Obama y Mouriño: sueño y pesadilla

Por Mauricio González Lara

Hace ya algún tiempo, Esteban Moctezuma, secretario de Gobernación en el sexenio de Ernesto Zedillo y presidente de Fundación Azteca, me exponía en una entrevista su firme creencia de que el avance de una nación estaba atado intrínsecamente a lo que él denominaba como la “reproducción de la ideología”; es decir, a la capacidad de reciclar con frescura e innovación los elementos centrales que componían al proyecto de la sociedad en cuestión. Por ello, argumentaba Moctezuma, el éxito de Estados Unidos obedecía precisamente a la manera en la que reproducía su ideología y generaba consensos internos respecto a ésta. México, por el contrario, no sólo carecía de mecanismos para generar acuerdos en función de una ideología triunfadora, sino que reproducía mensajes que reforzaban la inmovilidad y el pesimismo.

A manera de ejemplo ilustrativo, va una dinámica que siempre me ha llamado la atención: mientras que en las series y películas estadounidenses el trabajo es lo que define y valida al protagonista (sea éste forense, abogado, policía o barman), en el entretenimiento mexicano el comportamiento de los personajes no se dibuja en torno a su profesión (en las telenovelas, de hecho, nunca nadie trabaja), sino a su clase social (uno es rico o pobre, punto), la cual casi siempre está predeterminada desde el nacimiento. En una telenovela mexicana, la única forma en que un pobre puede convertirse en rico es descubriendo que en realidad es la hija o hijo abandonado de una familia rica, o ya en casos excepcionales, ganando la lotería, como le sucede a Huicho Domínguez en “El premio mayor”. El esfuerzo y el trabajo no son valorados, ya que en un país tan desigual como el nuestro, no representan mecanismos de progreso tan eficaces como la transa o la prosapia.

La cultura popular mexicana refleja ese estado de las cosas y, en un círculo vicioso, lo alienta al darlo por hecho en sus narrativas telenoveleras.

Obama, the american dream

¿Quién podría argumentar que el triunfo de Barack Obama no es, por sí solo, una demostración de la capacidad gringa de reinventar y reproducir su ideología? A menos de 50 años de la existencia de estados segregados, el sueño se ha materializado: un negro de clase media es hoy el hombre más poderoso de la Unión Americana.

Obama recibe un país desgastado por los numerosos excesos conservadores cometidos durante ocho años por la administración de George W. Bush, y que incluyen, entre otras joyas, una aguda crisis económica, varios intentos de imponer la teoría creacionista como historia oficial en el sistema educativo público, la irracional ocupación de Iraq y numerosas violaciones a las garantías individuales perpetradas en nombre de la lucha antiterrorista.

El panorama luce desfavorable. Sin embargo, a diferencia de hace unos cuantos meses, el pueblo estadounidense es hoy un pueblo esperanzado; no porque alguna celebridad al estilo de Galilea Montijo o Gloria Trevi se lo indiquen en algún promocional televisivo, sino porque su optimismo parte de una base verificable: la viabilidad de obtener triunfos concretos que supongan una mejor calidad de vida -o sea, la movilidad social-, es posible y se refleja luminosamente en la figura de su actual presidente electo.

Mouriño, the mexican nightmare

El mismo día que Estados Unidos regeneró su esperanza, México reafirmó su pesimismo. El pasado 4 de noviembre, en sincronía con el ascenso de Obama, los medios mexicanos reportaban al anochecer la muerte de Juan Camilo Mouriño, así como las de otras ocho personas que lo acompañaban, incluido José Luis Santiago Vasconcelos, extitular de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO).

La avioneta donde viajaba el secretario de Gobernación se desplomó en la zona de Periférico y Montes Urales, provocando caos y desconcierto en la ya de por sí conflictiva capital mexicana. Además de ser una tragedia que ha cimbrado a la nación, la muerte de Mouriño se ha prestado a múltiples conjeturas, las cuales se pueden resumir en dos hipótesis: ¿accidente o atentado?

No sé cuál vaya a ser el saldo de las investigaciones encabezadas por Luís Téllez, Secretario de Comunicaciones de súbito transformado en Sherlock Holmes. Tampoco creo que en verdad importe, pues la psique colectiva mexicana ya emitió su veredicto: atentado. Porque parece mentira, nos dice el novelista Daniel Sada, la verdad nunca se sabe. ¿Qué mejor acreditación para tal pensamiento que un siniestro como el de Mouriño (quien como secretario de Gobernación era el responsable simbólico de la lucha contra el crimen organizado)? ¿Quién podría creer, bajo esas circunstancias, que su muerte fue un mero accidente, más allá de que haya sido así? ¿Acaso el narcotráfico no puede disponer de quien sea en el momento que sea, incluido el secretario de Gobernación?

Repito: no se trata de afirmar o negar hipótesis, sino de señalar lo que piensa la población, lo que no necesariamente significa que el vox populi esté o no en lo correcto. Ahora bien, es menester decirlo: el principal responsable en reproducir la noción de que la muerte de Mouriño es consecuencia de un atentado ha sido el mismo Felipe Calderón, quien además de rendirle a su amigo funerales de Estado propios de un mártir de la patria, ha desdoblado un duelo agresivo y reivindicatorio que se antojaría totalmente fuera de lugar si el Presidente estuviera genuinamente convencido de la hipótesis del accidente. El ritual mismo manda el mensaje de que fue un atentado. ¿O es que acaso el perfil jurídico del nuevo secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, no opera como una reafirmación de que, pese a las bajas, la guerra sigue?

En otro contexto, la vida de Juan Camilo Mouriño sería considerada como un encomiable caso de éxito: pese a poder haberse dedicado a una labor empresarial mucho más redituable que el servicio público, “Iván”, como lo apodaba cariñosamente su familia, decidió abandonarlo todo en pos de un sueño: llevar a Felipe Calderón a la presidencia y, ya como secretario de Gobernación, servir a su patria. En el contexto mexicano, empero, su muerte, por más que se quiera pretender lo contrario, se da bajo una lógica distinta. Cuestionado desde diversos frentes por su pobre interlocución política y supuestos conflictos de interés entre su función pública y las empresas de su familia, Mouriño distaba de ser un Secretario de Gobernación popular. Es más, durante los días que precedieron su muerte, varios columnistas especulaban con intensidad sobre su futuro reemplazo.

¿Qué es verdad y qué es mentira? De nueva cuenta, no importa: el mensaje que se da en los hechos, la ideología que se propaga, es que el servicio público es sinónimo de sospecha y ruindad; que las tragedias, cuando no quedan impunes, se transforman en “accidentes” que no son creíbles para nadie, ni siquiera para el presidente; que servir a México sale muy caro, y que los costos finales para aquellos valientes que quieran cambiar las cosas son la ignominia, el descrédito y la muerte. Esa es la verdadera tragedia detrás del deceso de Juan Camilo.

México, no cabe duda, está urgido de victorias. Ojalá las encuentre pronto; mientras tanto, no queda otra opción más que envidiar a los gringos. (F)

Futuras entregas:

*Los Intocables: una charla con Jorge Zepeda Patterson, periodista y director editorial entrante de El Universal

*Entretenimiento y crisis, una charla con Mark Shapiro, CEO de Six Flags

*El turismo del futuro

*Conferencias y promoción de RSE

4 Responses to “Obama y Mouriño: sueño y pesadilla”

  1. Strika Says:

    Desafortunadamente el triunfo de Obama se vio opacado por este suceso. Quizá fue una especie de recordatorio de que no hay que andar viendo al vecino y mejor hay que ocuparse de los problemas propios.
    Saludos
    Muy buenos tus textos.

  2. marichuy Says:

    Mauricio

    Coincido con Strika, los mexicanos estamos tan urgidos de triunfos propios, que nos consolamos con los ajenos… hasta que un golpe seco nos vuelve a nuestra triste realidad doméstica.

    Y también concuerdo contigo: el dictamen final sobre el avionazo no tendrá la menor importancia, la vox populi, alimentada por las propias contradicciones entre los decires de Luis Tellez y Felipe Calderón, difícilmente modificará su veredicto.

    Lo ocurrido es grave por donde se le mire: si fue accidente, es una pésima señal para la ciudadanía, pues si el responsable de la seguridad nacional no tiene seguridad… los demás ciudadanos estamos en la absoluta indefensión. Y si fue atentado, entre otras lecturas, está la de contradecir, again, el ufano “vamos ganando la guerra contra el crimen organizado”.

    Un abrazo

  3. ana paula steck Says:

    “¿Qué es verdad y qué es mentira? De nueva cuenta, no importa: el mensaje que se da en los hechos, la ideología que se propaga, es que el servicio público es sinónimo de sospecha y ruindad; que las tragedias, cuando no quedan impunes, se transforman en “accidentes” que no son creíbles para nadie, ni siquiera para el presidente; que servir a México sale muy caro, y que los costos finales para aquellos valientes que quieran cambiar las cosas son la ignominia, el descrédito y la muerte. Esa es la verdadera tragedia detrás del deceso de Juan Camilo.”

    Mauricio: este último párrafo tuyo me parece vital como serio referente para el análisis. ¿Servir a México sale muy caro? ¿Será por eso que se despachan con la cuchara grande? ¿Y ya en calidad de mártir quedar del todo exonerados? Héroe por accidente, así ha quedado Mouriño. ¿Y el zar antidrogas, no les parece una actitud majadera y anti-institucional el trato segundón a Santiago Vasconcelos? En esta lucha feroz vs el crimen organizado, lo poco y tan cacareado que se ha logrado ha sido gracias a él. Esperemos que Calderón eche mano de un buen trabajo de inteligencia previo, antes de seguir desatando absurdas guerras que ahora causan bajas de su lado. Nunca tendremos la certeza de aquel súbito desplome, y menos en este país acostumbrado a medias verdades o mentiras completas; eso sí, fue evidente que a ambos los pusieron en bandeja de plata.

    Qué lástima que en México no nos pudimos unir del todo a la ruidosa e histórica celebración que generó el triunfo de Barack Obama a nivel internacional. Amigos en Estados Unidos me decían que con solo abrir la puerta de la casa se escuchaban los vítores en las calles, todos vueltos locos de felicidad. United States of Obama, así se llaman ahora. Poderoso mandato para un corto cuatrienio. No habrá tiempo para voltear a vernos. Obama desea ante todo recuperar la casa. México debe diseñar pimero un proyecto sólido de política exterior, al tiempo que tiene la interior destrozada.

    Hasta la próxima lectura y espero con interés la charla con Zepeda Patterson. ¿Intocables?

  4. Kiquin Vallejos Says:

    Finalmente y solo para redondear tus atinados comentarios Mauricio. Considero que emitir una opinión entorno a la muerte de Juan Camilo Mouriño, desde las dos alternativas: accidente o atentado, no tiene mayor trascendencia, porque el análisis de los “expertos” internacionales en aeronáutica y accidentes aéreos, siempre será desde un punto de vista técnico y sobretodo teórico.

    Hasta este momento no hemos escuchado que vengan a México “expertos” en temas de espionaje o sabotaje del narco o la delincuencia a las autoridades. Y qué no hemos esuchado antes de atentados de este tipo en Colombia por ejemplo (Pablo Escobar)? Virginia Vallejo, quien se viera involucrada en una relación amorosa con él, aseguraba en su libro “Amando a Pablo, Odiando a Escobar” que los avionazos le hacían recordar a Pablo…

    En fin, creo que el tema no es definir si la muerte de JCM fue accidente o atentado, lo que valdría la pena sería analizar las condiciones actuales de la política nacional, la inseguridad que se vive en México en TODOS LOS NIVELES, la cantidad de atentados a altos mandos de justicia y muertes de la sociedan civil que se dan, principalmente en el norte del país (Cd. Juárez, Tijuana, etc.) y los múltiples secuestros de cualquier clase que hoy experimentan todos los niveles y estratos de la sociedad. Esto, realmente nos indicará que ya sea accidente por cuestiones de corruptelas o manejos en las licitaciones, o atentado por algún Pablo Escobar mexicano, igualmente las condiciones se dan para que sean ambos, incluso seguramente así lo fue.

    Gracias como siempre y también te felicito por la entrevista a Shapiro (Six FLags). No se la pierdan.

    Kiquin

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