Archive for May, 2008

Diseño, la filosofía Nokia

Monday, May 26th, 2008

Por Mauricio González Lara 

Simplicidad. Claridad. Belleza. Gracia. Las virtudes con las que nos gustaría llevar el rumbo de nuestras vidas no son tan diferentes a los ejes con los que desearíamos operar nuestras organizaciones. Esos principios, sin embargo, muchas veces se encuentran ausentes de nuestras vidas. ¿Por qué? En algún momento, el ruido de la vida diaria, así como sus necesidades más apremiantes, termina por ahogar la noción de estilo con la que solíamos asociarnos en nuestros mejores momentos. La situación deriva en ironía, pues es esa misma noción de estilo la que nos suele dar la ventaja competitiva para sobresalir del resto.

De ahí la importancia del diseño.

El diseño, definido no como una frívola pose de vida fashion, sino como una visualización que prefigure la solución más satisfactoria  y completa a un desafío específico, es la mejor manera de no olvidar las virtudes que nos hacen diferentes. El diseño, el buen diseño, es el instrumento más apto con el que contamos para influir sobre el entorno y definir el futuro. Hoy más que nunca, las empresas de vanguardia están obligadas a entender este precepto: el diseño se ha convertido en la variable fundamental que determina el éxito o fracaso de un producto, servicio o experiencia.

Ante esto, Altampresa.com aceptó con gusto la invitación a un encuentro entre periodistas de todo el mundo y el equipo de diseñadores de Nokia, el gigante finlandés de la telefonía celular dirigido por Olli-Pekka Kallasvuo y una de las marcas más reconocidas e importantes en la historia moderna de los negocios. El encuentro fue en Londres, sede de las oficinas centrales del Nokia Design Studio. Como suele suceder cuando se convive con personas genuinamente talentosas en su hábitat natural, la experiencia fue sumamente enriquecedora, por lo que hemos decidido dedicarle tres entregas, las cuales difundiremos, de manera intermitente, en las semanas por venir.

En esta primera entrega, un vistazo a la filosofía de diseño de Nokia, la cual se puede resumir en dos principios fundamentales: beautiful to use  y observe, then design. 

Hermoso de usar 

Cuando se habla de la importancia del diseño en los negocios, por lo general se suele asumir una de dos posturas extremas. La primera consiste en desentenderse por completo del tema, dando por hecho de que el diseño es una cuestión que sólo le atañe al universo de los productos premium, y no es algo que revista un interés significativo para cualquier otra compañía cuyo giro no se relacione directamente con el goce de los sentidos.

En las antípodas, la segunda consiste en tornarse un defensor a ultranza de la estética por encima de todo lo demás: lo que importa es la forma y el estilo de la marca, nada más. Ambas posiciones son erradas. El diseño no se reduce a la estilización de un producto o servicio, sino es una cuestión de imagen y operatividad que permea toda la filosofía de una organización. No importa si se trata de una firma contable o un buscador web: la imagen  del logo, pasando por la funcionalidad con la que estén planificadas sus instalaciones, o incluso la experiencia estética con la que la compañía  se relaciona con su cliente, son parte sustancial de la firma, pues constituyen por sí mismas la materialización externa de los valores con los que opera la marca.

De la misma manera en que uno puede cobrar conciencia del desarrollo o retraso de un país con el simple hecho de poner atención al cuidado y diseño  sus espacios públicos, se puede detectar la confiabilidad de una marca con sólo mirar las maneras en que ésta se manifiesta a sus clientes. Por otro lado, el diseño no es un simple sinónimo de estética de vanguardia. Un buen diseño no es algo meramente bonito o un triunfo de la forma sobre el fondo; involucra, la más de las veces, una explosión de elementos que van desde la facilidad de uso hasta el cuidado de detalles casi invisibles para el consumidor promedio, todo con la finalidad de generar la mejor experiencia de uso posible.  

Dicho esto, el criterio con el que se maneja el Nokia Design Studio es crear conceptos “hermosos de usar”. No basta con generar algo deslumbrante para los sentidos, el producto debe ser intuitivo, sencillo, operable… hermoso. En ese sentido, no importa si es un modelo de vanguardia N95 o uno popular como el 1100, ambos parten de la misma premisa. Ese es, a juicio de los creativos de Nokia, el principio esencial del diseño.

En entrevista, Alastair Curtis, líder del equipo de diseño de Nokia (el cual está compuesto de 300 personas en 35 países), pone un ejemplo ajeno al de la telefonía celular:

“Mi consola de videojuegos favorita es el Wii, de Nintendo. El Playstation 3 y el Xbox 360 poseen sistemas mucho más avanzados que la consola de Nintendo. Ciertamente, sus gráficas son mejores. Sin embargo, la “jugabilidad” del Wii es muy superior: sus controles, sencillos e inventivos, son apabullantes. No hay nada más contagioso que jugar con los amigos en esa consola. Es un éxito rotundo, es “hermosa de usar”.  Cuando veo el Wii, me digo a mí mismo: he ahí algo que me hubiera gustado diseñar. Espero que lo mismo digan de nuestros teléfonos. Esa mezcla entre estética y operatividad es el DNA de Nokia.”

Primero observa, después diseña

Frente a toda la prensa y el “hype” generado por el iPhone de Apple en meses recientes, uno de los cuestionamientos formulados por los periodistas que asistimos al Nokia Design Studio tenía que ser forzosamente cómo se miden los diseñadores de la firma finlandesa frente al producto de Steve Jobs, el cual, sobra decir, es “hermoso de usar”. Más aún, ¿es el iPhone un riesgo para Nokia, quien detenta el liderazgo de la industria (40% de los teléfonos vendidos en el mundo son Nokia)?

El reconocimiento de los diseñadores de Nokia frente al iPhone es total: es un excelente diseño. No obstante, argumentan, ubicar a un solo producto como un peligro para una firma que fabrica cientos de modelos para cientos de millones de usuarios de diferentes realidades y contextos alrededor del mundo, es una franca exageración. Y es que para entender el modelo de negocio de Nokia hay que sustraerse un poco de la dinámica tradicional de una empresa que vende artículos de consumo. Visto grosso modo, Nokia cuenta con más rasgos en común con una empresa como 3M, la cual innova y “customiza” un sinfín productos en función de requerimientos específicos de numerosos clientes, que una como Apple, la cual se focaliza en fabricar una cantidad reducida de productos ganadores para ser vendidos a un mercado masivo de consumidores. Son estrategias distintas. Es por ello que el segundo principio bajo el que se rige el Nokia Design Studio es “primero observa, después diseña”.

Nokia cuenta con un nutrido equipo de investigadores –antropólogos, psicólogos, estudiosos de espacios urbanos—abocados a observar el estilo de vida de diversas partes del mundo. La labor es profunda: encuestas, investigación de campo, entrevistas y hasta  pasar semanas viviendo con sus objetos de estudio. Nokia desdobla una actitud obsesiva en materia de “customer research” (una preocupación casi impensable, por cierto, en la filosofía cuasi artística de Apple, donde el éxito radica en que ahí impera una visión personal no muy disímil a la de un director de cine que visualiza una película). 

Como nos platicó Jan Chipchase, investigador en jefe de Nokia, la única manera de crear un abanico completo de soluciones para la elevada variabilidad contextual de las zonas que componen al planeta es mediante la inmersión total:

“Cada zona representa desafíos. Hay partes donde más que una cámara, el usuario requiere de un teléfono resistente al polvo y la humedad. O más que un sistema GPS, un tanto inútil en zonas pequeñas, el consumidor premia un buen sistema musical. En las líneas de lujo, como la 8800, el cliente disfruta que los ringtones estén diseñados por Kruder and Dorfmeister y Brian Eno. Todo depende del contexto. No es una cuestión de estrato social. Algunos suponen prejuiciadamente que por encontrarse en una zona pobre, la gente quiere teléfonos básicos, pero no es una regla: muchas personas conciben a su celular como un pasaporte para escapar de las restricciones de su espacio físico. En Latinoamérica, por ejemplo, la música es algo muy importante para el consumidor.  Esta observación de los usos y costumbres es un trabajo complejo. Mucha gente tiende a obviar que un teléfono celular es la representación misma del universo interno de una persona, una especie de compañero de vida. Al final del día debemos darles una retroalimentación emocional a través del producto. Es una enorme responsabilidad.” (F)

ALAS y la verdadera Responsabilidad Social Empresarial

Thursday, May 22nd, 2008

Por Mauricio González Lara 

Como a estas alturas ya debe saber cualquier lector más o menos informado, este pasado sábado 17 de mayo se llevaron a cabo dos megaconciertos gratuitos –uno en México DF, otro en Buenos Aires—para generar conciencia entre la población sobre el agudo problema de la pobreza que aqueja, según cálculos en extremo conservadores, a 32 millones de niños latinoamericanos menores de cinco años de edad. Los conciertos, organizados por la Fundación ALAS (América Latina en Acción Solidaria) y una muestra del “quién es quién” de la música “pop” latinoamericana, fueron un éxito en materia de asistencia (tan sólo en DF 200 mil personas atiborraron la plancha del Zócalo capitalino).

El presupuesto de operación de ALAS se integra mediante las aportaciones de empresarios como Alejandro Santo Domingo (Quadrant), Alejandro Soberón Kuri (CIE), Carlos Slim Helú (Grupo Carso), Emilio Azcárraga (Televisa), entre otros, y de hecho, de manera similar al esfuerzo de Live8, no acepta donaciones particulares. Razón por la que la cifra de donaciones inicial, alrededor de 200 millones de dólares, no es tan reducida como han señalado algunos críticos. De lo que se trata, según informaron sus organizadores de una manera un tanto escueta, es de “generar conciencia”. Si el éxito de convocatoria de los megaconciertos se traduce en acciones concretas contra la pobreza que vayan más allá de la concientización del problema es algo que sólo el tiempo podrá contestar, y que, para ser francos,  ameritaría otra  clase de análisis desde otra óptica que no fuera la empresarial o de “negocios” (que es la que le atañe a este blog); lo que sí me corresponde analizar es si esta clase de esfuerzos les ayuda a las compañías involucradas (o “benefactoras”) en las dos pistas que deberían importarles en su quehacer organizacional y su relación con la sociedad: Imagen y Responsabilidad Social Empresarial.

En materia de imagen, me parece que el concierto fue un éxito para las empresas involucradas, sobre todo para dos personajes: Emilio Azcárraga Jean y Carlos Slim Helú. El primero, al aglutinar los esfuerzos de difusión en sus cadenas televisivas Telehit y Ritmo Son (y a manera de resumen en TV abierta este fin de semana en el canal 2), dio una verdadera muestra de poder mediático, no sólo en México, sino en el resto del hemisferio (y en específico  en Argentina, donde el grupo está realizando una serie de movimientos estratégicos orientados a posicionar a la empresa como un jugador consolidado en la industria mediática de ese país). Y Slim fue toda una revelación: de ser un empresario adusto y reservado en estas cuestiones pasó a convertirse en todo un activista entusiasta que se paseaba con soltura en la plancha del Zócalo y convivía con artistas. Se veía bien. Esa clase de acciones le ayudan mucho a la imagen del magnate, pues desactivan con elegancia las críticas y resentimientos que conllevan, casi de manera automática, ser uno de los hombres más ricos del planeta.

Responsabilidad Social Empresarial  

En materia de Responsabilidad Social Empresarial (RSE), la evaluación del esfuerzo de las empresas participantes se torna más complicada, pues más allá de lo encomiable que pueda ser la ayuda que brindan a causas tan nobles como el combate a la pobreza, me da la impresión de que estos esfuerzos a veces contribuyen, sin verdaderamente proponérselo, a consolidar una concepción errónea de lo que debe ser el compromiso social de una organización. ¿En qué consiste esa idea equivocada? En que una empresa puede ostentarse como socialmente responsable si realiza actos filantrópicos o ayuda a organizaciones a generar conciencia sobre un problema social, como la crisis ambiental o la pobreza. Y peor aún: que con eso basta para asumirse como un ciudadano corporativo comprometido con el bienestar. Esa clase de interpretación es muy superficial.

Etimológicamente, la palabra filantropía se deriva de las raíces griegas filos (amor) y antropos (humanidad). Por tanto, la definición de filántropo es una persona que “ama a la humanidad”, y demuestra ese amor a través de una serie de actos concentrados en enaltecerla; en su acepción moderna, la labor del filántropo se centra en actos consistentes en donaciones monetarias, en su rango más limitado, o la construcción de redes sociales, económicas y políticas encaminadas al altruismo, en su rango más amplio. Por loables y que sean, las acciones filantrópicas son actividades focalizadas a una causa específica. En el mejor escenario posible, la empresa puede llevar a cabo una exitosa política sistemática de “filantropía estratégica”, es decir,  casar sus aportaciones con causas cuya promoción les reporte beneficios en el aspecto de negocio, pero esos esfuerzos siempre estarán focalizados al combate de un solo problema.

La RSE, o Responsabilidad Social Corporativa, en cambio, consiste en adoptar toda una filosofía que, si bien incluye a la filantropía dentro de su esfera de influencia,  no se constriñe a ella. La RSE es una cultura de gestión que vincula a la empresa con el bienestar de la sociedad a través de cuatro pilares básicos: promoción y desarrollo de los integrantes de la organización, ayuda a la mejora constante de la comunidad, ética en la toma de decisiones y sustentabilidad ambiental. Cuando hablamos de una empresa socialmente responsable, entonces, no sólo estamos hablando de una organización que dona una suma al Teletón o a la Fundación ALAS, o transmite un anuncio en el que promueve el combate contra el cáncer, sino de una compañía que procura el bienestar de sus trabajadores, posee movilidad en sus puestos jerárquicos, respeta todas las normas ambientales, se rige por sistemas de gobierno corporativo que supervisan la ética en su toma de decisiones y es respetuosa de la comunidad que la rodea. Es algo más que dar un cheque y posar para la prensa: es toda una cultura que va más allá del mero altruismo. Es más, si se cumplen estas condiciones, se puede ser socialmente responsable sin donar un solo peso.

Una empresa intolerante de la diversidad sexual en su cuerpo directivo, que contamina al ambiente, que no promueve la movilidad al interior de sus filas ni el desarrollo del talento, no puede ostentarse como socialmente responsable, por más dinero que done a causas benéficas.

Conclusión

No se trata de minusvalorar las aportaciones de las empresas relacionadas con el proyecto de Fundación ALAS; por el contrario, ¡qué bueno que apoyen esta clase de acciones! Pero tampoco se trata de aplaudir por aplaudir: si estas compañías están genuinamente comprometidas con ser socialmente responsables, no basta con la filantropía (sea para ALAS, el Teletón, el esfuerzo de ayuda para apoyar a los niños lastimados por incendios de TV Azteca, etcétera), sino que están obligadas a avanzar en los cuatro pilares descritos con anterioridad (y en todos los casos, estoy seguro, hay todavía varias áreas de oportunidad que esperan ser atendidas con más esmero). Y es que como le llegué a escuchar al mismo Carlos Slim Helú alguna vez en una conferencia de prensa, los problemas del país (y del mundo) no se van a resolver con la simple caridad. Totalmente de acuerdo. (F)

 Próximas entregas:

Lunes 26: Los principios de diseño del Nokia Design Studio.

Miércoles 29: Responsabilidad Social Empresarial, el libro, ¡por fin a la venta!

El nuevo consumidor masculino

Sunday, May 4th, 2008

Por Mauricio González Lara

Aceptémoslo: en la esfera urbana de clase media alta aspiracional en la que se mueve el lector promedio de Altaempresa.com, así como del grueso de las publicaciones de negocios del país, las mujeres parecen habernos rebasado en todas las dimensiones imaginables. Cada vez más inteligentes, asertivas e independientes, no pasa un solo día en que no veamos en una revista o un programa de televisión lo mucho que las mujeres urbanas de hoy sufren por los grados de sofisticación económica que han alcanzado: que si la presión de ser madre y directora de una empresa amenaza con volverlas locas, que si los estereotipos de belleza que idolatran las ha convertido en anoréxicas, que si se sienten presionadas porque sus hábitos de consumo no aparecen en las revistas de sociales y se sienten out e “inadecuadas”, que si sus familias no entienden su estilo sexual liberado, que si deberían mantener su femineidad en usos y costumbres como no pagar la cuenta pese a que ganan el doble de su pareja, que si deben forzosamente de elegir entre ser intelectuales o frívolas (como si los personajes de Sex in the city leyeran a Saramago mientras beben un Cosmopólitan), etcétera.

Todas estas preocupaciones, validas o no, reflejan en los universos del consumo y la  mercadotecnia las diversas maneras en que los roles femeninos  han evolucionado a grados superlativos.¡Bien por ellas! Pero, ¿y los hombres? ¿Cómo se comportan los hombres contemporáneos y de sólido poder adquisitivo cuando consumen? ¿Metrosexuales, ubersexuales o retrosexuales? ¿Clooney, Beckham  u Homero Simpson? Las cosas, afortunadamente, no son tan sencillas. El hombre de entre 25 y 45 años de edad se ha reconfigurado intensamente en la presente década. Las viejas etiquetas e iconos han dejado de operar para abrirle paso a un hombre complejo y pletórico en posibilidades de consumo.

Más allá del “metrosexual”

No hasta hace mucho, el “metrosexual”, ese hombre un tanto relamido tan preocupado por su apariencia física como la supermodelo más cotizada del mercado, era el ideal a seguir del consumo masculino. “Hip”, urbano, y pudiente, el “metrosexual” parecía encapsular el espíritu de una época donde el estilo y la sustancia, la forma y el fondo, conformaban una compacta unidad. Las mujeres, en teoría, lo encontraban  atractivo por su apariencia imposiblemente limpia y su dizque alta sensibilidad (la cual se reducía a distinguir un corte de pelo de 800 pesos a uno de 150); los hombres, supuestamente, aspirábamos a la metrosexualidad porque, oh sorpresa, estábamos cansados de pretender que la moda no nos importaba.

La desesperación por ser “fashion” era palpable: de repente, la televisión se pobló de programas al estilo de Queer eye for the straight guy y personajes de muy dudoso talento (¡que iban desde David Beckham hasta Ari Borovoy!) aparecían en las portadas de revistas de lifestyle masculino. Si no se ambicionaba la “metrosexualidad”, la alternativa era mucho peor: la “retrosexualidad”, la clase de hombre vulgar y descuidado cuyas ambiciones en la vida se pueden resumir en tres palabras: “futbol”, “sexo” y “cerveza”.  O en una iconografía más sencilla: ¿Jude Law u Homero Simpson?

El dilema que representó la “metrosexualidad”, y que dominó la primera mitad de esta década, era falso, pues no sólo no era representativo del amplio rango de tipologías existentes, sino que resultaba casi ofensivo para cualquier hombre que se preciara en verdad de serlo.  De manera más reciente, han aparecido otras tipologías que han intentado oponerse al maniqueísmo “metrosexual”/”retrosexual”. El  “ubersexual”, representado por una especie de hombre pudiente y sofisticado, pero con solidez intelectual, mayor porte y menor proclividad al exceso estético, se ha erigido hoy como el modelo a seguir. No es casual que George Clooney, “el “ubersexual” por excelencia, sea la estrella favorita y más respetada de Hollywood. Asimismo, el renovado interés por Internet y el triunfo de personalidades al estilo de Steve Jobs, ha contribuido a que el “tecnosexual”, el eterno obsesionado con los gadgets “tecnológicos”, esté de nuevo en boga. El consumidor masculino, sin embargo, es más elusivo e impredecible: los constantes cambios en los factores económico-sociales generan un sinfín de variaciones en el comportamiento del hombre contemporáneo, por lo que sus hábitos de consumo (y por ende, su sentido de imagen y pertenencia) son cada vez más difíciles de precisar.

Bajo ese contexto, Grado 7, la unidad de estudio antropológico de JWT México, realizó una investigación denominada Hombre nuevo, la cual se enfocó a delinear una nueva clasificación que estuviera más cercana a retratar la masculinidad de hoy. Según el estudio, este “hombre nuevo” se enfrenta a una diferente relación de pareja, a una reestructuración de responsabilidades en el hogar y a una fuerte competencia laboral, entre muchos otros factores que determinan su evolución.“No se trata de una tendencia o moda como los metrosexuales, ubersexuales, retrosexuales o tecnosexuales, caracterizados sólo por cambios de forma en  algunos de sus hábitos.  El “hombre nuevo llegó para quedarse, ya que apela a una transformación interna que impacta en todos los campos de desenvolvimiento: familia, hijos, pareja, trabajo, sociedad, consumo de categorías, marcas y experiencias”, comenta David Carballo, director de Grado 7 y encargado general del estudio.

El “hombre nuevo” descubre un abanico mayor de productos, pero su consumo es responsable y consciente porque está asociado a satisfacer necesidades específicas; las marcas, entonces, están obligadas a  hablarle de una manera mucho más afectiva y ligarse a la reconfiguración de sus valores: la tolerancia, el respeto, la apertura, la liberación sexual, la creatividad y su nuevo acercamiento hacia la religión. Hay, también, un goce, un acercamiento lúdico que abre variadas posibilidades. Es así que al “hombre nuevo” pueden aproximarse productos atados al cuidado e imagen personal; alimentos ligados a la  nutrición y el retorno por lo natural y orgánico, y el turismo ecológico, entre otros.

Tipologías

Para Grado 7, existen ocho clases de hombre nuevo:

1)      El Explorador. Busca una vida más auténtica y satisfactoria; es autónomo, independiente, ambicioso; genera vínculos afectivos con marcas que reflejen esa forma expansiva de ser.

2)      El Amante. Encuentra su identidad al descubrir un sujeto u objeto que ame; gusta de la sensualidad y el placer, por lo que se casa más con experiencias sensoriales que con productos específicos; cuenta con el don de la pasión, la gratitud y el compromiso.

3)       El Protector. Busca dar, nutrir, cuidar, proteger; su deseo es la pertenencia y conexión con los otros sin perder su propia identidad; busca balance y equilibrio; es optimista, empático, emotivo y sensible. Básicamente, el perfecto padre de familia.

4)      El Guerrero. Ejerce dominio para mejorar su entorno; desea probarse a sí mismo y ante los demás a través de acciones arriesgadas; integra a su personalidad la fuerza, la competencia y el poder y el coraje. Para este individuo, el goce está en competir y ganar, sea en el deporte, el amor o la oficina.  

5)       El Destructor. Busca destruir lo que no funciona, desea la revolución; tiene el don de la libertad, su estrategia es la disrupción; forma su identidad fuera de la estructura social; es el disidente, el exiliado, el diferente. Los iconoclastas de cualquier área o género son la viva representación de esta tipología.

6)      El Creador. Sus dones son el poder de transformación de sí mismos; busca la autenticidad y la congruencia a través de sus verdades internas. En esta tipología entran los operadores e interlocutores que negocian constantemente en los mundos de la política y el dinero.

7)      El Experto. Utiliza la inteligencia y liderazgo para entender al mundo y mantener el orden; es carismático y astuto; confía en sus propios procesos de pensamiento. Los directores y gerentes suelen pertenecer a esta clase de hombre.

8 ) El Mago. Combina visión creativa y voluntad de transformar lo existente en algo nuevo; su objetivo es hacer realidad sus sueños; es visionario, innovador, líder y carismático. Una versión más benevolente de “El Destructor”, pues a diferencia de este último, “El Mago” busca el cambio por la sorpresa misma de la transformación, y no tanto por odio o rechazo al orden establecido.

Nuevas familias

El nuevo consumidor masculino ya no se limita a desenvolverse en el marco de una familia tradicional (aunque este modelo siga siendo la norma de orden social en nuestro país), sino que busca innovar a través de la conformación de nuevas tipologías de familias, las cuales han sido identificadas de la siguiente manera por Grado 7: 

*La triangular. Una pareja y un solo hijo. No es el hijo único sobreprotegido, sino se le dan márgenes de libertad, así como de responsabilidad, mayores a los de las familias tradicionales.

*La DINK temporal. Una pareja de doble ingreso y sin hijos (double income/no kids) que no cuenta con planes a futuro. No planea a más de tres meses. Goza el momento y ya.

*La DINK. Una pareja de doble ingreso que se ve junta por un periodo largo. A diferencia de la temporal, esta familia es más susceptible de gastar en créditos hipotecarios o inversiones de fondos que los DINKS temporales, quienes están más inclinados a gastar en viajes o placeres más inmediatos.

*La NeoDINK. Cuando los hijos dejan el hogar y los papás, relativamente jóvenes, se ven forzados a reencontrarse. Esta pareja comienza de nuevo a salir y formar nuevos patrones de consumo (esta clase de pareja que es un target ideal para Viagra, Levitra o Cialis).

*La unipersonal. Se visualizan como una familia de uno. Mis videos, mis discos, mi computadora. Es un equipo de “uno” que vive solo pero no se siente solo. Su contexto gira en torno a él y vive solo por elección. Este tipo de familia –hasta hace poco inexistente en Latinoamérica–, es una tendencia que se consolida cada vez más entre los “bohemios burgueses” de México (país donde por lo general los hombres no están acostumbrados a vivir solos: la mayoría se sale de su casa para casarse).

*La familia por elección. Grupos de amigos que deciden vivir juntos en un departamento o casa. Pueden conocerse de mucho tiempo atrás o juntarse en función de un interés común, como el trabajo o la profesión, por ejemplo. Es un tipo de familia libre cuyo punto de convergencia es un estilo de vida determinada.

*La arrejuntada. Cuando los miembros de la pareja llegan con hijos de otras familias anteriores. Tú, yo, mis hijos y tus hijos. Son nuevas fórmulas que poco tiene que ver con la vieja idea del padrastro o la madrastra, y más con dinámicas de convivencia más dinámicas entre las nuevas y las viejas parejas.

*La solidaria. Cuando una pareja adopta a una persona externa o decide incorporar a familiares en necesidad de un hogar.

¿Serán las clasificaciones de Grado 7 lo suficientemente inclusivas para delinear los perfiles del hombre contemporáneo? Probablemente no, pero por lo menos es un buen inicio. Como señala Carballo, estas clasificaciones son apenas la punta del iceberg para acceder al resto de la población masculina.  Por ello, las marcas y  productos que lo volteen a ver ahora y lo conozcan desde el principio lograrán ganar su corazón, pero sobre todo, sus bolsillos. (F)