Deficiencias masculinas, cualidades femeninas

Por Mauricio González Lara

El principal aliciente del crimen es el silencio. Va un ejemplo extremo: el poderío de la mafia siciliana en Italia no se explica por la falta de voluntad de los altos mandos para combatir el crimen, ni por la ausencia de descontento social ante la violencia, sino por una dinámica menos evidente, pero no por ello menos real: la Omertà, un código de honor siciliano que, en términos básicos, consiste en una promesa de silencio entre criminales en el caso de ser aprehendidos por las autoridades o por miembros de una pandilla rival externa.

Este código de silencio no solamente es obedecido por miedo a que los capos tomen represalias con el soplón; en realidad, la Omertà es producto de una formación cultural que equipara el silencio con el sentido de pertenencia al grupo social de referencia. Si uno de los miembros habla, es expulsado totalmente de la comunidad; es decir, condenado a una muerte social que hace palidecer a la misma muerte física. Códigos de impunidad como la Omertà existen en todas las disciplinas humanas. En el ambiente empresarial mexicano, el más evidente es el “techo de cristal”, término que hace referencia al tope imaginario que los hombres (esos miembros únicos del “Club de Toby”) le imponen a las ambiciones laborales de las mujeres en los corporativos. El “techo de cristal” no es una regla escrita, pero sí es un código de conducta prácticamente tatuado en la mente de varios mandos mexicanos.  

Según la encuesta nacional de empleo elaborada por el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI), la proporción de mujeres en puesto medios de decisión es de seis a una respecto de sus contrapartes masculinos. Tal desproporción no es por falta de ganas: de acuerdo con la Asociación Mexicana de Mujeres Ejecutivas (AMME), 69% de las mujeres ejecutivas ingresa al mundo laboral antes de cumplir 22 años, 73% ha continuado su formación con diplomados y maestrías, y más de la mitad supera 16 años de desempeño en su trabajo. Asimismo, un estudio de la Asociación Nacional de Escuelas e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) muestra que las mujeres ocupan la mitad de las plazas en las carreras relacionadas con la administración de empresas. La mayoría de las mexicanas sufre aún de diversas formas de discriminación. De hecho, prácticamente se pueden contar con los dedos de una mano a las mujeres en cargos de CEO’ s, o por lo menos en posiciones de peso en los consejos de empresas de alta envergadura (y aquí me refiero a corporaciones 100 % nacionales, por lo que las country managers no aplican), y ese número se reduce aún más si se trata de contar a las que se encuentran ahí sin que haya influido el hecho de que la organización que comandan pertenezca a su familia. No obstante, también es evidente que una significativa porción de la población femenina ha conquistado las gerencias medias y que esta tendencia irá en aumento. ¿Por qué?

En principio, una buena parte de las mujeres nacidas después de la década de los 60 fueron educadas bajo paradigmas de equidad sexual, por lo que ya no compite con los hombres por los puestos ejecutivos de trabajo, sino por alcanzar resultados que le permitan llegar a los cargos directivos. Si bien la discriminación se impone en las altas jerarquías, la masa crítica alcanzada por las mujeres empuja cada vez más alto al “techo de cristal”, con la esperanza de llegar a romperlo totalmente en el largo plazo. Por otro lado, las mujeres cuentan con cualidades que resaltan más en esta “era del conocimiento”.

La muestra más clara de esto se da en la manera en que los ejecutivos socializan en las empresas. Por lo general, el ejecutivo mexicano, en especial el que rebasa los 40 años, adora el protocolo y es exageradamente respetuoso de las jerarquías (le gusta alabar y ser alabado). En el caso de las mujeres, este “jefismo” tiende a desarrollarse con una menor intensidad. El estudio “Ejecutivas: una nueva presencia en los espacios de poder”, elaborado por el Colegio de México, manifiesta que mientras los hombres consideran a su jefe como una clara figura de autoridad con la que hay que consultar cualquier decisión, las mujeres socializan de manera más horizontal, tanto con sus superiores como con sus subordinados. El management moderno apunta precisamente hacia esta clase de interdependencia horizontal, donde la capacidad femenina de socializar sustituye al servilismo que caracteriza a los hombres de las empresas tradicionales. Y es que como bien dice la neofeminista Camille Paglia, autora de Sexual Personae, es “en la misma afabilidad de la mujer donde yace la clave de su enorme poder”.

Es curioso como se entrelazan las cosas. En lo personal, siempre he odiado el “lamebotismo” del protocolo ejecutivo mexicano, al cual identifico con un amafiado corporativismo empresarial contrario a la innovación y la capacidad de cambio ante los desafíos globales. Fue hasta hace poco, gracias al señalamiento de una amiga, que me percaté que esta clase de dinámica es muy masculina: un “Club de Toby” integrado por hombres más preocupados en el ritual autocelebratorio que en promover el talento transgresor necesario para detonar la evolución al interior de sus compañías.

En una empresa plural, sin “techos de cristal” y otras actitudes discriminatorias, la comunicación horizontal y la movilidad son mucho más factibles. Por ello, en verdad no aguanto las ganas de tener una jefa y alejarme de una vez por todas y para siempre de la Omertà masculina, la cual encuentro divertida en los comics de “La Pequeña Lulú”, pero francamente patética en la cotidianeidad laboral.

*Este artículo se publicó originalmente en la revista Deep, en un formato diferente.   Próxima entrega: Grupo Modelo y la desorganización del Coronafest

3 Responses to “Deficiencias masculinas, cualidades femeninas”

  1. Laura Castellanos Says:

    Ojala todos los ejecutivos fueran tan abiertos y profesionales como tú

  2. MIRIAM SUAREZ Says:

    Muy bien Mauricio, apoyo todo lo que dices, y sí, la verdad las mujeres saben ser mucho mejores jefas. En lo personal tengo una jefa muy profesional, ama de casa, mamá de 2 niños y dueña de una agencia de viajes, lo cual me lleva a pensar y valorar el gran trabajo que una mujer actual tiene que hacer para cumplir en todos los aspectos, y lo mejor de todo es que lo hace muy bien.

  3. Yalia Jimenez Says:

    Muy buen artículo y muy real; una mujer en el campo laboral tiene que hacer mil cosas para poder ser reconocida, sin embargo algunos hombres realizan menores labores o tienen menores responsabilidades aun teniendo el mismo puesto y nivel en la empresa; suelen tener más reconocimiento y obtener mayores ingresos por adulación a los jefes. Tambien hay que tomar en cuenta que muchos jefes varones tratan de utilizar el acoso sexual como un medio de “escarlar” niveles en una organización, aunque la mujer tenga más capacidad intelectual, objetiva y conocimientos del negocio que el mismo jefe.

    Gracias por el artículo.
    Gracias

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