¿Por qué salvar a la RSE? (ser responsable paga bien)

Por Mauricio González Lara 

En días recientes, Excélsior me entrevistó con motivo de una serie de reportajes orientados a cuestionar la legitimidad y valor de los distintivos de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en México, a la luz de los recientes escándalos corporativos de Wal-Mart, Monex y HSBC.

Las preguntas de Excélsior no tienen desperdicio: ¿Qué tan confiables son estos distintivos? ¿Cuál es el nivel de rigor al que aspiran? ¿Poseen algún valor certificatorio o simplemente son paliativos para el mero lavado de imagen?

Los textos, pertinentes e inusualmente críticos respecto al papel del Centro Mexicano de Filantropía (Cemefi), han generado un notorio debate en diversos foros mediáticos y académicos (*). Varios lectores y colegas incluso han puesto en duda si la Responsabilidad Social genera algún beneficio ulterior a la imagen y las relaciones públicas, tanto para el consumidor como para la propia organización que lo adopta (**).

Los consumidores son cada vez más demandantes. La discordancia entre el mundo de fantasía creado por la ligereza con la que se ostentan  los distintivos y la realidad percibida por la opinión pública plantea un riesgo peligroso: desvirtuar la conveniencia de ser socialmente responsable y descalificar todo esfuerzo  de RSE como una mera acción de relaciones públicas. Peor aún, tal descrédito podría avivar una postura que aún existe entre algunos empresarios conservadores, quienes aún  visualizan a la RSE  como un mero precepto ético consistente en “portarse bien” frente a la sociedad, o como “buenos deseos” ajenos a la rentabilidad  y la generación de valor. Craso error: más allá de una sencilla lógica virtuosa –no hay empresa triunfante sin sociedad exitosa-, invertir en RSE equivale a comprometerse con esfuerzos que tarde o temprano nos serán redituables económicamente.

En aras de colocar al debate en su justa dimensión, rescato seis razones de valor por las que es redituable aspirar a ser socialmente responsables:

1) Fortalece y blinda la imagen de marca. En la era industrial, la empresa era propiedad de sus fundadores, quienes a la vez fungían como sus directores. La empresa era un activo físico, sujeto a las leyes de propiedad material. Hoy el valor de una empresa reside en su propiedad intelectual, en sus patentes, en las habilidades, talento y preparación de la fuerza de trabajo que la compone; es decir, en su marca. La marca lo es todo. Su valor no aparece en los libros contables, pero es quizá el activo más apreciado monetariamente en la posmodernidad. Una marca que se hunde en el descrédito por malas prácticas no puede prosperar en la globalización. Una compañía con una imagen sustentada, así sea de manera parcial, en óptimas prácticas de RSE es una marca que vale más en el mercado y que está mejor protegida ante la posibilidad de una crisis.

2) Genera lealtad en el consumidor. Hay diversos sondeos que aseguran que el consumidor pondera mejor a las empresas socialmente responsables que a las que no cuentan con estas prácticas. Probar que esta ponderación positiva se traduce en mayores ventas, sin embargo, no ha sido tarea fácil. Varios analistas sostienen que la gente tiende a responder positivamente respecto a la RSE porque considera que es lo correcto, pero no necesariamente ejerce ese prejuicio como actitud de compra en el punto de venta, donde inciden otros factores como el gusto y el precio.

El debate se torna estéril si se adopta una visión más amplia de los elementos que confluyen en la creación de una marca. Es decir, la mejor manera de acreditar el valor de la RSE como factor en la decisión de compra es concibiéndolo como un ingrediente integral de la imagen del producto o servicio que se ofrece, y no como un diferenciador único. Si se asume esta aproximación, las ventajas de la RSE frente al consumidor son irrefutables.

3) Contribuye a elevar la moral interna. Una empresa con empleados motivados por lo que hacen es más productiva que una corporación donde se carece de un fin ulterior al económico. Además de que es un motivador que impide la rotación laboral no deseada. La gente trabaja mejor cuando siente que su esfuerzo contribuye al bien de los demás.  Es algo tan evidente que con frecuencia se pierde de vista.

4) Atrae talento. El talento ejecutivo siempre demanda una buena remuneración económica, siempre. Empero, hoy vivimos insertos en una era del conocimiento donde, casi por una cuestión existencial, los ejecutivos talentosos buscan algo más que eso. Una compañía responsable, que destaque por un papel relevante en el cambio social, va a atraer más talento que una empresa ajena a estas preocupaciones. Y contar con ese talento aumenta exponencialmente la innovación en el interior de la entidad organizacional.

5) Mejora la relación con los stakeholders o “partes interesadas”.

La interactividad que supone el proceso globalizador ha consolidado la importancia del stakeholder, o “parte interesada”, término que aglutina a todos aquellos actores que afectan o se ven afectados por las acciones de la corporación en su objetivo de generar riqueza y bienestar, independientemente de que se encuentren vinculados directamente a ella en términos económicos o financieros. Los stakeholders  pueden ser personas que forman parte integral de la organización (accionistas, empleados), personajes externos que están ligados económicamente a ella (clientes, proveedores) o entidades periféricas que influyen en las variables que determinan el contexto en el que se desempeña una empresa (comunidades, ONG´s, políticos). La noción del stakeholder no es muy popular entre algunos hombres de negocios  latinoamericanos, quienes aún ven a la organización como patrimonio exclusivo del propietario, pero su comprensión es vital para medir la dimensión de la empresa en el siglo XXI.

6) Aumenta la competitividad al sintonizar a la empresa con la globalización. La globalizaciónexige más de las corporaciones. Las empresas yano tienen elección, la RSE es un mandato de la sociedadglobal y es algo que deben incorporar por obligación a su cultura corporativa. Si una empresa no respeta los mínimos lineamientos ecológicos, o actúa contra los derechos humanos de sus trabajadores o de terceros, tarde o temprano serállamada a rendir cuentas, lo quiera o no. Una compañíaque cumpla con los parámetros básicos de la RSE será más competitiva en el mediano plazo que una que se niegue a hacerlo. Es tan sencillo como eso, y será algo tan inevitable como hoy es implantar un sistema de CRM o de Balanced scorecard.

Fingir responsabilidad no sólo es más costoso, sino que resulta insostenible en el largo plazo.

(*)Los textos de Excélsior, acá: El doble discurso de las empresas y Certificado in-creíble.

(**) En entregas pasadas definimos a la RSE como una cultura de gestión orientada a conectar directamente a la organización con el desarrollo de la sociedad a través del bienestar de sus integrantes, el respeto al medio ambiente, una relación respetuosa y productiva con su comunidad, y sobre todo, ética en la toma de decisiones.

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