Archive for September, 2008

RSE en Líderes Mexicanos y Proyecto 40

Monday, September 22nd, 2008

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En esta tercera entrega de la bitácora promocional de mi libro Responsabilidad Social Empresarial, reproducimos la entrevista que sostuve con la revista y el programa Líderes Mexicanos, la cual fue transmitida el pasado 6 de septiembre en Proyecto 40.

 

Facebook y MySpace, ¡cosas del demonio!

Wednesday, September 10th, 2008

Por Mauricio González Lara 

A menos  que uno sea un autómata o un sadomasoquista irredento, resulta imposible no sentirse desconcertado por la televisión que se realiza en el país.

Ojo, no me refiero a Fuego en la Sangre, Ventaneando,   La academia o Tempranito. Ver o no esa clase de programas  es una opción que se puede tomar libremente; a fin de cuentas, a menos de que se cuente con una curiosidad cuasiantropológica por el entretenimiento mexicano moderno, abstenerse de sintonizar tales esperpentos no acarrea ninguna consecuencia. No, en realidad, las cosas que me irritan son las que se encuentran en los programas que, como profesional de la información, no me puedo dar el lujo de ignorar; es decir, los noticieros y los programas dizque investigativos  de las dos principales televisoras de la nación: Televisa y TV Azteca.

Del  reciente “error de edición” de Televisa, que borró digitalmente (y de manera nada equívoca) a Santiago Creel de una nota informativa sobre la reforma energética, a la campaña de TV Azteca en contra de Roberto Hernández durante el sexenio pasado, pasando por la virtual crucifixión de la familia Saba emprendida por ambas televisoras cuando ésta mostró interés por ingresar al negocio televisivo, sin olvidar los encontronazos mediáticos con el Congreso a causa de la reforma electoral, nadie puede negar que, pese a lo mucho que ha avanzado el  país en materia de libertad informativa, las empresas de Emilio Azcárraga Jean y Ricardo Salinas Pliego todavía detentan varios pasivos en lo concerniente al ideal de objetividad y equilibrio  al que debe aspirar todo medio informativo.

Hace unos días, sin embargo,  el desconcierto se transformó en pena ajena.  La razón: la serie de reportajes que Televisa transmitió en el  noticiario de Joaquín López Dóriga concernientes a los peligros de las redes sociales. De acuerdo con estas piezas, elaboradas con estilo de adulto espantado por el equipo de Televisa, las redes sociales como Hi-5, Myspace y sobre todo Facebook son virtuales escaparates de información privada para aquellos secuestradores que deseen enterarse de quiénes son los jóvenes más pudientes del país.

Los reportajes, cuya fuente principal era un sicólogo no particularmente avezado en materia tecnológica, realizaban su exposición de hechos bajo la lógica de que al albergar información como fotos de viajes, mails y bitácoras de actividades y estados de ánimo, sitios como Facebook y Hi 5 eran referencias casi obligadas para los secuestradores.  El reportero nunca aludió a alguna clase de dato duro, ni mostró a un secuestrador que admitiera haber navegado por una red social para capturar información sobre sus víctimas, ni mucho menos difundió algún intento de investigación que fuera más allá del “infotainment” amarillista que caracteriza a una buena parte del periodismo televisivo actual. Para coronar el asunto, al final de los reportajes, López Dóriga editorializaba en tono solemne que las redes sociales ya eran las fuentes de inteligencia de la delincuencia organizada. Los datos duros, de nueva cuenta, brillaban por su ausencia.  

¿Riesgo real?  

El asunto ha provocado una miniconmoción. Varios medios escritos, retomando la agenda televisiva,  le han dedicado reportajes al tema. Ninguno rebasa el terreno de la especulación delirante. Milenio Diario, periódico que le dedicó al asunto su nota de ocho columnas el  8 de septiembre, llega a sustentar  la satanización de las redes sociales en el absurdo de sugerir que  Fernando Martí  propició su propio secuestro al ser un usuario asiduo de Hi 5 que gustaba de subir fotos de sus viajes y competencias deportivas, lo que probablemente despertó la ambición de los delincuentes que lo asesinaron.

Las fuentes de Milenio para fundamentar estas afirmaciones incendiarias: declaraciones genéricas y nebulosas de dizque expertos en seguridad, algunos de ellos de más de 60 años, que aseguran que ya han visto algunos casos de víctimas “enganchadas por Internet”. Nunca se especifica exactamente a través de qué página de la Web o se  da alguna seña más precisa. Pero no hace falta, pues así como mi abuelita solía señalar cualquier avance que no entendía como “cosa del demonio”,  muchos periodistas “profesionales” no dudan en calificar todo aquello que no pase por los generadores tradicionales de contenido como  algo de naturaleza casi diabólica.

¿En verdad existe un riesgo de seguridad para un usuario de una red social? Todo depende del grado de discreción que el usuario desee tener. Obviamente que si sube fotos comprometedoras o información íntima, el usuario se expone a que todo el mundo, o por lo menos la gente a la que tiene registrado como amigos,  se entere de su vida privada; sin embargo, a menos de que “postee” una bitácora diaria de sus actividades, la declaración económica de su familia y la dirección física de los lugares que frecuenta, difícilmente un secuestrador va a contar con información que no pueda obtener de manera más contundente y fidedigna por otros medios.  

Los secuestradores de Fernando Martí  no se enteraron de que su familia era rica por una red social, sino porque su prosapia económica era una cuestión  de conocimiento  público gracias a la omnipresencia de las tiendas Martí y los Sport City, así como por la amplia cobertura que la prensa dio a la actividad empresarial de su padre, sobre todo desde que sus compañías fueron adquiridas por la familia Harp el año pasado.  Asimismo, estoy seguro que no averiguaron  la ruta que recorría el coche que llevaba a Fernando a la escuela por visitar Facebook. Suponer lo contrario es entrar de lleno a una cultura de la paranoia que, lejos de ayudar a resolver el problema de la inseguridad, nos sume en un clima de miedo que merma aún más nuestra calidad de vida y nos impide pensar correctamente.    

Falta de rigor

Cada vez me resulta más alarmante la conducta de algunos medios de comunicación que se lanzan a condenar a compañías y productos sin ninguna clase de investigación, prueba o sustento. Los blancos favoritos de esta clase de cobertura son empresas cuya vanguardia tecnológica genera un producto innovador que las mentes de algunos comunicadores no logran comprender a cabalidad. Hace un par de  años, recuerdo que un alto ejecutivo de Pfizer se quejaba amargamente en una comida de cómo la difusión de una nota televisiva donde se aseguraba que el Viagra provocaba ceguera había reducido drásticamente las ventas de la famosa pastilla azul. El golpe económico no sólo implicó una natural disminución de ingresos, sino una serie de gastos extras en campañas de desmentidos y de manejo de crisis. La nota, obvio, carecía de sustento.  

De acuerdo con información publicada en Reforma por la periodista Olivia Aguayo, algo similar ya le está sucediendo a las redes sociales. Aguayo recoge en su nota testimonios de universitarios clasemedieros que ya de plano cancelaron sus cuentas en Hi 5, MySpace y Facebook ante el miedo de ser secuestrados. Algunas de estas redes sociales, las cuales por cierto son vistas por millones de jóvenes como una opción de información y entretenimiento a los contenidos televisivos de siempre,  ya cuentan con oficinas en el país y, por lo menos hasta hace un par de meses,  se encontraban próximas a invertir considerables cantidades dinero en nuestro territorio; cantidades que, ante el amarillismo de los medios, ahora van a tener que ser más abultadas al contemplar un mayor gasto en relaciones públicas. Y es que contra los excesos de la  televisión no hay mucho que hacer. ¿O acaso se imaginan a Mark Zuckerberg, el joven genio detrás de Facebook, pidiendo derecho de réplica con López Dóriga? Yo no. (F)