Archive for November, 2007

Mi vida en Facebook

Wednesday, November 7th, 2007

Por Mauricio González Lara

Hace unas semanas, en el blog que llevo en mi página de MySpace, publiqué un artículo titulado “5 evidencias de que ya diste el viejazo”, donde intenté burlarme, no sé si con éxito, de las señales indiscutibles de vejez que denotan algunos amigos de mi generación (las y los que nacimos en los 70). Una de las evidencias enlistadas es la costumbre, muy treintañera, de darse de alta en Facebook y no poner imagen o foto que los identifique. Es decir, muchos treintañeros sencillamente dejan el espacio en blanco, acción que el sistema corrige añadiendo por default un horrible signo de interrogación, como si les castigara la timidez negándoles su identidad.

Les sugiero que hagan la prueba: si están en Facebook, naveguen un poco por su lista de amigos y comprobarán que los contactos que no tienen foto son por lo general mayores de 30 años (y si eres uno de los aludidos, pues bueno, sabes que lo que digo es verdad). Intrigado, les he preguntado a estos amigos “incógnitos” los motivos detrás de ese extraño comportamiento. Si son mujeres, me contestan cosas como “es por seguridad, no me vaya a querer ligar un locote depravado”; si son hombres, salen con defensas de “tipo duro”: “es que no tengo fotos, no me importan, nunca he sido frívolo”. Ambos sexos rematan con perlas al estilo de “ay, es que la Internet es alienante, un espejismo que aleja y no acerca”.

¿Lo dirán en serio? Desde luego que no. Va una hipótesis: el motivo por el que no suben su foto, e incluso se niegan a reconocerle cualquier valía a las redes sociales de la Web, es uno tan básico como ridículo: les da pena. Para una buena parte de la atormentada, dizque irónica y en extremo autoconsciente Generación X, cualquier noción protagónica, así sea poner una miserable foto que los identifique, es casi contra natura; simplemente no pueden hacerlo, ni mucho menos pueden validar que las generaciones posteriores asuman el ciberespacio como algo tan o más real que el espacio físico. Es una lástima, porque si nos atenemos a los acontecimientos recientes, las redes sociales, esos buques insignia de la Web 2.0, ya han dejado de ser sólo el tema de discusión favorito del ámbito tecnológico, para ahora tornarse en un fenómeno a través del cual decodificamos de manera distinta la realidad factual; el punto nodal en que los negocios, la cultura y la comunicación se entrelazan y cobran un solo sentido. Los grandes jugadores del mercado, obvio, ya afilan sus navajas para la batalla.

Como se recordará, las “redes sociales”, sitios web que promocionan la creación e interacción de círculos de amigos en línea, comenzaron a aparecer a principios de esta década, con el lanzamiento de los entonces vanguardistas Friendster, Tribe.net, Ecademy, openBC y Soflow. La más consolidada de estas redes es, hasta ahora, MySpace, que fuera comprada en 2005 por Rupert Murdoch, dueño de Fox Networks, por 580 millones de dólares. MySpace, con más de 200 milones de usuarios, se ha convertido en un punto de referencia ineludible de la cultura juvenil mundial. Si algo es importante para la cultura joven, está en MySpace, sobre todo por la facilidad con la que se puede subir música y video al sitio (una idea poderosa para cualquier persona posmoderna que visualiza a la cultura popular como una manera de construir su propia personalidad). Sin embargo, nada es seguro, y mucho menos en Internet. En los últimos meses, Facebook, la red social liderada por Mark Zuckerberg, quien no supera los 25 años de edad, le ha robado prácticamente todos los reflectores a MySpace. Las razones:

1) A diferencia de MySpace, que premia la promoción creativa e interacción entre extraños (música, videos, blogs), Facebook alienta la proyección exponencial de contactos en comunidades que habitan un espacio físico delimitado. O sea, funciona mejor si se parte de una base establecida de conocidos (como las universidades, lugares para los que en un inicio fue diseñado), para de ahí ir reduciendo distancias entre personas que no se conocen directamente, pero que sí son conocidos de sus conocidos y confluyen en diferentes networks o redes de intereses en común. En ese sentido, de todas las redes sociales, es la que mejor materializa la teoría de los “seis grados de separación”, pues va de adentro hacia afuera. (+).

2) Cuenta con un newsfeed –una cadena de avisos de novedades—que informa de manera constante al usuario sobre los movimientos en las cuentas de sus contactos. El efecto es deslumbrante: da la impresión de que la red es un organismo vivo, en mutación permanente y exponencial. Al principio, lo que le vuela a uno la cabeza es que de la nada se crea una cobertura noticiosa de todos los actos de tu vida y la de tus conocidos.

3) Mediante una plataforma común, el sistema permite que cualquier usuario con conocimientos básicos de programación diseñe las aplicaciones que quiera y las comparta con los demás. Estas van de lo muy idiota (la aplicación de “Te comió un zombie”), a lo muy creativo (la aplicación de Bob Dylan, la cual recrea mensajes personalizados en las cartulinas del iconográfico video Subterranean Homesick Blues), pasando por lo genuinamente interesante (la aplicación de “Apoya una causa”); no obstante, todas contribuyen a inyectarle un dinamismo a la página que no tiene el MySpace ni las otras redes.

Hoy, Facebook cuenta con alrededor de 45 millones de usuarios; se espera que termine el 2007 con un número superior a los 60 millones. Sus ingresos provienen de anuncios de publicidad y “networks” patrocinadas. Se rumora que genera alrededor de 1.5 millones de dólares a la semana. No lo sé de cierto, ni creo que importe tanto: en estos momentos, el atractivo de Facebook descansa en la enorme potencialidad de su futuro mediato. A fin de cuentas, representa el sueño de un universo virtual conectado por una red en eterno movimiento y paralela a la dimensión física (a la que denominamos, no sin cierta ingenuidad, “mundo real”), y eso es lo que ha capturado la imaginación de los gigantes de Internet.

Yahoo!, cuya viabilidad frente a Google ha sido cuestionada por múltiples analistas, le ofreció este año a Zuckerberg la delirante cantidad de 1,000 millones de dólares por su empresa. El joven entrepreneur la rechazó, aunque, quizá en aras de prepararse para lo que viene, ha coqueteado con la posibilidad de una posible compra por parte de Microsoft (sí, el mismo Microsoft que en teoría había llegado tarde a Internet), ahora propietario de 1.6 % de Facebook y comercializador exclusivo de la publicidad del sitio.

Todos parecen temerle a Facebook y su reproducción viral. Hace unos días, Google anunció el lanzamiento pleno de Opensocial, un proyecto que propone una plataforma abierta de aplicaciones para casi todas las redes sociales de importancia; incluyendo MySpace (cuyo buscador es de Google, que pagó 900 millones de dólares por la exclusiva), la laboral Linkedin, Hi5 (muy popular en México), Plaxo y los “ambientes” interactivos de la misma compañía de Larry Page y Sergei Bryn; y excluyendo, claro, a Facebook (que supuestamente decidió mantenerse al margen).

La fórmula, en el caso hipotético de que en verdad funcione al máximo, permitiría la creación de una multitud de aplicaciones comunes que integrarían, entre otras cosas, la capacidad de importar listas de contactos de todas las redes (imaginen los contactos de Linkedin sumados a los de MySpace), la creación de un newsfeed similar al de Facebook abocado a reportar los movimientos de todos esos contactos, libertad absoluta a programadores y, en especial, la posibilidad de entrar a una red de literalmente más de mil millones de contactos. Así que contemporáneos treintañeros, supérenlo: hagan a un lado su pena y pongan esa foto en la red social de su preferencia. La diversión, créanme, apenas empieza. (F)

+ La teoría consiste en que cualquier persona del planeta puede estar conectada a cualquier otra persona a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios. El concepto está basado en la idea que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera.

El Teletón, claroscuros

Monday, November 5th, 2007

A menos de que viva en una cueva, o de plano aislado en una celda sin ningún acceso a los medios de comunicación, no hay manera de que un mexicano no se entere de que a principios de diciembre, llueva, truene o relampaguee,  se celebra el Teletón, el maratón televisivo que, año con año, se fija la meta de recabar fondos para la atención y rehabilitación de personas discapacitadas y de bajos recursos.

El Teletón es masivo: promocionales en una buena parte de la radio y televisión mexicanas cada media hora; exhortos de diversos líderes de opinión al pueblo de México para que abra su corazón y done dinero (no importa cuánto, “el gesto es lo importante”); dos días de virtual cadena nacional en el canal 2 de Televisa, el más visto y de mayor cobertura en Hispanoamérica; cápsulas emotivas y enaltecedoras sobre el éxito de algunos discapacitados que han logrado salir adelante con base en las terapias y su propio esfuerzo; y para terminar por todo lo alto, un megaconcierto en el Estadio Azteca, uno de los más grandes del orbe, donde se presentan los artistas más populares, quienes, además de reiterar la invitación a la audiencia a “dar”, se dedican a recibir y aplaudir las numerosas aportaciones  corporativas realizadas por los ejecutivos más altos de las principales empresas de la nación azteca.

Aparte de los empresarios que conforman el patronato que dicta los destinos de la Fundación Teletón, y que representan a corporaciones claves en la distribución del poder mexicano, casi todas las marcas de importancia, nacionales y extranjeras, desfilan por el show televisivo: si el monto es conservador, el director de marketing de la organización correspondiente es quien hace entrega pública del cheque, si el monto es espectacular, es el mismo CEO (¡faltaba más!) quien entrega el donativo en un horario primetime. Tradicionalmente, Televisa y el Nacional Monte de Piedad inyectan las donaciones más altas, pues fijan su aportación en función de lo que dé el público, lo que es un motivador extra para que la gente salga y done.

Frank Sinatra lo dijo primero, y lo dijo bien cuando se presentó en el Teletón de Jerry Lewis, el modelo de todos los Teletones del mundo, hace ya más de 30 años: There’s no business like showbusiness!

Veamos ahora las dos caras de la moneda. Por un lado, en verdad creo que sólo un perfecto cínico podría negar los beneficios sociales del esfuerzo: de 1997 a 2006, la Fundación Teletón, liderada por Fernando Landeros, ha recaudado cerca de 3,000 millones de pesos, los cuales han servido para la construcción y manutención de 11 Centros de Rehabilitación Teletón (CRIT’s), los cuales han ayudado, ayudan y seguirán ayudando a miles de niños que de otra manera estarían, a causa de sus bajos recursos, condenados a vivir sin ninguna atención o posibilidad de inserción social.

Sin embargo, eso no significa que el esfuerzo no tenga sus aspectos criticables, los cuales no por fuerza son lo que popularmente se manifiestan. Por ejemplo, ya es común que algunas voces pongan en duda la nobleza de las empresas participantes bajo el  argumento de que, más que actuar guiados por las buenas intenciones, lo hacen en función de la deducibilidad de impuestos y el fortalecimiento de su imagen mercadotécnica. Este juicio, a mi parecer, es absurdo: ponderar las acciones de los demás bajo el parámetro de verificar si les nace o no “del corazón”, no sólo es irrelevante en la praxis, sino cursi y moralino.

¿Por qué alguien tiene que perder para que la filantropía detente valor? Por el contrario, se debería aspirar a que toda filantropía corporativa fuera estratégica y le generara valor a la compañía que la implementa; de esta manera, se entablaría un juego en el que ganaran todos los actores involucrados, y no uno que exija a la compañía donante un sacrificio tal que la aleje de cualquier intención caritativa en el futuro mediato. Es curioso: con frecuencia se critica, con buenas dosis de razón, el conservadurismo extremo de algunas empresas mexicanas (Bimbo, el 90 por ciento de las corporaciones regiomontanas), sin reparar que a veces la plataforma retórica desde la que se les juzga detenta tintes muy similares. Para que la filantropía sea efectiva no se requiere de actitudes cuasireligiosas de martirio o constricción, sino de voluntad e inteligencia. Es válido, lógico y hasta deseable que así sea.

El peligro, a mi juicio,  es otro: el esfuerzo del Teletón es tan macro y omnipresente que, sin proponérselo, ha atado a la mente de más de un empresario mexicano,  y de un buen número de ciudadanos, que la Responsabilidad Social comienza y termina en actos de caridad que sirven como escaparates para hacer relaciones públicas y tomarse la foto. Y si el escaparate es televisivo y en cadena nacional, mucho mejor. Por más que donen al Teletón, si no ven que la Responsabilidad Social pasa por la calidad de vida de los empleados, por el seguimiento y apoyo de los proveedores y clientes, por la relación con organizaciones no lucrativas, por códigos de ética, por la sustentabilidad ambiental y por el establecimiento de un gobierno corporativo, entre otros lineamientos, pues las compañías no pueden nombrarse como socialmente responsables (*).

El Teletón e iniciativas similares a éste, como el Juguetón de TV Azteca, son proyectos que probablemente merecen ser apoyados y promovidos, pero las empresas no se pueden quedar ahí, estancadas en ese nivel primario; si en verdad buscan promover el bienestar social de una manera sólida, están obligadas a trascender el acto de donar. El primer paso es una ambiciosa toma de conciencia: asumir que el potencial de la empresa para cambiar al mundo es  demasiado valioso como para circunscribirlo a un acto de conmiseración. (F)

*La Responsabilidad Social Empresarial es una cultura de gestión que vincula a la empresa con el bienestar de la sociedad a través de cuatro pilares básicos: promoción y desarrollo de los integrantes de la organización, ayuda a la mejora constante de la comunidad, ética en la toma de decisiones y sustentabilidad ambiental.

P.D. La entrevista que publicamos hace unos días con Ricardo Salinas Pliego fue retomada por varios medios nacionales. Les agradezco la distinción a Carlos Mota, Carmen Aristegui, Miguel Angel Granados Chapa y Arnaldo Córdova. Gracias por leernos.