Archive for November, 2008

Una charla con Mark Shapiro, CEO de Six Flags

Tuesday, November 25th, 2008

Por Mauricio González Lara

Mark Shapiro, CEO de Six Flags, cuenta por lo menos con tres buenas razones para sentirse orgulloso.

Primero, desde que asumió funciones como CEO de lo que hoy es una de las cadenas líderes de parques de diversiones del mundo, ha reenergizado a la empresa gracias a una estrategia orientada a captar a un público más familiar sin sacrificar al target juvenil en perpetua búsqueda de emociones fuertes en atracciones de vanguardia; dos, ha consolidado una serie de alianzas con marcas de alto reconocimiento (Looney tunes, Justice League of America, Tony Hawk, The Wiggles) que han hecho de Six Flags un enorme satélite que se beneficia del brillo de numerosas estrellas, y tres, con la reciente compra de Dick Clark Productions, la cadena avanza en su agresiva campaña por transformarse en un combo de entretenimiento multimedia con miras mucho más altas que los meros parques de diversiones.

Los resultados del tercer trimestre, casi 500 millones de dólares en ingresos, permiten suponer que el 2008 será uno de los mejores años en la historia de la compañía, la cual se acerca ya al medio siglo de edad. En entrevista exclusiva, Shapiro, quien antes de entrar a Six Flags se desempeñó como VP de ESPN (la cadena televisiva de deportes propiedad de Disney), nos platicó sobre sus estrategias para profundizar la transformación de Six Flags en el 2009. También, por cierto, se dio tiempo para revelar quiénes son sus CEO’s más admirados.

¿Esta crisis beneficia o perjudica a Six Flags? Muchos sostienen que el divertimento escapista tiende a vivir sus mejores épocas en tiempos difíciles.

El verano pasado fue muy duro en Estados Unidos. Quizá el próximo será peor y ahora el daño será global, pero las condiciones económicas que enfrentamos este verano fueron muy duras y salimos bien librados. ¿Por qué? Porque si bien las personas deciden mantenerse cerca de sus casas en un clima de crisis, aún sienten la necesidad de inyectarle a sus vidas contenidos de fantasía, entretenimiento, magia y narrativa. Necesitan, como bien dices, escape. Ahora bien, la crisis lleva a los padres de familia a evaluar mejor las cosas y buscar valor: pagar menos y obtener más. Es por eso que estamos añadiendo más atracciones a los parques. En México, por ejemplo, no sólo estamos lanzando en 2009 el Dark Knight Coaster, una espectacular montaña rusa diseñada para interiores, sino que estamos trayendo de vuelta el Magic Light Parade, inaugurando un nuevo restaurante Johnny Rockets y remodelando casi todos los juegos. Además, estamos extendiendo los horarios y alargando las temporadas. En lugar de recortar, expandimos. Creo que ese es un factor clave que nos dará una buena ventaja competitiva. En términos generales, el 2009 será un año de incertidumbre para todos. No puedo predecir exactamente qué va a suceder, pero pase lo que pase, confío en que la gente seguirá buscando entretenimiento y nosotros continuaremos siendo una de sus principales opciones.

En un mundo donde productos como la música, los videojuegos y las preferencias culturales están cada vez más hechos a la medida del usuario, experiencias generales como ir al cine o a un parque de diversiones se antojan un tanto antiguas o pasadas de moda. ¿Cómo mantenerse a la vanguardia?

Contamos con un menú de entretenimiento muy diversificado para los 25 millones de personas que visitan los parques anualmente. Ningún juego, atracción o show de Six Flags apela de la misma manera a todos. Algunos se emocionan ante la sensación de caer de una gran altura, otros se divierten, otros lloran, en fin. Así que en realidad es una experiencia customizada. Ponemos mucha atención en esa dinámica. Una muestra de ello es que, si bien somos un destino familiar por excelencia, contamos con todos los targets demográficos que te puedas imaginar. Una familia, incluso, se comporta de una manera muy distinta en Six Flags si comparas la experiencia con ir al cine o un concierto, donde resulta raro ver a todos los miembros del grupo disfrutando una sola cosa. En Six Flags, en cambio, la familia llega y se dispersa para que cada quien pueda disfrutar la atracción que más le guste. En ese sentido, la dinámica de comportamiento se asemeja más a la de un centro comercial que a la de otros entretenimientos tradicionales.

Recuerdo que cuando asumiste las riendas de Six Flags, la prensa especuló mucho en el sentido de que querías convertir a la marca en el nuevo Disney. ¿Cómo ves ahora las cosas?

No es nuestra intención. Disney es una historia que tardó 50 años en crearse. Yo vengo de Disney, trabajé ahí 12 años, por lo que no me cuesta trabajo reconocer su enorme éxito global. En Disney, las marcas, las películas, los programas de televisión y los productos de consumo pesan tanto o más que los parques de diversiones. Así que aún no nos gustaría compararnos con Disney. Nosotros contamos con fortalezas propias: somos regionales, es decir, contamos con 20 parques en Canadá, Estados Unidos, y México, aunque próximamente ya seremos globales con la apertura de un parque en Dubai;  y ahora, gracias a la reciente compra de Dick Clark Productions, ya no solamente contamos con parques de diversiones, sino que también poseemos los Golden Globes, los American Music Awards y los Country Music Awards. Los anunciantes ya nos ven como una solución integral en materia de entretenimiento. Estamos creciendo muy rápido, pero más que vernos como el siguiente Disney, a mí me gustaría que se pensara en Six Flags como un caso único y con personalidad propia.

La sinergia con Dick Clark Productions te abre un universo de posibilidades.

Absolutamente. Six Flags funciona como una plataforma que te da decenas de millones de personas que pasan ocho horas al día en nuestros parques. Dick Clark Productions, por su parte, es un generador de contenidos que te permite alimentar esa plataforma. Desde un punto de vista comercial, varios anunciantes encuentran de gran valor anunciarse tanto en los parques como en los programas, puesto que los targets son los mismos. Desde un punto de vista mercadotécnico, Six Flags expande su marca a través de Dick Clark Productions, ya que gana a través de hits televisivos como los American Music Awards y So you think you can dance? Es una sinergia que beneficia exponencialmente la visibilidad de Six Flags.

 

Las marcas de Dick Clark son históricas y están muy bien posicionadas entre el público familiar, ¿pero cómo atraes al adolescente que vive online?

Lo capturas mediante recomendaciones boca a boca de sus amigos, las cuales se generan a partir de la fuerza de las atracciones. Por eso es que nuestros juegos son tan importantes y los renovamos todo el tiempo. Por ejemplo, el Dark Knight Coaster: una atracción que no sólo retoma el éxito y la marca de la película, sino que es en sí misma una experiencia muy emocionante y vanguardista que no puedes obtener en ningún otro lado. Esa mezcla entre una marca de éxito ya probado y la manera en que la expandimos como una atracción innovadora es una combinación muy poderosa, en especial para el público adolescente, que seguramente vio la película y desea emocionarse de nuevo con el juego.  

¿Cómo sorteas el dilema de incrementar la emoción y la carga de adrenalina de los juegos con el cuidado de las medidas de seguridad?

Invertimos muchos millones de dólares en seguridad. De hecho, te diría que el ADN de nuestros parques es la seguridad; nuestros visitantes lo califican como el atributo más alto de Six Flags en las encuestas de satisfacción al cliente. Trabajamos en conjunto con los fabricantes para comprender y conocer las atracciones desde antes de su creación. Los visitantes no sólo se sienten seguros en las atracciones, sino cuando caminan por el parque y gozan de los otros servicios. Más allá de la obvia importancia de su seguridad, para nosotros es vital que nuestros clientes se sientan totalmente relajados y confortables mientras están en el parque, de lo contrario, sería imposible que se dejaran atrapar por el aspecto narrativo del parque. Para ser exitosos, requerimos que los visitantes suspendan su escepticismo y se dejen llevar por la fantasía del parque. Si se sienten inseguros, esto sería prácticamente imposible.

¿Cuáles son los planes para México? ¿Podemos esperar la apertura de un nuevo parque?

No tenemos planes para abrir otro parque en México. Todavía contamos con posibilidades muy amplias de desarrollo con el que tenemos abierto. Six Flags México atiende a 3 millones de personas al año y ha obtenido las calificaciones más altas de todos los parques de nuestra cartera, tanto por parte de los empleados como de los visitantes. Estamos invirtiendo 10 millones de dólares en el Dark Knight Coaster y varios millones adicionales en otras áreas del parque. Los visitantes del parque de México van a ver en el 2009 un Six Flags más excitante y con nuevas atracciones, y pueden esperar uno todavía mejor en el 2010.

Finalmente, ¿quién es el mejor CEO de la actualidad?

Te voy a dar dos nombres. Jamie Dimon, de JP Morgan Chase & Co., se distingue del resto de los de su sector. Es una persona de la que se puede aprender mucho. En la industria del entretenimiento, mi elegido sería Bob Iger, de Disney, quien ha realizado muchas cosas extraordinarias en muy poco tiempo. Iger le ha dado la vuelta a la empresa y ha colocado al branding y la creatividad como diferenciadores de la compañía. He tenido el gusto de trabajar con él y es una persona muy talentosa. (F) 

Los intocables, una charla con Jorge Zepeda Patterson

Tuesday, November 18th, 2008

Por Mauricio González Lara

¿Qué tienen en común Juan Sandoval Iñiguez, José Luis Soberanes, Patricia Chapoy, Víctor González Torres, Diego Fernández de Cevallos, Julio César Chávez, Jorge Hank Rohn, Emilio Gamboa Patrón, Marta Sahagún y buena parte de los gobernadores de la República Mexicana? En opinión de Jorge Zepeda Patterson, motor creativo de Los amos de México y director editorial entrante de El Universal, la respuesta es contundente: la impunidad.

En Los intocables, su más reciente libro, Zepeda Patterson coordina el esfuerzo de varios periodistas (Jenaro Villamil, Lydia Cacho, Roberto Rock, Alejandro Páez, entre otros) por configurar un retrato de la impunidad a través del estudio de sus personajes más conspicuos. En la siguiente charla, Zepeda aborda algunos puntos finos de su obra, a la vez que da su visión sobre los males que aquejan a la clase empresarial mexicana.

A diferencia de Los amos de México, donde sólo dos o tres empresarios manejan un alto perfil público, en Los intocables analizas a personajes que todos conocen. ¿Esto cambió la manera de abordar la investigación?

Todos hablan de ellos, pero no hay muchas cosas escritas desde un ángulo periodístico profundo. Me explico: el género biográfico en México ha sido muy descuidado, a diferencia, por ejemplo, del mundo anglosajón, donde hay extraordinarias biografías periodísticas de los grandes personajes. De las pocas biografías que hay en México, gran parte de ellas terminan siendo libros panegíricos, muy vinculados al personaje en cuestión, como digamos el caso de Sari Bermúdez y Marta Sahagún; o en el otro extremo, son obras satanizadoras, cuyo fin último es crucificar al sujeto de estudio. Como periodista, me resulta estimulante contribuir a llenar ese vacío.

Ahora, este esfuerzo no está disociado de los anteriores; de hecho, es parte de una trilogía desprejuiciada abocada a saber cómo es la vida de los personajes que dominan México: la primera parte es la de Los suspirantes, un libro que dibujaba los perfiles biográficos de los aspirantes a las presidencia; sigue con Los amos de México, que aborda a los empresarios y la construcción de los grandes imperios económicos, y ahora continúa con Los intocables, donde se estudia cómo se construye la impunidad, no a través de un análisis sociológico, sino documentado mediante casos casi antropológicos.

¿Cómo seleccionaste a tus intocables?

Lo que buscamos fue una selección lo suficientemente variada como para acercarnos al fenómeno de la impunidad en sus distintos orígenes y modalidades. Por ejemplo: es muy distinta la intocabilidad de Julio César Chávez, en su carácter de ídolo del boxeo, a la impunidad de Emilio Gamboa Patrón, quien ejerce los hilos directos del control político y legal. En última instancia, son parte de un mismo problema, pues ambos son intocables para efectos de rendición de cuentas ante la ciudadanía en general. Pudimos haber hecho un libro que se enfocara a casos de políticos intocables, pero sentimos que eso sólo iba a redundar en ofrecer diferentes matices de la misma modalidad de impunidad.

Lo novedoso de Los intocables es que, si bien incluimos la esfera del servicio público, también tratamos casos como el de Juan Sandoval Iñiguez, un prelado de la Iglesia que se ha caracterizado por un comportamiento muy poco cristiano, y que incluso ha prosperado en su carrera y es hoy un intocable gracias a su relación con algunas élites mexicanas. Lo mismo sucede con el caso de José Luis Soberanes, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. Ambos encabezan instituciones que deberían abonar al combate contra la impunidad, y no servir de blindaje de los impunes, dándoles cobertura jurídica, en el caso de la CNDH, o credibilidad moral, en el caso del Cardenal. Son instituciones que deberían defender al ciudadano de a pie, y no victimarlo. Es por eso que comenzamos el libro con esos dos casos; no porque sus cadáveres en el closet sean más grandes que los de los políticos, sino porque son particularmente tristes.

En un sentido similar, quizá las faltas de Patricia Chapoy o Julio César Chávez no sean comparables a las de Jorge Hank Rohn o Emilio Gamboa Patrón, quienes emblematizan mafias políticas muy poderosas, pero sí sirven como ejemplos para ilustrar como la fama y la celebridad pueden ser fuentes de impunidad, tal y como lo son la riqueza o el poder político. Si un policía para el coche de Emilio Gamboa Patrón por exceso de velocidad, quizá no le levante la multa por miedo ante el poderoso; si para al de Julio César, es probable que no la levante por el deseo de quedar bien ante el ídolo. Aunque sea por motivos distintos, ambas son formas de impunidad.

También hay mucha impunidad en los medios. Por ejemplo: si una cadena televisiva estadounidense borrara digitalmente al presidente del Senado, seguramente habría despidos y reprimendas públicas masivas; aquí, en cambio, el asunto apenas y se comenta.

Coincido totalmente. Frente a la violación de una ley o norma, ¿quién es el valiente que se va aventar en contra de Joaquín López Dóriga, Carlos Loret o Francisco Javier Alatorre? Y no lo digo porque sean particularmente malos; cualquier persona que esté en las posiciones que ellos ocupan inspiraría temor, ganas de congraciarse, etcétera. Por eso es que el caso de Paty Chapoy es interesante: es una mezcla del respeto y el morbo que genera la fama. Ejemplo: tú puedes salir a comer con un cantante a un restaurante y escuchar cómo se queja de Paty Chapoy, pero si de repente ella llega y se sienta en la mesa de a lado, el artista pasa del enojo al temor, ya que sabe que la conductora de Ventaneando cuenta con el poder de destruir su carrera. Es otra clase de impunidad. De ahí la heterogeneidad de los casos.

No sólo los casos son heterogéneos, sino también las plumas que los escriben.

Sí, para mí es muy atractivo romper con el cartabón de las cúpulas y capillitas periodísticas. Eso es muy satisfactorio. En Los amos de México, por ejemplo, tienes a personas como Jenaro Villamil, de Proceso, o Blanche Pietrich, de la Jornada, junto a otras como Alberto Bello, de Expansión, y en medio a periodistas de fuentes como Gatopardo; o sea, no podrías encontrar visiones y procedencias más disímiles en el radial. La idea era reunirlos por cuestiones profesionales, y no por su procedencia ideológica o gremial. Por eso, también, los criterios eran que tuvieran buena pluma y cualidades investigativas, pero sobre todo buena pluma.

¿Hasta dónde les permites a tus colaboradores adentrarse en el ámbito privado de los investigados?

Tratamos de ser equilibrados. Yo soy un editor bravo: casi todos los capítulos los regreso; algunos con una observación menor, otros con observaciones mayores de estructura. Si hay datos personales, lo que busco es que no sean gratuitos, sino que sean pertinentes a la historia periodística y a la construcción del personaje. Por otro lado, también cuido que no se descuide la revelación de los aspectos públicos. En Los amos de México, devolví algunos capítulos porque si bien la historia empresarial estaba muy clara, no me aparecía el personaje; y viceversa, algunos describían mucho al personaje, pero no abordaban la historia empresarial. Otro factor difícil de sortear es el espacio: todo tiene que quedar en 15,000 palabras, y a veces el personaje da para todo un libro.

A veces da la impresión de que en México sólo se puede triunfar si se cuenta con alguna clase de compadrazgo o si de plano se viola la ley. Carecemos de historias de éxito legítimo.

No estaría tan seguro. En Los amos de México abordamos los casos de Roberto Hernández y Jorge Vergara, quienes provienen de la clase media: y bueno, en Los suspirantes hay igual casos que se escapan de esa lógica. Concuerdo totalmente contigo en que en una sociedad tan desigual como la nuestra hay algunos que nadan con aletas, y otros sin traje de baño. El problema es que no vivimos en una sociedad meritocrática. En algunos ámbitos es más grave que otros. En la clase política, los privilegios y las pertenencias son las reglas del juego; en la clase empresarial, si bien no con la misma intensidad, también operan esas reglas. Pese a sus vicios, el espectáculo y el deporte son más meritocráticos. Quizá haya algunos favoritismos, pero finalmente alguien como Hugo Sánchez tenía que meter los goles. Quien se subía al ring era Julio César, y nadie más. O incluso alguien como la misma Paty Chapoy, que cuenta con habilidades innegables como la articulación y el manejo frente a la cámara. En esos mundos, la fortuna y los padrinos indicados pueden ayudar, pero no lo son todo.

¿Cómo ves a la clase empresarial del país, sobre todo ahora que esta crisis les está orillando a repensar su rol en la sociedad?

La clase empresarial de nuestro país está endémicamente distorsionada por las estructuras. Contamos con una clase empresarial viciada por el éxito vinculado a razones impúdicas. Los factores para alcanzar la rentabilidad se relacionan en buena medida con aspectos no empresariales, tales como son el mal manejo de información confidencial, el tráfico de influencias, la corrupción y el compadrazgo, no sólo con el sector público, sino con las élites privadas. Es muy lamentable, porque uno lee en revistas de negocios sobre la importancia de la creatividad y la innovación en el mundo globalizado; no obstante, en la realidad mexicana, los empresarios bienintencionados se topan con que, para obtener el méndigo permiso para operar, se tienen que arreglar ilegalmente con la autoridad, o ven cómo su competencia se beneficia porque ésta sí decidió entrarle a la corrupción, pese a contar con una gestión menos avanzada. Es una retroalimentación continua generada por la realidad que redunda en una cultura empresarial distorsionada, y como toda cultura de valores, quizá se necesiten de varias generaciones para revertirla.

También es cierto que muchos empresarios ven a sus compañías como un botín familiar, y no como instituciones que terminen trascendiéndolos.

Absolutamente. Al empresario mexicano le cuesta mucho trabajo profesionalizarse. Ese aspecto de empresa pobre, empresario rico, es uno de los grandes lastres que padece el sector privado, particularmente en provincia. Yo soy de Guadalajara, y ahí casi se asume como una muestra de habilidad entre el empresariado el vivir lo mejor posible a costa de la pobreza de la empresa. Así, en caso de que Hacienda les realice una auditoría o suceda una crisis, no habrá mucha tela de donde cortar y se minimizan las pérdidas personales. El resultado obvio de esto es una empresa subpotenciada, siempre operando muy por debajo de sus posibilidades.

Finalmente, ya en tu calidad de nuevo director editorial de El Universal, ¿cómo percibes al periodismo de negocios que se hace actualmente en México?

Es un proceso en marcha. Si comparas lo que se hace hoy con lo que se hacía 10 años atrás, registras avances claros. Antes era impensable escuchar programas de radio de negocios, por ejemplo. Las revistas también han crecido mucho. Los periódicos especializados, en cambio, se han quedado un poco estancados; ahí siguen, pero ya no son tan importantes. Lo que sí ha avanzado muchísimo es el rol de las secciones de negocios en los periódicos de interés general. Hoy ya hay toda una capa de periodistas que, con sus virtudes y defectos, se dedica de tiempo completo al asunto. Los mismos columnistas de negocios han cobrado una alta relevancia. Me siento optimista. Creo que el periodismo de negocios va por buen camino. (F)

¿Deseas leer la crítica que Altaempresa.com le hizo a Los amos de México? Da click “aquí”

Obama y Mouriño: sueño y pesadilla

Wednesday, November 12th, 2008

Por Mauricio González Lara

Hace ya algún tiempo, Esteban Moctezuma, secretario de Gobernación en el sexenio de Ernesto Zedillo y presidente de Fundación Azteca, me exponía en una entrevista su firme creencia de que el avance de una nación estaba atado intrínsecamente a lo que él denominaba como la “reproducción de la ideología”; es decir, a la capacidad de reciclar con frescura e innovación los elementos centrales que componían al proyecto de la sociedad en cuestión. Por ello, argumentaba Moctezuma, el éxito de Estados Unidos obedecía precisamente a la manera en la que reproducía su ideología y generaba consensos internos respecto a ésta. México, por el contrario, no sólo carecía de mecanismos para generar acuerdos en función de una ideología triunfadora, sino que reproducía mensajes que reforzaban la inmovilidad y el pesimismo.

A manera de ejemplo ilustrativo, va una dinámica que siempre me ha llamado la atención: mientras que en las series y películas estadounidenses el trabajo es lo que define y valida al protagonista (sea éste forense, abogado, policía o barman), en el entretenimiento mexicano el comportamiento de los personajes no se dibuja en torno a su profesión (en las telenovelas, de hecho, nunca nadie trabaja), sino a su clase social (uno es rico o pobre, punto), la cual casi siempre está predeterminada desde el nacimiento. En una telenovela mexicana, la única forma en que un pobre puede convertirse en rico es descubriendo que en realidad es la hija o hijo abandonado de una familia rica, o ya en casos excepcionales, ganando la lotería, como le sucede a Huicho Domínguez en “El premio mayor”. El esfuerzo y el trabajo no son valorados, ya que en un país tan desigual como el nuestro, no representan mecanismos de progreso tan eficaces como la transa o la prosapia.

La cultura popular mexicana refleja ese estado de las cosas y, en un círculo vicioso, lo alienta al darlo por hecho en sus narrativas telenoveleras.

Obama, the american dream

¿Quién podría argumentar que el triunfo de Barack Obama no es, por sí solo, una demostración de la capacidad gringa de reinventar y reproducir su ideología? A menos de 50 años de la existencia de estados segregados, el sueño se ha materializado: un negro de clase media es hoy el hombre más poderoso de la Unión Americana.

Obama recibe un país desgastado por los numerosos excesos conservadores cometidos durante ocho años por la administración de George W. Bush, y que incluyen, entre otras joyas, una aguda crisis económica, varios intentos de imponer la teoría creacionista como historia oficial en el sistema educativo público, la irracional ocupación de Iraq y numerosas violaciones a las garantías individuales perpetradas en nombre de la lucha antiterrorista.

El panorama luce desfavorable. Sin embargo, a diferencia de hace unos cuantos meses, el pueblo estadounidense es hoy un pueblo esperanzado; no porque alguna celebridad al estilo de Galilea Montijo o Gloria Trevi se lo indiquen en algún promocional televisivo, sino porque su optimismo parte de una base verificable: la viabilidad de obtener triunfos concretos que supongan una mejor calidad de vida -o sea, la movilidad social-, es posible y se refleja luminosamente en la figura de su actual presidente electo.

Mouriño, the mexican nightmare

El mismo día que Estados Unidos regeneró su esperanza, México reafirmó su pesimismo. El pasado 4 de noviembre, en sincronía con el ascenso de Obama, los medios mexicanos reportaban al anochecer la muerte de Juan Camilo Mouriño, así como las de otras ocho personas que lo acompañaban, incluido José Luis Santiago Vasconcelos, extitular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

La avioneta donde viajaba el secretario de Gobernación se desplomó en la zona de Periférico y Montes Urales, provocando caos y desconcierto en la ya de por sí conflictiva capital mexicana. Además de ser una tragedia que ha cimbrado a la nación, la muerte de Mouriño se ha prestado a múltiples conjeturas, las cuales se pueden resumir en dos hipótesis: ¿accidente o atentado?

No sé cuál vaya a ser el saldo de las investigaciones encabezadas por Luís Téllez, Secretario de Comunicaciones de súbito transformado en Sherlock Holmes. Tampoco creo que en verdad importe, pues la psique colectiva mexicana ya emitió su veredicto: atentado. Porque parece mentira, nos dice el novelista Daniel Sada, la verdad nunca se sabe. ¿Qué mejor acreditación para tal pensamiento que un siniestro como el de Mouriño (quien como secretario de Gobernación era el responsable simbólico de la lucha contra el crimen organizado)? ¿Quién podría creer, bajo esas circunstancias, que su muerte fue un mero accidente, más allá de que haya sido así? ¿Acaso el narcotráfico no puede disponer de quien sea en el momento que sea, incluido el secretario de Gobernación?

Repito: no se trata de afirmar o negar hipótesis, sino de señalar lo que piensa la población, lo que no necesariamente significa que el vox populi esté o no en lo correcto. Ahora bien, es menester decirlo: el principal responsable en reproducir la noción de que la muerte de Mouriño es consecuencia de un atentado ha sido el mismo Felipe Calderón, quien además de rendirle a su amigo funerales de Estado propios de un mártir de la patria, ha desdoblado un duelo agresivo y reivindicatorio que se antojaría totalmente fuera de lugar si el Presidente estuviera genuinamente convencido de la hipótesis del accidente. El ritual mismo manda el mensaje de que fue un atentado. ¿O es que acaso el perfil jurídico del nuevo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, no opera como una reafirmación de que, pese a las bajas, la guerra sigue?

En otro contexto, la vida de Juan Camilo Mouriño sería considerada como un encomiable caso de éxito: pese a poder haberse dedicado a una labor empresarial mucho más redituable que el servicio público, “Iván”, como lo apodaba cariñosamente su familia, decidió abandonarlo todo en pos de un sueño: llevar a Felipe Calderón a la presidencia y, ya como secretario de Gobernación, servir a su patria. En el contexto mexicano, empero, su muerte, por más que se quiera pretender lo contrario, se da bajo una lógica distinta. Cuestionado desde diversos frentes por su pobre interlocución política y supuestos conflictos de interés entre su función pública y las empresas de su familia, Mouriño distaba de ser un Secretario de Gobernación popular. Es más, durante los días que precedieron su muerte, varios columnistas especulaban con intensidad sobre su futuro reemplazo.

¿Qué es verdad y qué es mentira? De nueva cuenta, no importa: el mensaje que se da en los hechos, la ideología que se propaga, es que el servicio público es sinónimo de sospecha y ruindad; que las tragedias, cuando no quedan impunes, se transforman en “accidentes” que no son creíbles para nadie, ni siquiera para el presidente; que servir a México sale muy caro, y que los costos finales para aquellos valientes que quieran cambiar las cosas son la ignominia, el descrédito y la muerte. Esa es la verdadera tragedia detrás del deceso de Juan Camilo.

México, no cabe duda, está urgido de victorias. Ojalá las encuentre pronto; mientras tanto, no queda otra opción más que envidiar a los gringos. (F)

Futuras entregas:

*Los Intocables: una charla con Jorge Zepeda Patterson, periodista y director editorial entrante de El Universal

*Entretenimiento y crisis, una charla con Mark Shapiro, CEO de Six Flags

*El turismo del futuro

*Conferencias y promoción de RSE