Calderón, los empresarios y la telenovela nacional

Por Mauricio González Lara

En estos días, Televisa, el grupo de medios de comunicación más grande de habla hispana, celebra con bombo y platillo los primeros 50 años de existencia de las telenovelas, un género que si bien en términos estrictos no fue inventado en México, sí fue perfeccionado, popularizado y comercializado local e internacionalmente por la televisora a grados de éxito que se antojan casi insólitos. La importancia alcanzada por las telenovelas es en extremo palpable en nuestro país, donde, sin afán de exagerar, han desempeñado un rol superlativo en la cultura popular de las últimas cinco décadas. Al pueblo mexicano le encanta verse reflejado en los arquetipos melodramáticos de los también llamados culebrones, donde ser pobre es bueno, ser rico es malo, sólo los villanos son adúlteros y el amor siempre triunfa.

Para algunos, las telenovelas han cumplido con excelencia su función de entretenimiento (una labor social de los medios, quizá la principal); para otros, son el alimento de un conformismo cultural que poco tiene de responsable. Carezco de argumentos para pronunciarme a favor de una dirección u otra, pero lo que sí sé es que en México tendemos a decodificar la realidad en términos narrativos muy simplones, parecidos, en exceso, a los de las telenovelas. Así nos sucedió en el 2006, cuando muchos interpretaron, o decidieron interpretar, el encono electoral como una lucha entre derechistas e izquierdistas, entre “yunquistas” y “chavistas”, o peor aún, entre el “bien” y el “mal”, o el “mal y el “bien” (dependiendo de la tendencia de cada lector).

No hay grises ni medios tonos en México. Si todo lo vemos en blanco o negro, cómo entender al otro, cómo alcanzar consensos que permitan crear una meta común que permita avanzar en lo esencial a la nación que componemos todos, más allá de las diferencias ideológicas. Es un problema serio que se da en todos los niveles, incluido, desde luego, el empresarial. Y no me refiero a la proverbial tendencia al interior del grueso de la comunidad ejecutiva de denostar casi por reflejo cualquier proyecto de izquierda, una dinámica tan maniquea como la que muestran algunos activistas de izquierda en su afán de conceptuar a los hombres de negocios como un grupo de ambiciosos explotadores, sino a una tan común, tan inmanente a la personalidad nacional, que ya ni siquiera es registrada por los grandes empresarios: la de echarle la culpa de todos los males del país al gobierno en turno, como si la conducción de México no fuera responsabilidad de todos sus líderes, y en especial de los empresariales, quienes son los que a fin de cuentas cargan con la obligación de generar riqueza, y no sólo utilidades. En efecto: la clase empresarial del país abunda en descalificaciones cuando se trata de señalar los males de la clase política, pero cuando se trata de asumir responsabilidades, la autocrítica brilla por su ausencia, como si el quehacer nacional fuera una telenovela en la que sólo existen buenos y malos, pero no coautores del mismo melodrama.

El botón de muestra más reciente de esta dinámica lo constituyen las reacciones al discurso pronunciado por el presidente Felipe Calderón Hinojosa el pasado 21 de septiembre, en el marco de una comida que sostuvo con los personajes que a juicio de la revista Líderes Mexicanos, propiedad de Jorge y Raúl Ferráez, son los “300 líderes” más importantes del país, y donde estaban concentrados intelectuales, deportistas, periodistas y empresarios (sobre todo empresarios). Al final del artículo doy los links en texto, video y audio a la versión completa del discurso, por lo que me limitaré a reproducir algunos de los puntos más controversiales:

Hay generaciones y sus minorías selectas que nunca se asumen corresponsables de su tiempo. (…) Cuántas veces en nuestro México se ha roto nuestro tiempo, cuántas veces hemos perdido, cuántas crisis económicas en nuestro México reciente han mandado a más de la mitad de los mexicanos a la miseria otra vez. (…) Cuántas fortunas se han construido sobre la sangre y sobre el dolor de esa mitad de mexicanos. (…) Cada uno de ustedes tiene algo qué hacer, porque cada una y cada uno de nosotros tuvo más oportunidad en este México quebrado por el dolor de la injusticia y la desigualdad. Tuvo mucho más posibilidades que cualquier otro, tuvo más posibilidades que una niña que ni siquiera llegó a los dos años de edad en la montaña de Guerrero. Tuvo más oportunidades que un tarahumara en la Barranca del Cobre, tuvo más oportunidades que una joven en las orillas de Chimalhuacán que ha sido prostituida a sus 13 años en La Merced en la Ciudad de México. (… ) Allá afuera, hay un México, ciento cinco y pico millones de mexicanos esperando a ver a qué horas hay una fuerza nacional capaz de entenderse y hablar. Yo los invito a ser congruente entre lo que soñamos, decimos y hacemos y, sobre todo, a creer y a creer firmemente en México, a transformarlo, a hacerlo, a transformarlo con audacia, con fuerza, a ser capaces de responder y de rebasar los límites de lo humanamente esperable, los límites de lo conservador, de lo sensato, de lo prudente (…) Así que, amigas y amigos, transformemos a México y entonces sí nos llamaremos líderes del país.  

Cuando leí por primera vez el discurso, me pareció impecable: a diferencia del tono cursi y facilón de su imaginería de campaña (¡esos arranques a la Miguel Angel Cornejo sobre el México panbolero y ganador de la la sub-17!), este mensaje no sólo se destacaba por su limpieza retórica y franca emotividad, sino porque, a su manera, conminaba a las clases dirigentes a dejar de actuar como si estuvieran inmersos en una telenovela, para en cambio concebirse como músicos centrales en un esfuerzo compartido, en una “sinfonía”. En un inicio, el discurso fue aplaudido y elogiado en la mayor parte de los medios de comunicación; sin embargo, para mi sorpresa, a casi un mes de distancia y tras haber hablado personalmente con ocho de los empresarios listados en el ranking de Líderes Mexicanos, así como con varios de los intelectuales y periodistas citados en éste (y que a su vez han hablado con otros hombres de negocios), puedo afirmar categóricamente que un sector amplio de los asistentes lo tomó como un regaño del que aún no se recuperan.

Hay, claro, excepciones (Claudio X. González Guajardo y Esteban Moctezuma me externaron, por ejemplo, que era lo mejor que le habían escuchado al presidente), pero para expresarlo en palabras de uno de los asistentes que me pidió, por obvias razones, no revelar su nombre, “uno no puede ir en contra de sus aliados”. Y es que para ciertas castas empresariales, el discurso de Calderón es el golpe más reciente en una serie ofensiva que comenzó con la reforma fiscal (con el famoso IETU y la intentona de eliminar la deducibilidad de las donaciones filantrópicas), siguió con las desavenencias con los medios de comunicación electrónicos a causa de la reforma electoral (y que puso a pensar a otros sectores sobre la viabilidad de ciertos privilegios que siempre han dado por sentados en materia de libre competencia), y ahora se consolida en una especie de “reproche moral” por parte del ejecutivo.

En la clásica visión telenovelera del “quehacer nacional”, un presidente panista debería tener como aliados incondicionales a los principales empresarios de la nación; en el México real, sin embargo, hoy las dos partes son aliados distantes. La pregunta es: ¿qué escenario es el que le convendrá más al país? Al tiempo. (F)

Para descargar el MP3 con el audio completo, haz click “aquí

Para leer la transcripción completa, sólo da un click “aquí

Y para ver video con los “highlights”, haz click “aquí

Próxima entrega: Radiohead destruye el CD

7 Responses to “Calderón, los empresarios y la telenovela nacional”

  1. Dafne Tovar Says:

    Coincido totalmente contigo. Efectivamente, la realidad social y política de nuestro país parece ser un retrato estricto de cualquier telenovela que podamos escoger incluso al azar. El maniqueísmo es el referente común de todos nuestros actores, buenos vs. malos, populismo vs. democracia, nacos vs. fresas. El reflejo de una sociedad polarizada, y desordenada.
    Algunos nos vienen con soluciones francamente “telenovelescas”, como olvidar el Acuerdo Nacional para la Unidad; el reparto parecía escogido por Carla Estrada, teníamos a Slim, a Barraza, Molina, e incluso a Emmanuel!

    El discurso de Calderón fue bueno, su alusión a la mediocridad fue muy atinada únicamente para los “líderes” del país. Después de todo, Clase 406 fracasó y muchos pobres le dieron la espalda al Peje, precisamente porque el personaje del “pobre” es deseable para muy pocos y referencia de superación para muchos.

    Felicidades Mauricio!

  2. Mario Quiñones Says:

    No recuerdo haber visto esto en las noticias. Calderón se ve un poco agitado, pero su mensaje es muy bueno. Buen blog.

  3. Rossana Fuentes Berain Says:

    Mauricio bienvenido a la blogosphera, tu proyecto abre un espacio interesante de reflexión.
    Oro Gris, el libro que escribí se llama justamente así con un doble juego de palabras el color del cemento implicito en la trama que se relaciona con CEMEX y porque el capitalismo no es ni balnco ni negro tiene tonalidades grises.
    En cuanto al melodrama, genero base de la telenovela y de los grandes exitos cinematográficos de Pedro Infante cómo Nosotros los Pobres Ustedes los Ricos, sería deseable pasar a otro registrom ¿comedia, pieza, suspenso?…. habría que estudiar los beneficios de la narrativa implícitos en cada uno. me dicen que en lugar de MBAs los despachos como Mackinsey y BCG cada dia contratan más a cineastas o graduados de disciplinas que puedan “contar historias”
    ¿quien le entra?

  4. Dulce Colín Says:

    Si bien las posturas radicales derecha-izquierda, neoliberal-socialista son resultado de un cierto tipo de montaje circense que los políticos y los medios de comunicación gustan de vender (al final todo es resultado de una negociación que involucra los mismos intereses), es también cierto que no asumirse como parte de una corriente puede generar desconcierto y desconfianza. Si los empresarios sienten que Calderón les ha dado la espalda, el costo de los trapitos y las facturas puede ser muy alto.

    Los discursos oficiales tienden a ser menospreciados debido a la retórica y la cursilería con que son escritos, como bien apuntas. El de Calderón lo siento muy light (creo que el descontento de los empresarios se debe más a que sus egos son frágiles), pero quién olvida la tragicómica promesa vigorosa de JOLOPO de defender el peso cual doberman entrenado a matar, o la teoría de conspiración a la Oliver Stone de que Salinas decidió mandar matar a Colosio después de su discurso en el monumento a la Revolución? Las palabras son poderosas, siempre.

  5. Ileana Says:

    Feliciades Mauricio! estoy muy orgullosa de ti, espero que te vaya muy bien con este nuevo proyecto.

  6. Mauricio Gónzalez Lara Says:

    Ok. contesto en orden:
    a) Dafne, tus comentarios son muy acertados. E inteligentes. Gracias y sigue participando.
    b) Mario, sí, o sea, sí fue reportado por los medios, pero no como debiera. Me alegra que hayas visto el discurso aquí por primera vez. Espero que sigas el blog y sigas participando.
    c) Rossana, debo decirlo, es la directora de opinión de El Universal. Yo me apunto: te mando mi currículum. A ver si me contratan las oficinas que me dices. ¡Dios sabe que sé contar una historia! Ja ja. No, en serio, gracias por tu apoyo constante, con esto y el libro.
    d)Dulce. Muy interesantes tus comentarios. Estoy de acuerdo y espero verte seguido por acá,
    e)Ileana, gracias por tus comentarios. En serio, gracias.

  7. Iván Camargo Says:

    Mi querido Mau, me siento de verdad conmovido con el arranque de tu proyecto.
    Como te podrás imaginar la primera nota que leí fue la de Calderón -por supuesto por la cuna polaca que nos acogió a ambos al inicio- y de verdad te felicito.
    Un abrazo

Leave a Reply