Los monopolios muerden, una charla con Jorge Castañeda

Por Mauricio González Lara  

Si tomamos como parangón el pensamiento wildeano de que el tamaño de un hombre se mide en función de las dimensiones de sus enemigos, Jorge Castañeda, exsecretario de Relaciones Exteriores y uno de los más destacados analistas de Latinoamérica, debe sentirse libre de todo complejo: sin duda es uno de los personajes claves del México contemporáneo.

La inteligencia provocadora de Castañeda es su principal virtud: a diferencia de la medianía especuladora con la que se conduce el grueso de la clase intelectual mexicana, Jorge nunca renuncia a la audacia ni a la propuesta iconoclasta. Su libro más reciente, ¿Y México por qué no? (FCE, 2008), coescrito con Manuel Rodríguez W, no es la excepción: la obra es un ensayo orientado a sacudir la complacencia con la que México ha permitido la concentración excesiva de poder en casi todas las esferas de la vida nacional. Esta es parte de la charla que sostuvimos con él a propósito de la publicación del libro.

La movilidad en México es reducida, sea en el sector empresarial o el político. Los “mexican dreams” son excepcionales.

Por desgracia, eso es bastante cierto. No quiere decir que no haya ejemplos de “mexican dreams” en los ámbitos político, empresarial, intelectual o artístico, pero en términos generales, mi impresión es que México es una sociedad con menos movilidad que otras. No sólo me refiero a los países ricos, sino incluso a naciones como Brasil. Esto no siempre fue así. De hecho, es un fenómeno que se ha venido dando en los últimos 40 años. Antes había más movilidad tanto al interior de las élites como de abajo hacia arriba. Es complicado entrar al mercado en México. Montar una start up es muy difícil. El círculo de los grandes empresarios es muy cerrado; el de los grandes intelectuales está todavía más cerrado, y en ciertos sentidos, la clase política está más cerrada que nunca. En el ámbito político se dio una apertura PAN/ PRD hace 20 años, pero en primer lugar, los del PRD eran del PRI, y los del PAN ya estaban. Esto explica el carácter perenne de algunos políticos como Porfirio Muñoz Ledo, quien ha estado presente 40 años en la arena política. Manuel Camacho es otro ejemplo. Más allá de las personas, lo que importa es que son los mismos. En ese sentido, México es un país un poco congelado.

En el libro abordas la idea de desincorporar a Telmex. Tus argumentos me recordaron a los que daba la administración Clinton cuando intentó desincorporar a Microsoft. Gates le dio la vuelta a eso orientándose a la Responsabilidad Social. Siento que Slim está tomando el mismo camino, sobre todo desde que lo nombraron el hombre más rico del mundo.

Pero Gates se entregó por completo a eso. Le pasó prácticamente toda su fortuna a la fundación que lleva con su esposa Melinda, a la vez que se desentendió del día a día de Microsoft. No estoy diciendo que el ingeniero Slim, que es muy generoso en muchos sentidos, deba hacerlo. Pero eso no lo ha hecho. El que lo hayan nombrado como el hombre más rico del mundo no le hizo ningún bien. Hasta él mismo ha dicho que esa creencia es producto de una fórmula de cálculo equivocada. Y quizá tenga razón. Pero lo cierto es que hay un sentir antimonopólico en el país, quizá más presente en los medios que en la opinión pública amplia. Existe y permea cada vez más. Así sea de manera muy lenta, el reclamo comienza a forjar su propio camino, y ese camino pasa forzosamente por Telmex. Es probable que a estas alturas, como afirma el mismo Slim con sólidos argumentos económicos y técnicos, ya exista más competencia en el sector de telecomunicaciones que en otros rubros. Puede que esté en lo cierto, pero el tema ya es otro: por su naturaleza emblemática, no habría una acción antimonopólica creíble en el país que no incluyera a Telmex.

No quisiera limitarme estrictamente a los monopolios empresariales; tenemos monopolios mediáticos, políticos, sindicales, intelectuales, en fin, la concentración de poder en México es excesiva en todos los sentidos de la palabra. Los hombres que detentan ese poder, como sucede con Slim, empiezan a reaccionar, lo que es bueno. Ahora, a mí lo que me gustaría más es que todas estas dinámicas no se quedaran en un mero asunto de opinión o percepción pública, y que redundaran en el establecimiento de un marco regulatorio más severo, ágil y contundente. Pero bueno, no ha sucedido así.

Para que eso suceda se requiere de un apoyo más visible de la sociedad civil.

Desde luego. Yo le tengo un gran respeto y afecto a Eduardo Pérez Mota, el director de la Comisión Federal de Competencia (Cofeco), pero lo cierto es que su organización carece de constituency, es decir, de base social. La Cofeco podrá hacer muy bien su trabajo dentro de los límites que le fija el marco regulatorio, pero el gran problema es que no existe una sociedad civil que luche por esos temas. Simplemente no está. Y al no estar, pues todo depende de la coyuntura y la habilidad con los personajes involucrados defiendan sus intereses.

En el texto mencionas el incidente de Santiago Creel con Televisa. Si Fox News hubiera borrado la imagen de un legislador estadounidense, al otro día se hubieran suscitado protestas y renuncias forzadas. Aquí, en cambio, las reacciones fueron reducidas.

No pasó totalmente inadvertido porque Reforma lo cachó, tarde, pero lo cachó, y eso motivó a que luego se suscitara un miniescándalo y Televisa invitara a Creel. Ahora, lo cierto es que los vetos a Creel, Javier Corral y hacia mí se mantienen. ¿Por qué? ¡Pues porque sí! Ellos no entienden que no pueden utilizar ese espacio público así. Al contrario, creen que para eso es: para ganar dinero y para dirimir sus pleitos personales. Y en efecto, parece que nadie hace nada.

¿Por miedo?

Yo no creo que sea por miedo. Bueno, los partidos sí tienen miedo de meterse con los empresarios y los medios porque saben que van a necesitarlos. Pero la gente no tiene miedo, lo que pasa es que está desorganizada y no considera pertinentes esos temas. Entonces, si a la concentración excesiva de poder le sumas la desorganización de la sociedad civil, más la ausencia de un adecuado marco regulatorio interno, más la ausencia de un marco regulatorio internacional que se aplique a México satisfactoriamente, con la salvedad de algunos aspectos del TLCAN, pues todo el conjunto produce una gran inmovilidad. Microsoft quizá no fue obligado a la desincorporación en Estados Unidos, pero se creó un marco regulatorio supranacional que frenó la tentación monopólica a propósito del Windows en la Unión Europea. Eso no ha pasado aquí.

La crisis económica podría provocar un descontento generalizado que movilizara a la sociedad. Pienso en los bancos, por ejemplo.

Quizá. El mismo Pérez Mota y Santiago Levy también comparten la opinión de que la crisis económica podría provocar esa catarsis. En el sector bancario podría suceder algo interesante. Hasta ahora, salvo las protestas contra las tasas de interés en las tarjetas de crédito, no ha habido una reacción de la sociedad ante la banca porque no se ha dado un descalabro mayor. En México no hemos visto casos como el de Madoff, Lehman Brothers o Bear Stearns. Espero que no los haya.

Pero la cartera vencida se va a disparar.

Eso sin duda. Y quizá suceda algo en el sector hipotecario. No estoy seguro, pero tengo la impresión de que hay más hipotecas de tasa variable de lo que se quiere aceptar. Y aún sin tasa variable: simplemente la gente que pierda su empleo va a experimentar serias dificultades para mantenerse al día en los pagos de la hipoteca. Hubo mucha gente que tuvo acceso a créditos hipotecarios en los últimos años. Quizá eso genere una reacción contra la banca que promueva una vigilancia más cercana para reducir las tasas de intermediación, o incluso el enorme spread que vemos entre la compra y venta en el tipo de cambio, y que no tiene el menor sentido para el consumidor. Quizá la crisis ayude a que la sociedad se movilice contra la concentración de poder. Aunque podría ser al revés: el PRD y la izquierda son perfectamente capaces de buscar un acomodo con los monopolios al inventar que todo es culpa del neoliberalismo, y como al neoliberalismo se le vence con una revolución que nunca se hace, pues dejar las cosas exactamente como están.

El PRD, con toda su estridencia, jamás propondría una acción antimonopolio contra Telmex.

Jamás. No se atreverían nunca. ¿Para qué? Van a necesitar esa lana para sus próximas campañas.

¿Se trata de rescatar al capitalismo de los capitalistas? ¿De preservar el libre mercado actuando contra los monopolios que lo ahogan?

Creo que casi toda la gente sensata en el mundo parte de la asunción de que, por lo menos en el futuro cercano, va a ser muy difícil que surja una alternativa a la economía de libre mercado y la democracia representativa. Lo preferible entonces es que lo que tenemos funcione lo mejor posible. A lo largo de los últimos 100 años el capitalismo ha mostrado una notable capacidad de reforma y reinvención. El capitalismo ha experimentado varias reestructuraciones de fondo. No sólo ha sido, como ahora se cree, el keynesianismo de la gran depresión y el estado de bienestar, sino que se han dado varios cambios de fondo en distintas etapas y diferentes países. Hoy estamos viendo el principio de una nueva readaptación del capitalismo, y en el caso particular de México, uno de los temas de esa readaptación son los monopolios.

¿Habrá renegociación del TLCAN una vez que asuma Obama?

Si Obama insiste en renegociarlo, la postura más acertada del gobierno sería la de tomar la delantera y promover nuestra agenda: migración, energía, fondos de compensación, la existencia de estructuras supranacionales permanentes. Mi impresión es que Obama puede verse presionado a renegociarlo en función del malestar social, del rescate de la industria automotriz y de los acuerdos que haya realizado con los sindicatos a cambio del apoyo en la campaña. ¿Hasta qué punto llegaría esa renegociación? No lo sé. Incluso todo esto podría diluirse y convertirse en algo similar al agregado que Clinton le hizo al TLCAN en el 93. Lo que sí veo difícil es que no haya nada. El mundo ha cambiado tanto desde el 4 de noviembre, ya ni hablemos desde el inicio de la campaña, que es muy difícil predecir qué va a hacer. Pobre, probablemente él tampoco lo sabe.

¿Y México por qué no? finaliza con una reflexión en torno a cómo la inteligentsia mexicana ha devenido en una especie de comentocracia, donde las acreditaciones intelectuales son más bien cuestionables.

A lo que me refiero es a una ausencia de meritocracia. En México todo mundo opina sobre todo, lo que ha generado un fenómeno muy extraño que no existe en otras partes: el del intelectual sin obra. Personas que no han escrito libros o realizado investigaciones que los acrediten formalmente ocupan espacios importantes de opinión en los medios. Yo no digo que eso sea bueno o malo, simplemente constato que así es. Si tú tomas El Universal, Milenio y Reforma, existe un diferencial de 10 a uno entre la remuneración que perciben los distintos editorialistas. Sin embargo, te reto a que me digas, ateniéndote a un criterio estrictamente visual, quiénes son los más valorados por los periódicos, los que ganan más. A todos se les presenta de la misma forma. ¿Por qué no se refleja su valor visualmente? Porque no hay meritocracia. Es algo muy extraño, porque si bien los periódicos saben las razones por las que les pagan más a unos que otros, la presentación termina siendo plana. Eso es la comentocracia: personas que comparten sin cesar sus opiniones con radioescuchas, televidentes y lectores, pero que rara vez sustentan dichas opiniones en una obra o pericia reconocida merocráticamente. Todas las opiniones terminan valiendo lo mismo. (F)

*El resto de esta charla será publicado en el próximo número de la revista Deep. Las fotos son de Carlos García. Te invito a que conozcas su notable trabajo en GuacamoleProject.com

4 Responses to “Los monopolios muerden, una charla con Jorge Castañeda”

  1. Miguel Reyes Says:

    Estimado Mauricio,
    Muy buena entrevista. Luego escucho al señor Castañeda en la radio y nunca habla de estos temas.
    Feliz 2009 a los dos

  2. Luis Frost Says:

    hola, muy interesante entrevista al villano favorito de muchos.
    siempre leo tu blog pero me decidí a comentar al fin por una razón innoble, corregirte: el exsenador y presidente de la Amedi no se llama Javier del Corral sino Javier Corral.

    Saludos

  3. Mauricio González Lara Says:

    Gracias Miguel.
    Gracias Luis. Enmendado está. Encantado de que señales esas cosas. No sé por qué con el pobre Javier siempre le pongo “del”. Y bueno, ya aprovechando, para mayor referencia para los lectores, Javier Corral fue el artífice de muchos esfuerzos legislativos orientados a regular a los medios; razón del supuesto veto. Para conocer más: www.javiercorral.org

  4. Fernanda Says:

    Castañeda es un hombre inteligente que le tocó bailar con la más fea por el atentado al WTC, pero igual y si no pasa eso hubiéramos tenido the whole enchilada, y no los tacos sudados que tenemos ahora con los Estados Unidos.

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