Los peligros de la innovación

Por Mauricio González Lara 

La celebrada revista de negocios Fast Company difundió esta semana su tradicional listado de las 50 empresas más innovadoras del mundo, el cual será publicado en su edición de marzo.

El listado, como siempre,  es en extremo interesante.

Los “sospechosos comunes” encabezan la lista (Google como primer lugar, Apple en el segundo); algunas empresas de moda, sobre todo tecnológicas, entran de manera exagerada (¡Facebook en tercer sitio!); otras, consideradas como campeonas en la materia, son visiblemente ignoradas (en particular 3M, una organización que ha perdido buena parte de su legendaria aura innovadora en los últimos años), y hay un notorio desprecio, no sé si en verdad justificado, por las grandes corporaciones latinoamericanas (ni rastro de Cemex y su famoso Cemex Way).

El ranking de Fast Company posee la virtud de que motiva al lector a reflexionar en torno al significado de la innovación y su verdadero valor: una buena parte de las empresas incluidas distan mucho de ser compañías de la Fortune 500. La mayoría son marcas reconocibles, obvio, pero el ranking deja claro que no forzosamente los más innovadores son los más poderosos económicamente, lo que me recordó una plática que sostuve hace ya algún tiempo con Jim Collins, el autor de Built to Last (Empresas que perduran), un clásico que analiza los factores que hacen que una corporación trascienda en el largo plazo.

Collins, como se muestra en este extracto de la charla, es un escéptico del valor de la innovación total.

Usted ha dicho que la “innovación total” es con frecuencia un pasivo. ¿A qué se refiere con eso?

Mi corazón está con los innovadores, pero casi nunca son las compañías sobresalientes. La única excepción en la que puedo pensar es el caso de Intel y el microprocesador. Veamos los casos de Microsoft y Apple. Soy un admirador tanto de Steve Jobs como de Bill Gates, pero es claro que Apple fue el innovador. En los 80, Microsoft le copió todo a Apple y, no obstante, desde 1986 Microsoft ha superado a Apple en términos casi exponenciales.

Llevemos el debate a otras áreas. PSA y Southwest. ¿Quién invento los nuevos modelos? PSA. ¿Quién domina hoy? Southwest. ¿Quién invento la industria biotecnológica? Genentech, pero hoy casi todas las demás compañía del ramo la superan. Lo peor es que con el paso del tiempo el innovador no sólo se queda rezagado, sino que también pierde el crédito de sus hallazgos. La mayoría de las personas creen que Southwest revolucionó a las aerolíneas, pero si investigas bien a la industria, descubres que Southwest no sólo copió, sino que copió modelos que ya eran en sí copias de otros modelos. Lo mismo sucede con la tecnología. Si bien lo sofisticó a grados de excelencia, Google no inventó el buscador. Con Apple pasa algo similar: si bien Jobs es un genio, no hay que olvidar que copió modelos como el de Xerox.

Retomemos el caso de Intel. Una vez en una entrevista le preguntaron a Andy Grove cuál iba a ser la “próxima gran cosa” que iba a revolucionar al mundo, a lo que contestó: “ésa es una manera muy peligrosa de pensar.” Y contestó eso porque sabe que cuando el microprocesador deje de ser “la gran cosa”, entonces se creará un margen de maniobra en el que Intel puede dejar de ser líder. Incluso si Intel inventa esa “gran cosa”, las posibilidades de que llegue alguien más que tome esa innovación y la inserte en un esquema de negocio más lucrativo son más grandes a que sea la misma compañía de Grove la que se beneficie de ello.

Microsoft debe pensar algo similar cuando le preguntan cuál será “la próxima gran cosa” después del Windows.

Seguro. Debe de decir algo así como que “el windows no sólo es la gran cosa, sino que es la cosa verdaderamente grande”. Ja ja ja. ¿Para qué construir otra? No sería sabio en términos estratégicos. Ser demasiado innovativo puede ser peligroso.

Conclusión

Collins, quien estará presente en ExpoManagement 2008, tiene un buen punto: no necesariamente los creadores de un concepto iconoclasta son los que al final del día se quedan con el predominio del mercado. Sin embargo, me parece que su visión del fenómeno puede prestarse a malas interpretaciones: la innovación no se restringe a inventar productos o esquemas de negocio, sino a pensar lateralmente en toda la organización.

No se trata de inventar “una gran cosa” cada semana, sino de abordar con nuevas perspectivas los pequeños problemas que aquejan a una empresa todos los días, y que pueden ir desde mejorar el servicio al cliente a una sencilla reducción de costos. Quizá esos triunfos no sean tan espectaculares como para figurar en Fast Company, pero estoy seguro que es la suma de esas pequeñas innovaciones la que termina marcando la diferencia entre lo efímero y lo permanente, entre la mera moda y la tan ansiada trascendencia. (F)

One Response to “Los peligros de la innovación”

  1. Everardo Cruz Says:

    Esto suena muy bien en la teoria, pero en la práctica no creo que las empresas de México sean muy tolerantes con el pensamiento laterla y los nuevos enfoques. Innovar aquí en México es peligroso porque lo mas seguro es que tu jefe te robe la idea o busque despedirte. Lo siento. Esa es la verdad.

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