Archive for January, 2009

Medios en crisis

Tuesday, January 27th, 2009

Por Mauricio González Lara

Uno de los sectores más afectados por la crisis es el compuesto por los medios de comunicación. La batalla por sobrevivir es brutal y está llena de sorpresas: ¿Quién hubiera podido anticipar que Sumner Redstone, el otrora invencible líder octogenario de Viacom, se encontraría al filo de desincorporar su imperio en aras de salvarlo de la ruina? ¿Era lógico pensar hace un año que Televisa iba a desistir de su estrategia de imponerse a Univisión a cambio de la seguridad anticlimática de un acuerdo económico? ¿O que Carlos Slim Helú se transformaría en el salvavidas financiero que le permitiría a The New York Times cumplir con su misión de difundir “all the news that’s fit to print”, así sea por este año?

Para comprender lo que sucede, pero sobre todo lo que se avecina, entrevistamos a Francisco Vidal Bonifaz, consultor de imagen, periodista de negocios, creador del blog La rueda de la fortuna y autor del bestseller Los dueños del cuarto poder (Planeta 2008), libro donde realiza una rigurosa y desideologizada radiografía económica de los conglomerados mediáticos.

En términos grosos, ¿cómo va a pegarle la crisis a la industria mediática?

La crisis va a pegar de manera diferenciada en diversas áreas de la artillería mediática. Ya estamos viendo sufrir a periódicos como el Washington Post, el grupo Tribune, el New York Times, etcétera. La prensa escrita es la más afectada. En una posición intermedia se encuentran los grupos con producción televisiva, quienes si bien van a sufrir, como lo estamos viendo ahora con Viacom, cuentan con más posibilidades de sobreponerse. Quienes cuentan con una mayor ventaja frente a la crisis, e incluso pueden verse beneficiados de ella, son los medios digitales. La masa mundial de publicidad no va a crecer, pero el reparto de esa masa va a favorecer más a Internet, que es un medio más medible y barato. Además, el público se está dirigiendo a la Red. El sitio de El Universal, por poner un ejemplo mexicano, registra 600,000 visitantes diarios, y no tira más de 100,000 ejemplares. Las peculiaridades geográficas también van a jugar un papel importante. Los grupos con mayor presencia en Asia, donde aparentemente la crisis va a pegar menos, saldrán más beneficiados que los que concentran su producción en occidente. Los medios que dependan del gasto del consumidor también sufrirán más. Es posible que se concreten más fusiones y algunos jugadores menores desaparezcan, pero veo poco probable que veamos cambios telúricos en los grandes grupos mundiales: Time-Warner, Viacom, NBC Universal (de General Electric), News Corp, Walt Disney y Bertelsmann.

La crisis acelerará la desaparición de los periódicos.

Definitivamente. En general, la prensa escrita experimenta cuatro tendencias desfavorables: uno, el alto precio de las materias primas, en específico el del papel, que ahora está por los cielos; dos, la caída de la publicidad, o por lo menos un reparto diferente que no beneficia a los impresos; tres, un cambio de tendencias en el consumo, donde los lectores reciben sus noticias en formato pantalla, y no en papel, y cuatro, un empecinamiento de los periódicos en dirigirse sólo a los enterados, a la clase política o dominante, que es un factor que juega mucho aquí. La crisis ya está pegando con fuerza en México: parte de Reforma ya voló; parte de Notmusa, que era el grupo que editaba El Centro, también voló, y desafortunadamente, existen fuertes candidatos a caer, como serían El Financiero, Monitor, y Unomásuno. Yo diría que también sobra un diario deportivo, que obviamente no es Récord, por lo que probablemente sería Ovaciones o Esto. ¿Para qué querría (Mario) Vázquez Raña mantener dos periódicos deportivos?

¿No se trata de una mera corrección del mercado? Quizá sea más saludable contar con menos periódicos y más lectores.

Tienes razón en el sentido de que puede ser una corrección del mercado. Hay un exceso de cabezales. Los que más tiran es El Universal, Reforma y La Jornada, y si ves sus tirajes, sean los que registran en los libros de publicidad, o sean los que registran en Gobernación, son muy reducidos. Ahora, no todo es negro: existen algunas oportunidades para los impresos en la crisis. Es muy probable que la prensa económica experimente un repunte por la curiosidad de la gente. Esa es la tendencia. Por eso Rupert Murdoch compró Dow Jones /The Wall Street Journal, y por eso aquí El Economista encontró comprador.

Eso hace ahora más apetitoso a El Financiero. Pese a sus problemas, es un diario muy atractivo.

Sin duda. El Financiero posee una imprenta y buena distribución, además de que cuenta con una agencia, Finsat. No me explico por qué han experimentado tantos problemas económicos. La prensa de negocios es muy noble: estable y con demandas muy instaladas. No entiendo las complicaciones de El Economista y El Financiero, en verdad no las entiendo.

Varios amigos en agencias de medios me han comentado que colocar anuncios en periódicos a veces luce como un ejercicio inútil. Si el sector ejecutivo lee sus noticias en formato pantalla, ¿para qué gastar en impresos, así sean especializados? O si tengo un producto de consumo general, ¿para qué anunciarme en tirajes nimios? Muchos lo siguen haciendo simplemente porque al cliente le gusta contar con un “testigo” o prueba física de su campaña.

Sí, puede ser, aunque todo es proporcional a la segmentación de la audiencia. Quizá si eres un producto de consumo popular te convenga un anuncio en La Prensa. Por otra parte, la prensa escrita todavía funciona bien para los anuncios de ocasión. Los anuncios de sexoservicio han crecido tanto en los periódicos que en Europa incluso ya están provocando problemas de regulación. Estos anuncios son pequeños, pero multiplicados por mil, pues le generan una cantidad considerable al medio. Alguna vez me platicaron, medio en broma, que si El Universal prescindiera de la redacción generaría más ganancias. Si sólo contarán con el Aviso oportuno, ¡todo sería ingreso!

¿Qué hay de la radio?

Ahí van a sufrir todos. El precio de la publicidad está cayendo vertiginosamente. Hay poblaciones en las que sale más barato anunciarse en radio que en los impresos. Ahí viene un proceso de fusiones tanto por la crisis como por el cambio tecnológico. En la Comisión Federal de Competencia se dan continuamente autorizaciones de transferencia de concesiones. Se están fortaleciendo 8 o 9 grupos nacionales y uno que otro regional, los demás, me temo, van a desaparecer.

Vamos ahora con la televisión. La primera década de la gestión de Azcárraga Jean al mando de Televisa es una historia triunfal. Uno de los pocos casos de sucesión generacional exitosos en la historia empresarial de México. El futuro, sin embargo, se antoja más complicado.

El problema original de Televisa era el grado de deformación generado por crecer al amparo del poder y casi sin competencia. El grado de distorsión era terrible, porque casi todo lo que hicieras te iba a salir bien. Azcárraga Jean recibió a la empresa en un estado financiero desastroso y reestructuró muy bien al grupo. Sin embargo, actualmente experimenta problemas en varios sentidos. El primer problema es que, como decían en Cuba, querían revolución pero no tanta. Olvidemos que tras las elecciones fueron notorios ciertos grados de alineación con algunos actores; eso es lo de menos, el punto es que el grado de golpeteo hacia ciertos políticos contrarios a sus intereses ha sido tan brutal que ya abarataron la crítica. O sea, ¿cuál es el incentivo de Santiago Creel para no votar contra ellos tras la golpiza que le han puesto? Ninguno. No tiene nada que perder, al contrario. Esa crítica desmesurada y tendenciosa no sólo les ha vuelto a generar una falta de credibilidad, sino que estratégicamente les va a ser contraproducente en el mediano y largo plazos. El segundo problema es que la televisión abierta, el gran negocio de Televisa, ya llegó a un límite. No quiero decir que no sea negocio, desde luego que lo es, pero ya sólo va a reportar rendimientos marginales decrecientes. El mercado de televisión abierta está saturado, ahí el margen se limita al grado de crecimiento de la población, que apenas rebasa el uno por ciento. Un tercer problema es que no han logrado posicionarse como quisieran en el mercado hispano de Estados Unidos. Más allá de que hayan llegado recientemente a un acuerdo con Univisión, la verdad es que esa empresa, que nació gracias a “El Tigre”, la perdieron por una serie de equívocos en las relaciones personales con los otros inversores, quienes aprovecharon el hecho de que la ley estadounidense no permite que extranjeros cuenten con mayoría accionaria en cadenas de televisión. Ante este contexto, la inserción de Televisa en el mercado de telecomunicaciones es clave para su futuro. Y ésa es la gran incógnita. Hasta ahora, debo decirlo, los competidores de Slim no han sido tan afortunados como se piensa.

Algunos anticipan que ésa será la batalla empresarial de la década: Slim presionando para obtener el triple play de manera abierta, y Televisa avanzando con su fórmula cable, teléfono e internet.

Sí, aunque una vez que se asienten las aguas creo que ambos van a poder convivir pacíficamente con sus espacios en las telecomunicaciones. Ahorita no ha sucedido así. Hemos visto algunos desencuentros porque Calderón está manejando las expectativas y los compromisos de campaña. Slim ha tenido que aguantar más en México, pero seguramente le terminarán concediendo el triple play y contará con millones de terminales listas para conectarse a la televisión de paga. Mientras tanto, ha desdoblado un crecimiento increíble en Latinoamérica. En Chile, de hecho, me parece que ya es el distribuidor número uno. Ahora, hay que precisar que una cosa es manejar la red de comunicación, y otra muy distinta es generar el contenido. A veces muchos pierden de vista esto. Slim es un fuerte competidor en Latinoamérica, pero es un gestor de contenidos, no un generador. Telmex TV en Colombia o Chile es exactamente igual a lo que puedes obtener en Cablevisión, con la salvedad de los canales locales. Las inversiones recientes de Slim en el New York Times, o movimientos no concretados como los rumores en torno a la compra de una parte de Prisa, quizá le permitan tener más control sobre algunos contenidos, pero él sabe que para su compañía el negocio radica en la distribución, y no tanto en la producción. Televisa, en cambio, sí es una productora de contenido; en términos culturales, esa es su gran ventaja, ya que su poder sigue siendo fundamental en fijar la agenda nacional.

¿Cómo juega TV Azteca en todo esto?

TV Azteca no está interesada en eso, y está contenta en cumplir su función de vitrina publicitaria de los productos de Grupo Salinas. Es una función que cumple muy bien y tiene todo el sentido del mundo en términos empresariales. Han intentado posicionarse en el mercado hispano de Estados Unidos con Azteca América; no obstante, este año en Estados Unidos habrá una caída en las ventas que seguramente los obligará a retroceder.

¿Llegaremos a ver algún día una tercera cadena de televisión abierta?

Igual y tus nietos lo llegan a ver, aunque a esas alturas no creo que exista ya la televisión abierta.(F)

Talento: verdadera solución en tiempos de crisis

Tuesday, January 20th, 2009

Por Mauricio González Lara

La división mexicana de Monster.com, uno de los portales líderes en búsqueda de empleo del orbe y una de las marcas más reconocidas de Internet, me solicitó una colaboración en torno a la importancia de la atracción y el desarrollo de talento en tiempos de crisis, un tema que a mi juicio es crucial para la sobrevivencia de nuestras empresas. Esta es la declaración de principios que entregué:

Estamos en Alaska. Un avión con cuatro hombres a bordo, tres turistas y el piloto, sobrevuela los bosques. Uno de los motores explota y la nave se precipita hacia el lago. El piloto muere y Charles, Stephen y Robert quedan atrapados en un contexto conformado por el creciente frío, la ausencia de comida y el constante acecho de los osos grizzli. La muerte parece segura, pero Charles, exitoso entrepreneur en su vida urbana, se sobrepone al pánico y transforma la inmovilidad en acción:

Charles: Saben, una vez leí un libro muy interesante que decía que la mayoría de las personas que se pierde en los bosques muere de vergüenza.

Stephen: ¿De vergüenza?

Charles: Sí, de vergüenza. Se atormentan con preguntas: ¿Qué hice mal? ¿Cómo no vi venir esto? ¿Cómo pude ser tan estúpido para perderme? Pero no ejecutan el único acto que puede salvar sus vidas.

Robert: ¿Y qué acto es ése?

Charles: Pensar.

Esa es la historia de The Edge, la película dirigida por Lee Tamahori y protagonizada por Anthony Hopkins que se ha convertido en un referente en las escuelas de negocios para las materias de liderazgo y capital humano. La premisa va a ser aún más pertinente en este 2009: hoy, frente a la crisis financiera que azota al mundo, un buen número de organizaciones se encuentran enfrascadas en procesos terminales de vergüenza. “¿Cómo nos metimos en esto?”, “si tan sólo hubiéramos tomado más previsiones”, ¿cómo sobrevivir?”, son preguntas que se repiten incesantemente en todos los círculos empresariales, sean Pymes o enormes corporativos.

El pánico nubla la vista de varios directivos, quienes tras lamentarse confunden lo urgente con lo importante, y lo coyuntural con lo trascendente: actúan impulsivamente; recortan presupuestos sin pensar, e irónicamente, descuidan al único activo capaz de asegurar la sobrevivencia: al capital humano, es decir, a la suma de talentos necesaria para que la empresa, lejos de comportarse mecánicamente, delinee las medidas más efectivas ya no sólo de enfrentar la crisis, sino de transformarla en una oportunidad que la proyecte ventajosamente a largo plazo.

Del dicho al hecho.

En el discurso, casi todos comparten la opinión de que vivimos en una era del conocimiento donde manda el talento, por lo que una organización crece mientras más talento se desarrolle en su interior; en la práctica, empero, todavía hay directores que piensan que la dinámica óptima para administrar una empresa es a través de la reducción de los costos de contratación; siempre y cuando exista un grupo compacto de talentos en la compañía –a veces, ese grupo es tan compacto que sólo incluye al director general-, asumen que las operaciones pueden funcionar normalmente si se contrata al mínimo común denominador posible. Si se cumple con lo básico, deducen, la empresa no requiere de más talentos que la hagan pensar.

Craso error En el célebre ensayo Group Think: What does “Saturday Night Live” have in Common with German Philosohy (The New Yorker, diciembre 2002), Malcolm Gladwell, autor de Blink: inteligencia intuitiva, llega a una interesante conclusión: los genuinos innovadores no son personas que actúan en solitario. Casi todos han sido productos de la convivencia. Freud delineó los fundamentos del sicoanálisis, pero el génesis de esos fundamentos se da en 1902, cuando Alfred Adler, Wilhem Shekel, Max Kahane y Rudolf Reitlwer se reunían a tomar café en la casa de Sigmund. Pisarro, Degas, Monet y Renoir asistían a las tertulias del café Guerbois de la rue des Batignolles. Jean Luc Godard no sería director de cine si no hubiera conocido a Francois Truffaut y Claude Chabrol, con quienes escribía en la revista Cahiers du Cinema en los 50. Y la lista sigue: del existencialismo alemán a los comediantes del programa Saturday Night Live, la constante es evidente: la innovación requiere de “grupos inteligentes”.

Una empresa trasciende cuando construye “sociedades de admiración mutua”; sin una política de Recursos Humanos que privilegie la atracción de los mejores y los más calificados, tal admiración es imposible. Como bien dice el investigador Jim Collins en Built to Last, el ya clásico estudio donde se analizan cuáles son las características de las empresas que logran perdurar por varias décadas, el “quién” importa más que el “qué”. Sobre todo en momentos de crisis, cuando la creatividad y la capacidad de ejecución de los más brillantes permiten generar la flexibilidad suficiente para reaccionar con rapidez e inteligencia.

Conclusión: en épocas de estabilidad, invertir en la atracción y desarrollo de talento es una prueba de inteligencia y buen juicio; en tiempos de crisis, sin embargo, es un acto imperativo para sobrevivir. Quizá la única manera de sortear los peligros del bosque y llegar sanos y salvos a nuestro destino. (F)

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Los monopolios muerden, una charla con Jorge Castañeda

Thursday, January 8th, 2009

Por Mauricio González Lara  

Si tomamos como parangón el pensamiento wildeano de que el tamaño de un hombre se mide en función de las dimensiones de sus enemigos, Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores y uno de los más destacados analistas de Latinoamérica, debe sentirse libre de todo complejo: sin duda es uno de los personajes claves del México contemporáneo.

La inteligencia provocadora de Castañeda es su principal virtud: a diferencia de la medianía especuladora con la que se conduce el grueso de la clase intelectual mexicana, Jorge nunca renuncia a la audacia ni a la propuesta iconoclasta. Su libro más reciente, ¿Y México por qué no? (FCE, 2008), coescrito con Manuel Rodríguez W, no es la excepción: la obra es un ensayo orientado a sacudir la complacencia con la que México ha permitido la concentración excesiva de poder en casi todas las esferas de la vida nacional. Esta es parte de la charla que sostuvimos con él a propósito de la publicación del libro.

La movilidad en México es reducida, sea en el sector empresarial o el político. Los “mexican dreams” son excepcionales.

Por desgracia, eso es bastante cierto. No quiere decir que no haya ejemplos de “mexican dreams” en los ámbitos político, empresarial, intelectual o artístico, pero en términos generales, mi impresión es que México es una sociedad con menos movilidad que otras. No sólo me refiero a los países ricos, sino incluso a naciones como Brasil. Esto no siempre fue así. De hecho, es un fenómeno que se ha venido dando en los últimos 40 años. Antes había más movilidad tanto al interior de las élites como de abajo hacia arriba. Es complicado entrar al mercado en México. Montar una start up es muy difícil. El círculo de los grandes empresarios es muy cerrado; el de los grandes intelectuales está todavía más cerrado, y en ciertos sentidos, la clase política está más cerrada que nunca. En el ámbito político se dio una apertura PAN/ PRD hace 20 años, pero en primer lugar, los del PRD eran del PRI, y los del PAN ya estaban. Esto explica el carácter perenne de algunos políticos como Porfirio Muñoz Ledo, quien ha estado presente 40 años en la arena política. Manuel Camacho es otro ejemplo. Más allá de las personas, lo que importa es que son los mismos. En ese sentido, México es un país un poco congelado.

En el libro abordas la idea de desincorporar a Telmex. Tus argumentos me recordaron a los que daba la administración Clinton cuando intentó desincorporar a Microsoft. Gates le dio la vuelta a eso orientándose a la Responsabilidad Social. Siento que Slim está tomando el mismo camino, sobre todo desde que lo nombraron el hombre más rico del mundo.

Pero Gates se entregó por completo a eso. Le pasó prácticamente toda su fortuna a la fundación que lleva con su esposa Melinda, a la vez que se desentendió del día a día de Microsoft. No estoy diciendo que el ingeniero Slim, que es muy generoso en muchos sentidos, deba hacerlo. Pero eso no lo ha hecho. El que lo hayan nombrado como el hombre más rico del mundo no le hizo ningún bien. Hasta él mismo ha dicho que esa creencia es producto de una fórmula de cálculo equivocada. Y quizá tenga razón. Pero lo cierto es que hay un sentir antimonopólico en el país, quizá más presente en los medios que en la opinión pública amplia. Existe y permea cada vez más. Así sea de manera muy lenta, el reclamo comienza a forjar su propio camino, y ese camino pasa forzosamente por Telmex. Es probable que a estas alturas, como afirma el mismo Slim con sólidos argumentos económicos y técnicos, ya exista más competencia en el sector de telecomunicaciones que en otros rubros. Puede que esté en lo cierto, pero el tema ya es otro: por su naturaleza emblemática, no habría una acción antimonopólica creíble en el país que no incluyera a Telmex.

No quisiera limitarme estrictamente a los monopolios empresariales; tenemos monopolios mediáticos, políticos, sindicales, intelectuales, en fin, la concentración de poder en México es excesiva en todos los sentidos de la palabra. Los hombres que detentan ese poder, como sucede con Slim, empiezan a reaccionar, lo que es bueno. Ahora, a mí lo que me gustaría más es que todas estas dinámicas no se quedaran en un mero asunto de opinión o percepción pública, y que redundaran en el establecimiento de un marco regulatorio más severo, ágil y contundente. Pero bueno, no ha sucedido así.

Para que eso suceda se requiere de un apoyo más visible de la sociedad civil.

Desde luego. Yo le tengo un gran respeto y afecto a Eduardo Pérez Mota, el director de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), pero lo cierto es que su organización carece de constituency, es decir, de base social. La Cofeco podrá hacer muy bien su trabajo dentro de los límites que le fija el marco regulatorio, pero el gran problema es que no existe una sociedad civil que luche por esos temas. Simplemente no está. Y al no estar, pues todo depende de la coyuntura y la habilidad con los personajes involucrados defiendan sus intereses.

En el texto mencionas el incidente de Santiago Creel con Televisa. Si Fox News hubiera borrado la imagen de un legislador estadounidense, al otro día se hubieran suscitado protestas y renuncias forzadas. Aquí, en cambio, las reacciones fueron reducidas.

No pasó totalmente inadvertido porque Reforma lo cachó, tarde, pero lo cachó, y eso motivó a que luego se suscitara un miniescándalo y Televisa invitara a Creel. Ahora, lo cierto es que los vetos a Creel, Javier Corral y hacia mí se mantienen. ¿Por qué? ¡Pues porque sí! Ellos no entienden que no pueden utilizar ese espacio público así. Al contrario, creen que para eso es: para ganar dinero y para dirimir sus pleitos personales. Y en efecto, parece que nadie hace nada.

¿Por miedo?

Yo no creo que sea por miedo. Bueno, los partidos sí tienen miedo de meterse con los empresarios y los medios porque saben que van a necesitarlos. Pero la gente no tiene miedo, lo que pasa es que está desorganizada y no considera pertinentes esos temas. Entonces, si a la concentración excesiva de poder le sumas la desorganización de la sociedad civil, más la ausencia de un adecuado marco regulatorio interno, más la ausencia de un marco regulatorio internacional que se aplique a México satisfactoriamente, con la salvedad de algunos aspectos del TLCAN, pues todo el conjunto produce una gran inmovilidad. Microsoft quizá no fue obligado a la desincorporación en Estados Unidos, pero se creó un marco regulatorio supranacional que frenó la tentación monopólica a propósito del Windows en la Unión Europea. Eso no ha pasado aquí.

La crisis económica podría provocar un descontento generalizado que movilizara a la sociedad. Pienso en los bancos, por ejemplo.

Quizá. El mismo Pérez Mota y Santiago Levy también comparten la opinión de que la crisis económica podría provocar esa catarsis. En el sector bancario podría suceder algo interesante. Hasta ahora, salvo las protestas contra las tasas de interés en las tarjetas de crédito, no ha habido una reacción de la sociedad ante la banca porque no se ha dado un descalabro mayor. En México no hemos visto casos como el de Madoff, Lehman Brothers o Bear Stearns. Espero que no los haya.

Pero la cartera vencida se va a disparar.

Eso sin duda. Y quizá suceda algo en el sector hipotecario. No estoy seguro, pero tengo la impresión de que hay más hipotecas de tasa variable de lo que se quiere aceptar. Y aún sin tasa variable: simplemente la gente que pierda su empleo va a experimentar serias dificultades para mantenerse al día en los pagos de la hipoteca. Hubo mucha gente que tuvo acceso a créditos hipotecarios en los últimos años. Quizá eso genere una reacción contra la banca que promueva una vigilancia más cercana para reducir las tasas de intermediación, o incluso el enorme spread que vemos entre la compra y venta en el tipo de cambio, y que no tiene el menor sentido para el consumidor. Quizá la crisis ayude a que la sociedad se movilice contra la concentración de poder. Aunque podría ser al revés: el PRD y la izquierda son perfectamente capaces de buscar un acomodo con los monopolios al inventar que todo es culpa del neoliberalismo, y como al neoliberalismo se le vence con una revolución que nunca se hace, pues dejar las cosas exactamente como están.

El PRD, con toda su estridencia, jamás propondría una acción antimonopolio contra Telmex.

Jamás. No se atreverían nunca. ¿Para qué? Van a necesitar esa lana para sus próximas campañas.

¿Se trata de rescatar al capitalismo de los capitalistas? ¿De preservar el libre mercado actuando contra los monopolios que lo ahogan?

Creo que casi toda la gente sensata en el mundo parte de la asunción de que, por lo menos en el futuro cercano, va a ser muy difícil que surja una alternativa a la economía de libre mercado y la democracia representativa. Lo preferible entonces es que lo que tenemos funcione lo mejor posible. A lo largo de los últimos 100 años el capitalismo ha mostrado una notable capacidad de reforma y reinvención. El capitalismo ha experimentado varias reestructuraciones de fondo. No sólo ha sido, como ahora se cree, el keynesianismo de la gran depresión y el estado de bienestar, sino que se han dado varios cambios de fondo en distintas etapas y diferentes países. Hoy estamos viendo el principio de una nueva readaptación del capitalismo, y en el caso particular de México, uno de los temas de esa readaptación son los monopolios.

¿Habrá renegociación del TLCAN una vez que asuma Obama?

Si Obama insiste en renegociarlo, la postura más acertada del gobierno sería la de tomar la delantera y promover nuestra agenda: migración, energía, fondos de compensación, la existencia de estructuras supranacionales permanentes. Mi impresión es que Obama puede verse presionado a renegociarlo en función del malestar social, del rescate de la industria automotriz y de los acuerdos que haya realizado con los sindicatos a cambio del apoyo en la campaña. ¿Hasta qué punto llegaría esa renegociación? No lo sé. Incluso todo esto podría diluirse y convertirse en algo similar al agregado que Clinton le hizo al TLCAN en el 93. Lo que sí veo difícil es que no haya nada. El mundo ha cambiado tanto desde el 4 de noviembre, ya ni hablemos desde el inicio de la campaña, que es muy difícil predecir qué va a hacer. Pobre, probablemente él tampoco lo sabe.

¿Y México por qué no? finaliza con una reflexión en torno a cómo la inteligentsia mexicana ha devenido en una especie de comentocracia, donde las acreditaciones intelectuales son más bien cuestionables.

A lo que me refiero es a una ausencia de meritocracia. En México todo mundo opina sobre todo, lo que ha generado un fenómeno muy extraño que no existe en otras partes: el del intelectual sin obra. Personas que no han escrito libros o realizado investigaciones que los acrediten formalmente ocupan espacios importantes de opinión en los medios. Yo no digo que eso sea bueno o malo, simplemente constato que así es. Si tú tomas El Universal, Milenio y Reforma, existe un diferencial de 10 a uno entre la remuneración que perciben los distintos editorialistas. Sin embargo, te reto a que me digas, ateniéndote a un criterio estrictamente visual, quiénes son los más valorados por los periódicos, los que ganan más. A todos se les presenta de la misma forma. ¿Por qué no se refleja su valor visualmente? Porque no hay meritocracia. Es algo muy extraño, porque si bien los periódicos saben las razones por las que les pagan más a unos que otros, la presentación termina siendo plana. Eso es la comentocracia: personas que comparten sin cesar sus opiniones con radioescuchas, televidentes y lectores, pero que rara vez sustentan dichas opiniones en una obra o pericia reconocida merocráticamente. Todas las opiniones terminan valiendo lo mismo. (F)

*El resto de esta charla será publicado en el próximo número de la revista Deep. Las fotos son de Carlos García. Te invito a que conozcas su notable trabajo en GuacamoleProject.com