Pero quiénes?

- Varios, varios.

2. No puedo dejar de pensar que las justificaciones que le he escuchado a la miríada de analistas financieros que apoyan el programa de George W. Bush son casi una copia calca de lo que los argumentos que los “dogmáticos del Fobaproa” esbozaban para defender las acciones del equipo económico de Ernesto Zedillo. El equipo de Zedillo tuvo la razón en salvar a la banca en ese entonces, así como las autoridades de Estados Unidos y el mundo la tienen ahora al salir a respaldar a sus instituciones bancarias ante la posibilidad de una quiebra masiva. Sin embargo, al igual que sucedió con México en el sexenio zedillista, no veo ninguna clase de intento por parte de las autoridades estadounidenses por delinear responsabilidades. Al contrario. Basta ver el cinismo con el que algunos actores mayores de esta crisis se pavonean en público para entender la magnitud de la impunidad.

Ejemplo: según reportes de la cadena televisiva ABC, a menos de una semana de haber sido intervenida por el gobierno norteamericano con una inyección de 75,000 millones de dólares, AIG, o mejor dicho, los directivos de AIG se fueron a celebrar al exclusivo Saint Regis Resort, en California, donde gastaron 200,000 dólares en cuartos, 150,000 en comidas y 23,000 en gastos de spa. La cuenta, que terminó sumando 400,000 dólares, fue cargada a la empresa como gastos en viáticos. Asimismo, varios analistas argumentan que hay elementos sólidos que apuntan a que Martin Sullivan, otrora CEO de la empresa, modificó el esquema de bonos para asegurarse que todos los altos ejecutivos recibieran sus “premios” antes del inminente desastre.

3. Una de las consecuencias más dramáticas de este terremoto bursátil es la celeridad con la que se cambian las percepciones en torno a ciertos personajes claves. Botón de muestra: Alan Greenspan. Hasta hace un par de meses, el expresidente de la Reserva Federal de la Unión Americana era considerado un virtual Dios en el ámbito financiero: un visionario responsable cuyos pronósticos eran tan inmaculados como supuestamente lo eran las medidas que asumió durante su gestión en el servicio público.

Hoy, empero, se le acusa de ser uno de los responsables de la crisis. El argumento: su negativa a subir las tasas de interés durante laprimera mitad de la década -y por ende asumir un ciclo natural de decrecimiento económico en su país- ocasionó que la burbuja financiera creciera desmesuradamente. En este sentido, desde mi analfabetismo económico, carezco de datos duros que me permitan sumarme al coro técnico de detractores de Greenspan. No obstante, en términos de cosmovisión ideológica, no me cabe duda que el convencimiento friedmaniano de Greenspan de que el liberalismo sin supervisión y a ultranza es el mejor camino fue uno de los factores que permitieron la gestación de esta crisis.

Ver ahora a un confundido Greenspan declarar su falta de comprensión y “atónita sorpresa” ante la crisis actual rebasa lo meramente anecdótico; es, sin temor a exagerar, el fin de toda una era en la economía mundial, donde la arrogancia intelectual y el despotismo ilustrado de los gurús financieros brillaban sin objeción alguna.

4. Una nueva dinámica de esta crisis es que, a diferencia de las crisis de 1982 y finales de 1994, los mexicanos no contamos con un villano nacional a quien linchar, por lo menos moralmente. Es una crisis importada. Se podrá cuestionar, claro, si las autoridades han actuado con la celeridad necesaria, o si se han comportado a la altura de las circunstancias. De igual forma, falta ver si las medidas anticíclicas son lo suficientemente efectivas para estimular la cadena productiva y evitar la natural perdida de empleos que supondrá la contracción en el crédito y el consumo.

Al tiempo, pero por lo menos hasta ahora, gozan de un voto de confianza que no tenían otras autoridades en el pasado.

 

5. Se podría argumentar que hubo una intentona por parte del gobierno de fabricar culpables: las declaraciones de Carstens y Guillermo Ortiz, presidente del Banco de México, en el sentido de que “tres o cuatro” empresas habían desestabilizado al peso a causa de movimientos especulatorios y deudas en derivados que no habían sido reportadas adecuadamente ni a los inversionistas ni a las autoridades.

Vamos por partes. No hay nada de malo en especular: esa es la naturaleza del juego en el capitalismo, e incluso una muestra de libertad. Lo que sí es socialmente irresponsable es que una empresa pública no avise a los inversionistas (y hasta a los stakeholders) de estos juegos, sobre todo los realizados con derivados, vía las instituciones correspondientes. No sé si ése sea el caso con estas compañías. Lo que sí sé es que, por lo menos en el caso de Comercial Mexicana, la única que ha sido señalada abiertamente (aunque también se habla de Vitro y de la otrora imbatible Cemex), el manejo de crisis, así como su política de comunicación frente a la sociedad, han sido un desastre.

Lejos de que salgan a informar detalladamente a la opinión pública su situación, los directivos de “La Comer”, fundada y controlada por la familia González desde 1930, han optado por esconderse y no dar la cara, como si realmente tuvieran algo que esconder. Es lamentable que una empresa que ostenta una marca tan querida en el imaginario mexicano se declare en concurso mercantil, pero todavía más triste es la indolencia solipsista con la que operan muchos conglomerados familiares en el país.

Espero que una de las consecuencias de esta crisis sea el fortalecimiento del stakeholder o parte interesada, y que de este fortalecimiento se desprenda una mayor presión de transparencia y “compliance” hacia las empresas. No veo que pueda ser diferente: ¿o cómo va a negarse una compañía a transparentar sus procesos y estructuras cuando el gobierno, con el dinero de todos, compre y/o avale parte de su deuda para darle liquidez, tal y como ya está sucediendo en varias partes del mundo?

6. Las consecuencias globales de la recesión estadounidense empujarán al planeta a repensar si el modelo de “la mano invisible” es viable frente a una realidad donde las pérdidas se socializan y las ganancias se concentran en manos de unos cuantos operadores. La aldea global debe aspirar a un capitalismo democrático donde todos puedan competir lealmente y el modelo sea ciego a intereses corruptos e ilegítimos. Eso es lo que yo entiendo por capitalismo: un sistema donde el Estado regula a favor de una palmaria libertad económica, y no uno donde sólo interviene para asumir las pérdidas de unos ladrones a los que nunca se les llama a rendir cuentas.

Ojalá que la gravedad de la crisis empuje de manera inevitable a un punto de inflexión; ojalá que el nuevo inquilino de la Casa Blanca comprenda este momento histórico; ojalá que los días de “la mano invisible” y el “fin de la historia” sean tan sólo un mal recuerdo y no un deja vu cíclico materializado en cinismo, recesión y pobreza. Ojalá, porque el capitalismo es algo demasiado valioso como para dejar su futuro en manos de los capitalistas. (F)

RSE en Líderes Mexicanos y Proyecto 40

Monday, September 22nd, 2008

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En esta tercera entrega de la bitácora promocional de mi libro Responsabilidad Social Empresarial, reproducimos la entrevista que sostuve con la revista y el programa Líderes Mexicanos, la cual fue transmitida el pasado 6 de septiembre en Proyecto 40.

 

De superfilántropos, RSE y Peter Drucker

Friday, August 29th, 2008

Esta es la segunda parte de la bitácora promocional de mi libro Responsabilidad Social Empresarial, la cual intenta enriquecer lo ya escrito ahí a través de reflexiones en torno a los cuestionamientos formulados por comunicadores y líderes de opinión  a lo largo de la extensa campaña de prensa que le hemos hecho desde junio a la publicación (¡y en la que todavía estamos insertos!).

En esta entrega, la cual cubre el periodo comprendido entre el 20 de junio y el 30 de julio, se abordan tópicos como la verdadera motivación de los llamados superfilántropos, la posibilidad  de manipular los conceptos de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) con el fin de ejercer una competencia desleal  y algunos controversiales puntos de vista del legendario Peter Drucker.

20 de junio

Alonso Castellot me invita a su espacio radiofónico dentro de la barra empresarial  de Radio Red, el cual se transmite de lunes a viernes a las 21 horas. Todos los viernes el programa se reserva para cuestiones de Responsabilidad Social Empresarial. Alonso, junto con Klaus Gérman, director de ACCSE,  analiza con diversos invitados los esfuerzos de RSE que están marcando las pautas a seguir en México. Me toca compartir durante una hora el micrófono con Carlos de la Cruz, director de Chateu Camou, y Guadalupe Latapí, directora de Aires del Campo.

Es una charla amena y agradable en la que desgloso los conceptos básicos del libro, a la vez que los otros invitados exponen las prácticas de RSE de sus respectivas empresas. Por cierto, ¿sabían que el Zinfandel, de los viñedos Chateu Camou, es un vino exclusivamente diseñado para acompañar la comida mexicana, sobre todo el mole poblano? Yo no.

Para descargar la charla, dar click “aquí”.  

21 de junio.

Víctor Manuel Torres, periodista de Excélsior, reseña el libro en la sección de Lecturas Recomendadas del diario. Torres apunta: 

Una de las virtudes de este libro-guía es que ofrece, de manera práctica y sin los artilugios de un manual de superación empresarial, una explicación detallada que le servirá al lector para comprender este fenómeno que —se nos asegura desde la portada misma— “está revolucionando las empresas de Latinoamérica y el mundo”.

Agradezco el comentario. Uno de los objetivos estilísticos primordiales que me plantee fue el de ubicar al libro en las antípodas del tono de superación barata que caracteriza a buena parte de la literatura de management. Me deprime recorrer la sección de libros de Sanborn’s y ver decenas de títulos con las palabras “éxito” y “millonario” en sus portadas. Por cada buen título de negocios hay cientos de libros basura de escritores que están más cerca de ser predicadores “new age” que analistas que en verdad se tomen en serio el  trabajo de investigación.

Lo peor es que muchos de estos escritores “new age”  son bestsellers mundiales y cobran millonadas en congresos de poca monta. La globalización del mal gusto aspiracional, supongo.

Para leer la reseña completa de Torres, dar click “aquí”.

25 de junio

Alberto Barranco, uno de los periodistas de negocios más reconocidos que ha dado el país y columnista de El Universal, me invita a su programa de radio en La 69. Barranco, quien ha leído concienzudamente el libro,  le da el espaldarazo al esfuerzo y me formula las preguntas de rigor. Barranco, quien además es un profundo conocedor de la ciudad de México, era catedrático de mi universidad. ¡Gracias maestro! 

30 de junio

Eduardo Torreblanca, columnista de El Financiero, me entrevista en Universo Pyme, programa radiofónico que se transmite por Radio 13 de lunes a viernes a las 20 horas. Torreblanca se cuestiona si filántropos como Bill Gates son genuinos en sus intenciones, o si en realidad detrás de tanta publicidad se esconden motivos menos nobles como la exención fiscal. También se pregunta si una Pyme, enfrascada en una lucha contante por sobrevivir, cuenta con el tiempo y la energía para preocuparse por ser socialmente responsable.

No me cabe duda que detrás del grueso de varios esfuerzos empresariales de filantropía se esconden motivos que poco o nada tiene que ver con la conciencia social, como la  conveniencia fiscal o el acaparamiento de los reflectores mediáticos. Por eso es que, como he escrito de manera reiterada en diversos espacios, la RSE no puede circunscribirse al mero acto filantrópico. Mantener esa  concepción es un error, y si el libro logra contribuir en algo a elevar el debate gerencial, espero que sea precisamente en ayudar a separar los conceptos de filantropía y caridad de la obligación de ser socialmente responsable.

En lo que respecta a Gates, me parece que sus intenciones se originan en la natural necesidad de dejar un legado que vaya más allá delo económico. Como ya he manifestado en este espacio, es una iniciativa digna de todos los encomios. Ojalá todos los empresarios fueran así. 

La respuesta a la segunda pregunta de Eduardo está ligada a la reflexión anterior. Una Pyme puede ser socialmente responsable sin desembolsar un solo peso en acciones filantrópicas si cumple satisfactoriamente con los cuatro pilares básicos: desarrollo de los miembros que conforman la organización, vinculación armónica con los intereses de la comunidad, sustentabilidad ambiental y una correcta y ética gobernanza en la toma de decisiones. ¿El primer paso? Pagar sus impuestos. Si tan sólo las Pymes cumplieran con este requerimiento tan básico , ya se estaría dando un enorme paso en la dirección correcta.

Menos filantropía y más responsabilidad cívica, por favor.  

Para descargar el segmento de la entrevista con Torreblanca donde se abordan las verdaderas motivaciones de los filántropos, haga click “aquí”.

Para descargar el segmento sobre las Pymes y la RSE, dar click “aquí”.  

15 de julio

Llega a mis manos La compañía de los libros, la celebrada revista literaria de Gandhi. Helena Selbor escribe una muy favorable reseña de dos planas de mi libro. El espacio es importantísimo: ¿qué mejor target que la comunidad de clientes de la cadena de librerías más notoria de México? En el artículo, Selbor, quien se tomó el tiempo de estudiar mi biografía,  rescata algunas ideas de Peter Drucker, el llamado padre del management moderno, en torno a la RSE. Drucker, como nos recuerda Selbor, sostenía lo siguiente:

Una empresa que no muestra una utilidad que sea siquiera igual a su costo de capital es irresponsable porque desperdicia los recursos de la sociedad. El buen desempeño económico es la base sin la cual la empresa no puede cumplir con ninguna otra responsabilidad; no puede ser una buena empleadora, una buena ciudadana, una buena vecina. Pero el desempeño económico ya no es la única responsabilidad de una empresa, así como el desempeño educativo no es la única responsabilidad de una escuela o la atención a la salud la única de un hospital.

A riesgo de que varios me acusen de blasfemo, debo manifestar que Drucker, por lo menos en lo que se refiere a RSE, no siempre fue tan afortunado en sus declaraciones. Botón de muestra: en una entrevista realizada para el documental The Corporation, llegó a argumentar que todo gerente que pensara en ser socialmente responsable debería de ser despedido, pues seguramente tal postura era un indicador de que no estaba concentrado al 100 por ciento en cumplimentar los objetivos económicos de la empresa. Mi impresión es que, pese a todo el humanismo desplegado en su obra, Drucker ya no alcanzó a atisbar la intensa interdependencia que la empresa ha alcanzado con sus grupos de interés o stakeholders en años recientes.

En el fondo, Drucker, fallecido en 2005, pensaba, al igual que Milton Friedman, que el simple cumplimiento de las expectativas económicas generaría un círculo virtuoso de riqueza que se expandiría por todo el tejido social. La postura quizá era válida hace un par de décadas; hoy ya es prácticamente insostenible.

Para descargar en PDF la revista La compañía de los libros, dar click “aquí”

30 de julio.

Asisto al  noticiario matutino de Radio Red conducido por Guadalupe Juárez y Sergio Sarmiento. Siempre me ha llamado la atención la manera en que el afable y tranquilo Sarmiento divide opiniones, las cuales quizá se dan más en función del papel rector que ha desempeñado en los noticiarios de TV Azteca que por sus casi siempre equilibrados artículos editoriales en Reforma.

Simpatías y animadversiones aparte, nadie puede negar que Sarmiento es uno de los líderes de opinión más ilustrados de México. Sarmiento me pregunta si la RSE puede ser utilizada de manera tendenciosa para competir deslealmente contra una empresa, como por ejemplo fue el caso de la controversia sobre las supuestas violaciones ambientales de compañías mexicanas en la pesca del atún, a las cuales se les acusaba de usar redes que también sacrificaban a los delfines y otras especies en peligro de extinción.

Es una observación interesante, puesto que se relaciona con lo que a mi juicio debería ser un tema obligado en la comunidad de RSE: ¿cómo se puede determinar, sin ninguna clase de sesgo, el grado de responsabilidad social de una empresa? No sólo es una cuestión de establecer  los indicadores correctos, sino de contar con instituciones creíbles que en verdad estén comprometidas con el bien común, y no con prácticas cosméticas que le sirvan a las compañías como meros pretextos para realizar despliegues publicitarios y mercadotécnicos. De entrada existen dos programas que están más allá de cualquier suspicacia y a los que cualquier empresa interesada puede acercarse de manera muy sencilla y sin mayor costo: el Pacto Mundial y la Global Reporting Initiative.

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Próximas entregas:

*Cómo diseñar ideas pegajosas

*El marketing de RBD

*Los dueños del cuarto poder

*Promocionando Responsabilidad Social Empresarial / parte 3   

El caso Martí y el descontento empresarial

Sunday, August 10th, 2008

Por Mauricio González Lara 

Arranquemos con lo obvio: pocos casos criminales han conmocionado tanto a la opinión pública como el reciente secuestro y asesinato del adolescente de 14 años Fernando Martí.

¿Qué es lo que diferencia al caso?  Tristemente,  no es su crueldad (tanto en el DF como en el norte del país se han registrado casos aún más violentos), ni  tampoco sus detalles  grotescamente pintorescos (La banda de la flor, supuesta perpetradora del crimen aún está lejos de la teatralidad del “mochaorejas” Arizmendi ), o su modus operandi (es lugar común que los secuestradores se hagan pasar como policías, comofue en este delito). No, su significancia radica en  el alto perfil del padre del secuestrado: Alejandro Martí.  

Alejandro Martí, líder de Grupo Martí, conglomerado innovador en materia de marketing deportivo que incluye las tiendas Martí y los exitosos gimnasios Sport City, acababa de ceder la propiedad  y control de su empresa a la familia Harp, quienes se calcula le han inyectado alrededor de 600 millones de dólares de capital al proyecto (570 millones por la compra, y otros 30 millones adicionales). A fines del año se especuló que en realidad había sido una toma hostil por parte de los Harp, lo cual fue desmentido públicamente por  el mismo Martí en diversos medios: “no es una oferta hostil, es una oferta generosa y pública que nos permitirá crecer aceleradamente.”

Hostil o no, lo cierto es que la compra ocupó las primeras planas financieras y ratificó a Alejandro Martí como uno de los empresarios más importantes de México. Esa fama, aunada a la ubicuidad de la publicidad de los Sport City, seguramente atrajo la atención de los secuestradores.

Visto en términos pragmáticos, los empresarios más redituables para los secuestradores son aquellas personas poseedoras de un amplio flujo de efectivo, pero cuya fortuna  no los haga tan notables como para contar con redes de influencias capaces de aplastarlos. Es decir, hombres de negocios que no puedan generar una presión tal en la opinión pública y en los corredores políticos que obligue al gobierno a perseguir el caso hasta sus últimas consecuencias.  Alejandro Martí  no responde a esta descripción; por el contrario, es un hombre de influencia y con contacto directo con los principales actores de las esferas empresariales, políticas y mediáticas del país. Es por esto que la tragedia de su hijo no puede ser leída como un secuestro más; es, en sí mismo, algo que escapa a un mero acto criminal. No importa en verdad si existía o no  por parte de los criminales una intención ulterior que rebasara la sola ganancia económica, el alto empresariado mexicano, así  como otros grupos vinculados al proceso de toma de decisiones del país,  lo interpreta como un mensaje aterradoramente directo: si le pasó al hijo de  Alejandro, le puede suceder al hijo de cualquiera.  

Miedo y desestabilización

No es, desde luego, la primera vez que se opera contra un personaje de estas características. En los 90, por nombrar los ejemplos más conspicuos, se registraron los  secuestros de Angel Losada, Joaquín Vargas, e irónicamente, el del mismo Afredo Harp Helú; todos actos que estuvieron conectados  a grupos que poseían rasgos que escapaban  al del secuestrador común (como el Ejército Popular Revolucionario, por ejemplo)  y que contribuyeron en buena medida a la desestabilización sociopolítica que culminó en la crisis económica de 1995. Los secuestros de Losada y Harp, por ejemplo, intensificaron la fuga de capitales en  el atribulado 1994, año en que la lucha por el poder alcanzó tintes sangrientos con los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu.  

El asesinato de Fernando también se da en un escenario complejo para el país: encono político a causa del debate en torno a las reformas estructurales y la herida no cerrada de las elecciones del 2006; agudización de la incertidumbre económica ante la crisis alimentaria mundial y el errático comportamiento de los precios del petróleo;  inmovilidad de la planta productiva mexicana; repuntes en la inflación y el desempleo y, sobre todo, una abierta lucha en contra del narcotráfico que ha generado una ola de violencia y muerte sin precedente en el país.         

Si definimos a la desestabilización como el proceso sistemático de acciones violentas e intimidatorias por parte de grupos externos al sistema con el fin de vulnerar el orden institucionalmente constituido, se puede deducir, a manera de hipótesis de trabajo, que la tragedia Martí es palmariamente desestabilizadora: además de ser una muestra de poder de facto de la impunidad del crimen organizado, crea un clima de miedo que puede ser usado para presionar al gobierno de Felipe Calderón. A río revuelto, ganancia de pescadores.

Esta muerte  oscurece más la relación entre Calderón y el empresariado, la cual ha estado marcada por varios desencuentros: los cuestionamientos a la  reforma fiscal (con el famoso IETU y la intentona de eliminar la deducibilidad de las donaciones filantrópicas),  las desavenencias con los conglomerados de medios de comunicación electrónicos a causa de la reforma electoral, el resentimiento ante ciertos señalamientos de Calderón en el sentido de que algunos empresarios no han estado a la altura del liderazgo que requiere el país, y ahora  la percepción de que el secuestro de Fernando es un efecto colateral de la fallida guerra del gobierno contra el narco (una hipótesis manejada por varios analistas es que, como consecuencia  del desmembramiento de los cárteles de la droga, varios de sus miembros se han volcado a la industria del secuestro de alta esferas).

El descontento ya se expresa en voz alta: es el comentario  de rigor off the record en entrevistas  y  tema de reuniones formales e informales entre los pesos completos  del empresariado mexicano, quienes sienten que Calderón no los ha apoyado como se debe y que su combate al crimen organizado ha redundado en un ambiente de inseguridad que desalienta la inversión. Muchos de  estos personajes, quienes parafraseando al periodista  Jorge Zepeda Patterson son los verdaderos amos de México, no piensan quedarse con los brazos cruzados.

Conclusión

Hace dos años, el periodista Charles Siebert relataba en un notable reportaje publicado en The New York Times cómo una tranquila comunidad de elefantes en Uganda, Africa,  se había convertido en una manada asesina y delirante que atacaba aldeanos, se mataba entre sí, violaba rinocerontes y desdoblaba un comportamiento en extremo violento y demencial. 

¿Qué les sucedió a  los elefantes? El reportaje concluía que frente a la depredación ambiental y el aumento de cazadores, los elefantes alcanzaron un punto de estrés en el que, simple y llanamente,  enloquecieron. Incapaces de identificar el origen de  la violencia límite a la que habían sido sometidos de manera sistemática durante varios años, los elefantes explotaron con intensidad contra todo lo que les rodeaba, errática e indiscriminadamente. Al final, sumidos en la total confusión, los elefantes terminaron por matarse entre ellos mismos.

El secuestro y muerte de Fernando Martí marca un punto de inflexión. Bajo el contexto de la descomposición social que vive el país, no resulta sorprendente que muchos grupos de poder factuales, incluido desde luego el empresarial, comiencen a asumir un mayor protagonismo en el escaparate público; sea para  presionar legítimamente a las autoridades, como el  caso de la emotiva carta publicada por Harp Helú, para sacar provecho político o reafirmar sus tendencias más retrogradas, como el lamentable caso de quienes pretenden reducir el drama humano del secuestro a una estéril discusión sobre la pena de muerte.

El activismo del empresariado mexicano  debe apuntar a la demanda de reformar profundamente un sistema de justicia cuya actual inoperancia  los convierte hoy  en virtuales blancos móviles de la delincuencia; debe de exigir, también, un reporte de resultados detallado y preciso, sustentado en datos duros y estadísticas, y no en las imágenes cursis y patrioteras que caracterizan al discurso de varios funcionarios calderonistas, quienes nos piden creer que  “vamos ganando la guerra contra el hampa” de la misma forma en que un adulto le pide a un niño en que crea en la existencia de Santa Claus. Sin embargo, la comunidad empresarial  debe ejercer esta presión de manera racional, sin arrebatos reaccionarios, excesos ególatras o enconos que dejen solo y vulnerado  al gobierno en su obligada lucha contra la delincuencia. De lo contrario, el México de los próximos meses bien podría asemejarse a esa comunidad de elefantes en Uganda, cuyos integrantes, lejos de atacar al verdadero origen de sus problemas, acabaron siendo sus propios depredadores. (F)

Próxima entrega: Promoviendo Responsabilidad Social Empresarial